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Haro finalizando el siglo de sus luces (III)

Ya en 1867, el Ayuntamiento quiso iniciar la construcción de los Jardines de la Florida, hoy de la Vega, pero una instancia de numerosos vecinos detuvo el proyecto
Jardines de la Florida, hoy de la Vega. Foto cedida por Benigno Ganzarain Otegui.

Sería precisamente a finales de 1864, cuando se contabilizaría el primer ejercicio completo de la línea Tudela-Bilbao, y en lo concerniente al movimiento de mercancías en la estación de Haro se saldaba con 7.952,3 toneladas recibidas y 15.619,5 expedidas, 4,19% y 8,22% respectivamente del movimiento total de la línea.

Para aumentar el volumen de mercancías, la administración de la línea ferroviaria hubo de luchar con denuedo para fomentar nuevas industrias, enseñar a los productores agrícolas de la Rioja la manera de entablar sus relaciones con los centros de consumo, establecer combinaciones para dar salida a la producción agrícola sin recurrir a intermediarios, siempre costosos, y favorecer, por medio de tarifas especiales, toda clase de importaciones y exportaciones dirigidas a explotar las riquezas en aquella época muertas, por desconocidas, o relegadas en comarcas de difícil acceso. Ya que en la Rioja no existía un verdadero tráfico, pues sus productos eran poco conocidos y sus exportaciones, especialmente la de vinos, que formaban su principal riqueza, deberían aumentar cuando los productores y cosecheros, conociendo bien sus intereses, mejorasen el cultivo y la elaboración y se pusiesen en contacto con los mercados europeos y de ultramar.

Además, en estas fechas, había de añadirse la ausencia de los viticultores franceses, que, liberados sus viñedos del oídium, habían recuperado sus cosechas, por lo que las exportaciones de vino habían decrecido considerablemente.

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La filoxera en Burdeos

Pero tan desesperanzador e incierto futuro no duraría mucho, ya que no había transcurrido una década desde la marcha de los vinateros del Languedoc, cuando, en 1867, una larga nómina de bodegueros de Burdeos, se verían en la necesidad de acercarse a Rioja para comprar grandes cantidades de vino, al ser invadidos los viñedos de la Gironde por la filoxera.

Y, como sus compatriotas, comenzaron adquiriendo vinos de alta graduación de la Rioja Baja, para, una vez comprobada la calidad de los riojalteños inclinarse decididamente por ellos. Demanda que aumentaría espectacularmente las exportaciones, que se verían favorecidas por el tratado franco-español que, durante 1882 a 1892, minoraría las tasas aduaneras. Muchos de los comerciantes bordeleses, convencidos de que el vino de la comarca harense podía superar en calidad a sus grandes reservas, adquirieron terrenos en la villa, siendo su lugar predilecto, por la mayor facilidad para dar salida a sus productos, los alrededores de la estación del ferrocarril, Barrio donde se levantarían las grandes y famosas bodegas que determinarían que Haro fuese reconocido como CUNA DEL RIOJA.

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Estos nuevos harenses, como Blondeau, Savignon, Dupeyron, Vigier, Lepine, Denis, Serres, Boisot, Lavatout, Heff, Catalina de Vandeben y Delouvin, entre otros, aportarían, además de nuevas ideas progresistas, sus más avanzadas técnicas de elaboración y comercialización, como en su día demandara la Compañía del ferrocarril, siendo en esta época, en la que en la villa entraban mensualmente cantidades que se acercaban a los 10 millones de pesetas, que beneficiaban a los bodegueros y viticultores, cuando realmente comenzaría a realizarse la profunda transformación comercial y urbanística de la población, pese a que la Corporación no gozaba de buena salud económica.

Construcción de los Jardines de la Florida

Ya en 1867, el Ayuntamiento quiso iniciar la construcción de los Jardines de la Florida, hoy de la Vega, pero una instancia de numerosos vecinos detuvo el proyecto. A pesar de ello, el Consistorio no cejaría en su idea y en 1869, con la disculpa del pago de cien carabinas adquiridas en Eibar y la vestimenta para el Batallón de Voluntarios de la Libertad, el Alcalde, Leandro Ardanza, solicitaría autorización al Gobernador de la Provincia, para cortar y subastar la madera de los árboles situados frente al Espolón de la Vega. Permiso que sería concedido el día 29 de mayo, finalizándose la tala el 16 de junio. Al resultar baldía su subasta, la madera sería utilizada, por Hilario Martínez, en las obras realizadas en las escuelas, denominadas viejas, ubicadas en la hoy calle Siervas de Jesús.

Limpio el terreno, el día 10 de agosto, se acordaría que el Maestro de Obras Juan García Ros confeccionase un plano para construir un Paseo de invierno, que en un principio así sería denominado, en la antigua arboleda, decidiendo levantar un muro en la parte Norte, calle Tenerías, para nivelar el terreno, y un murete al Sur, calle de la Vega, que evitase la entrada de las aguas pluviales, obras que realizaría el cantero Cosme Larrea. Asimismo, se construiría una escalera y una puerta de acceso a los jardines, que realizaría Víctor Gutiérrez, siendo obra de Manuel Serrano Pérez, el pequeño pabellón que se colocaría en el centro de los jardines.

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