Haro ha celebrado este viernes los actos con motivo de la festividad de San Isidro Labrador en una jornada pasada por agua y con un ambiente más propio del invierno que de mediados de mayo.
Los actos arrancaron en la basílica de la Vega con una misa oficiada por el párroco Javier Osés y continuaron, bajo la lluvia, con la tradicional procesión y la bendición de los campos en los alrededores del templo.
La celebración continuó después con la comida de hermandad celebrada en el Restaurante Terete, escenario también de la entrega del Premio San Isidro, concedido este año por el Consejo Sectorial Agrario a Francisco Javier Madrigal Estebas, que lleva toda la vida dedicado al campo desde que comenzó de muy joven con su padre. La alcaldesa Guadalupe Fernández fue la encargada de entregarle el Jarro de la Ciudad de Haro.
Durante su intervención, Madrigal reconoció que le resulta “más fácil sacar adelante cualquier cultivo que tener que decir unas palabras aquí” y agradeció el reconocimiento recibido. “Recibir el jarro de la ciudad es un honor que me emociona y que agradezco de corazón”, señaló ante autoridades, familiares, amigos y vecinos.
Aunque natural de Zarratón, Madrigal recordó que lleva 33 años viviendo en Haro y que se siente “en gran parte por su gente, un jarrero más”. Además, destacó la vinculación agrícola y vitivinícola de la ciudad. “Haro es una ciudad con una profunda dedicación agrícola y vitivinícola y formar parte de esta historia es motivo de enorme orgullo”, afirmó.
El premiado también quiso compartir el reconocimiento con todas las personas vinculadas al campo. “Siento que este jarro no me pertenece sólo a mí, pertenece a todas las personas que por su esfuerzo diario trabajan la tierra, mantienen viva una forma de vida y que es parte esencial de nuestra identidad”, expresó.

“Cada cosecha es el fruto de muchas horas de dicación, sacrificio y amor por la tierra”
Madrigal puso también en valor los aprendizajes que le ha dejado el trabajo agrícola. “La agricultura me ha enseñado valores que considero fundamentales. El esfuerzo constante, la paciencia, el respeto por la naturaleza y la capacidad en que el trabajo bien siempre acaba dando sus frutos”, destacó. En este sentido, recordó que “cada cosecha es el resultado de muchas horas de dedicación, de sacrificio y amor por la tierra”.
Durante su discurso tuvo palabras de agradecimiento para su familia y para el propio sector agrario. “Quiero agradecer en primer lugar a Adriana y a mi familia que ha estado siempre a mi lado. Su apoyo, comprensión y cariño han sido imprescindibles”, destacó.
Asimismo, dio las gracias al Consejo Sectorial Agrario “por este reconocimiento” y a “los compañeros del sector” con quienes comparte “el compromiso de cuidar nuestros campos y contribuir al desarrollo de esta tierra que es La Rioja”.
El premiado cerró su intervención reivindicando el futuro del campo y el relevo generacional. “Es mi deseo que nuevas generaciones sigan mirando al campo con respeto y con esperanza porque en la agricultura no sólo hay trabajo, hay cultura, raíces y futuro”, señaló.






