Aprovechando el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y los recientes 50 años de la muerte del dictador, no sólo deberíamos conmemorar los derechos conseguidos, sino también contrastar épocas. Y es que comparar la situación de la mujer actual en España con lo que vivieron nuestras abuelas y bisabuelas hace ya más de 50 años, no es un ejercicio de nostalgia, sino de memoria histórica y de responsabilidad democrática.
El franquismo, comprendido entre 1939 y 1975, fue la época en la que a mujer fue relegada socialmente a un papel secundario, siendo esposa sumisa y madre abnegada como norma general y normalizada, además.
La educación, promovida por la Sección Femenina, desarrollaba un patrón enfocado al hogar y al cuidado. En el ámbito interno del hogar las mujeres estaban supeditadas a su esposo y necesitaban el permiso de los mismos para abrir una cuenta bancaria o para firmar un contrato. Cuando de lo sentimental se hablaba, el adulterio femenino estaba tipificado como delito, mientras que el masculino era una simple falta moral, y por supuesto, el divorcio estaba prohibido. Y el cuidado de los menores siempre a cargo de la madre, pero la patria de potestad recaía íntegramente en el padre. Se podría definir como una estructura legal que convertía la desigualdad en norma suprema.
Actualmente, el plano jurídico ha avanzado de manera notoria. A través de nuestra norma suprema, la Constitución de 1978, se consagra de igualdad ante la ley. Hoy las mujeres acceden a estudios superiores, buscan trabajo (donde quieran), lideran empresas, investigan, gobiernan y participan en todos los ámbitos profesionales posibles.
“Esta igualdad legal no equivale a una igualdad real”
Normativamente, España cuenta con una ley de igualdad, una ley contra la violencia de género y con planes y medidas para la conciliación. Sin embargo, esta igualdad legal no equivale a una igualdad real. Todavía siguen persistiendo la brecha salarial, el techo de cristal o la desigual distribución de los cuidados. También la violencia machista sigue siendo una brecha abierta en la sociedad del siglo XXI.
Echando la vista atrás vemos una diferencia clara, y es que ahora estos problemas se debaten en público cuando antes eran silenciados.
Con el 8 de marzo no queremos manifestarnos contra nadie, simplemente queremos reivindicar derechos que costaron mucho esfuerzo y sacrificio conseguir. Y es nuestro deber y me atrevería a decir que nuestra obligación, seguir ya que no debemos olvidar nunca que lo conseguido no es irreversible.
Con esta breve comparativa no he pretendido abrir viejas heridas, únicamente recordar de donde venimos para saber hacia donde queremos ir. Ahora más que nunca, cuando partidos que alardean de la apología franquista están llamando a las puertas de las instituciones.
Como diría María de la O Lejarraga, “el feminismo no es una guerra contra el hombre, sino una lucha contra la injusticia”.
Naiara Hernáez es la portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Haro y secretaria de Igualdad en el PSOE de La Rioja





