En las últimas semanas, hemos oído y leído mucho sobre la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI). Una subida del 8 por ciento para 2017. A simple vista, parece una buena noticia que mejorará la calidad del mercado laboral.

No obstante, como en todas las cosas, no podemos quedarnos con el titular, sino que debemos enfatizar en el análisis.

¿Cuál es la función del SMI?

Con él, el Estado trata de garantizar unos ingresos mínimos para los asalariados.
Pero… ¿Cuál es la función entonces de los Convenios Colectivos? La misma. Los convenios colectivos tienen exactamente esa misma función, a pesar de que sean desarrollados por diferentes métodos y agentes, y tengan diferencias en función del sector del que hablemos. Estamos, por tanto, hablando de una doble legislación con un mismo propósito.

A pesar de que pueda dar lugar a engaño, la subida del SMI no nos afecta a todos, más bien a muy pocos.

cuadroEn el gráfico de arriba, observamos la ganancia media anual por trabajador (Año 2014). Además de las diferencias evidentes entre las retribuciones en función del sexo, análisis que no ocupa lugar en este artículo pero que merece la pena mencionar, si calculamos la media mensual incluyendo 14 meses, resultan 1.632 € mensuales. Muy por encima del SMI.

Teniendo ya clara la forma en que afectará esta medida a los asalariados, analicemos las consecuencias para la otra parte; las empresas. Pretender subir los salarios mediante la decisión espontánea del político de turno, no es otra cosa sino un craso error. ¿Por qué? Por un lado, como ya hemos visto, las empresas que pueden pagar mayores salarios, o bien se ven obligadas por los Convenios Colectivos, ya lo hacen.

En economía, muchas de las medidas que se adoptan en pro de alcanzar unos determinados objetivos, terminan consiguiendo el efecto contrario

Por otro lado, si una determinada empresa no puede pagar salarios más elevados al SMI y le obligan a hacerlo, tomará uno de estos dos caminos: no hacer nuevas contrataciones o ejecutar despidos y firmar contratos a jornadas parciales. Cualesquiera de estas dos opciones pueden considerarse como métodos de reestructuración laboral.

Si opta por la primera, estaremos profundizando en la lacra del desempleo. Si por el contrario elige la segunda, en lo que profundizaremos será en el empeoramiento de la ya cuestionada calidad del mercado laboral. La segunda incluso, podría suponer un decremento salarial.

En economía, muchas de las medidas que se adoptan en pro de alcanzar unos determinados objetivos, terminan consiguiendo el efecto contrario. Es lo que ocurre, por ejemplo, en lo que los economistas denominan ‘desahorro’. Otro ejemplo es pretender recaudar más subiendo impuestos, con lo que el poder adquisitivo del consumidor disminuye y termina consumiendo menos, y por ende pagando menos impuestos.

Multitud de ejemplos válidos, para demostrar que, como ocurre con la subida del SMI, pretendiendo alcanzar una determinada meta, conseguimos todo lo contrario. En definitiva, la subida del SMI no hará que los salarios crezcan.

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