Esclavos de las eléctricas

La que parecía que iba a ser una jornada complicada, en cuanto a meteorología se refiere, sin duda que lo fue para muchos. Incluso más de lo esperado. Temporal de nieve y viento, carreteras cortadas, calles intransitables, coches atascados, torres de tendido eléctrico volcadas por las fuertes rachas de viento…

Llego por la mañana a la oficina. No hay luz, nada funciona. Después de un rato organizando y archivando algún que otro documento, ya no puedo seguir porque el trabajo por hacer está en el ordenador, pero claro, no hay suministro eléctrico. Me marcho a casa a la espera de que se restablezca el servicio para volver al trabajo. En cuestión de poco más de dos horas he podido comprobar hasta qué punto estamos vendidos a las compañías eléctricas.

Nada más entrar en casa he ido directa a encender la calefacción. Olvidé que no hay luz. Necesito un café para entrar en calor (cafetera eléctrica). No importa: soluble de tarro (microondas). Pues vale, como toda la vida: caliento el agua en un cazo… ¿en la vitrocerámica? Bueno, en casa siempre hay algo que hacer, y me pongo a ello. Eso sí, envuelta en bata y bufanda porque cualquier fuente de calor disponible (en mi caso) depende de un enchufe.

Después llega el momento de hacer la comida, ¿pero cómo?. No puedo usar el microondas ni tampoco la vitrocerámica. Pero tampoco es un gran problema, por ahora, ya que siempre hay algo en frío que se puede picar.

Y el suministro eléctrico sigue cortado. Ahora un rato de relax, sofá y manta, sobre todo manta, y me pondré al día en las redes sociales. Pero te sigues dando cuenta de que la electricidad es tan necesaria… El ‘wifi’ no funciona y tampoco puedes poner a cargar el móvil si estás justito de batería. Y por supuesto nada de televisión o radio enganchada a la red. Así todo el día: ‘Uy, esto no funciona, esto tampoco y esto menos ¿Y ahora qué?’

No sé vosotros cómo os sentís cuando os ocurre algo así, pero yo me siento casi paralizada, sin saber cómo actuar, sin un plan alternativo a esta carencia. Y lo peor es que en la mayoría de los casos no hay un plan B. Ésa es mi mayor preocupación, la excesiva dependencia de la electricidad.

Pero todo esto, al fin y al cabo, son males menores de un día sola en casa. Imaginaros una familia: los niños, la comida, la lavadora, la ducha… O una gran empresa, hospitales, aeropuertos, organismos… Imaginaros un gran ‘apagón’. Es por eso que estamos atados de pies y manos ante las abusivas subidas en las tarifas eléctricas, porque los de siempre tienen nuestro permiso para hacer y deshacer a su antojo sin importarles para nada que la electricidad sea imprescindible para vivir, para trabajar, y les importa mucho menos que una gran mayoría de ciudadanos no tengan medios para poder hacer frente a dichos abusos. ¿Somos conscientes de que el oligopolio de las eléctricas es un auténtico cáncer para este país?

Y sí, es cierto que cada día se da más importancia a las energías alternativas, pero creo que no la suficiente, o al menos no lo suficientemente rápido. Queda mucho por andar y mientras tanto seguimos pagando electricidad a precio de oro.