Los Jardines de la Vega se llenaron de reliquias

Haro acogió una nueva edición de la Feria de Antigüedades, organizada por la Asociación de Anticuarios de La Rioja y el Norte de España con una veintena de puestos

Los Jardines de la Vega fueron escenario este domingo de una nueva edición de la Feria de Antigüedades, organizada por la Asociación de Anticuarios de La Rioja y el Norte de España.

Bastaba con pegarse un garbeo ayer por La Florida, después de superar la amenaza de vientos y lluvias, para toparse con una muchedumbre que recorría, desde primeras horas de la mañana y hasta últimas de la tarde, por la veintena de puestos que se afincaron sobre el solado del lugar para mostrar al personal todo el material, en muchos casos descatalogado, que convierte a ésta en una convocatoria única. Porque hubo un tiempo en que las cosas no fueron como lo son hoy, de un día para otro, ni se vendían a través de las dichosas mil y una aplicaciones o por redes sociales que nos convierten en consumidores de pantalla de plasma.

Una animada feria

Años atrás (muchos años atrás) la sustancia de las comida se azotaba y reducía en almireces de bronce, y las planchas que alisaban telas y vestimentas, se construían con piezas metálicas de enorme peso pero huecas para poder acoger el chorro de agua caliente que remataba el paso; los candelabros pesaban un quintal y servían de base a velas de cera que se consumían, generosas, transformando su estructura en chorro de luz; nadie se preocupaba del plástico que apenas se dejaba ver porque bebidas y licores se servían en botellas de vidrio que se devolvían al mercader para recuperar la fianza depositada en la compra…

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… La música se extraía de un vinilo que horadaba la punta de una aguja lectora de rastreo sutil; había quienes incorporaban a su garaje toda la oferta automovilística porque la que no era accesible por cuestión de desembolso económico se conseguía a escala y por colección; y los juguetes, sobre todo muñecas, empezaban a convertirse en plaga porque se fabricaban en molde y con materiales dúctiles y de bajo coste, aunque a las costureras les quedase por delante la peor de las labores de producción, tirando de aguja para rematar los vestidos, adaptados a las preferencias de la época en cuestión.

De todo eso, y de muchísimo más, iba la historia que concentró ayer a numerosos curiosos en una de las convocatorias más animadas de los últimos años. Habrá que repetir.

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