Bodegas Santalba: Innovación y tradición a partes iguales y con la mirada puesta en Haro

La bodega mira al futuro con la puesta en marcha de un nuevo proyecto enoturístico en la céntrica calle de las Cuevas de Haro
En la imagen, Roberto Ijalba y entrada a la bodega en Gimileo | Fotos: Josu Bilbao Fullaondo

Bodegas Santalba, en Gimileo, fue fundada en 1998 Santiago Ijalba. La relación de este hombre con el mundo del vino nació en el ámbito familiar.

De padre capataz de viñedo en Bodegas Bilbaínas, el hijo se incorporó a la actividad vitivinícola en 1964. Con 16 años cumplidos comenzó a trabajar para la bodega de Ramón Bilbao. Una relación laboral de tres décadas en la que a la vez de consolidarse profesionalmente, como buen “jarrero”, crecía dentro de sí la idea de montar un proyecto bodeguero propio.

Una bodega familiar

Llegaron los años noventa del siglo pasado y el proyecto de bodega propia comenzó su andadura. La idea inicial era instalarse en Haro, pero la opción real era instalarse en un polígono industrial. Era una posibilidad que no encajaba con su idea de ver su bodega rodeada por un viñedo, y su deseo se vio culminado en Gimileo.

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Viñedo tempranillo en Gimileo | Foto: Josu Bilbao Fullaondo

Ahora después de algo más de veinte años, sus modernas y bien dispuestas instalaciones elaboran vinos de incuestionable calidad y en los casos de Santalba Natural o Santalba Amaro, absolutamente innovadores.

Junto al fundador, están al frente de la bodega, cuyos pasillos están decorados por acertadas pinturas de Adelina, madre de la familia, sus hijos Laura y Roberto. Ella es la más joven del equipo. Estudió Dirección y Administración de Empresas para incorporarse en la empresa hacia el 2009. Además de la administración, Laura se encarga de las actividades enoturísticas y conduce las visitas a bodega. Su hermano se formó como enólogo en Madrid y posteriormente completó sus estudios en EEUU. Desde 1999, se ocupa de los temas de producción e innovación y se encarga de la comercialización de sus vinos en distintos países de Europa, Asia y América.

Además del viñedo ecológico propio, Bodegas Santalba recurre a proveedores habituales cuyas parcelas se guían por un plan de viticultura preestablecido, supervisado y analizado desde la bodega. En total son unas 70 hectáreas las que se vendimian. Son viñedos que se encuentran en distintas localidades de La Rioja Alta (ver referencia cartográfica más abajo).

Proyecto permanente de I+D+i

En lo referente a las uvas tintas predomina el Tempranillo, aunque también trabajan otras variedades como el Mazuelo, Garnacha o Graciano. Por lo que respecta a la uva blanca destaca la Viura y muy por debajo la Malvasía. Tal y como indica Roberto Ijalba durante la visita a la bodega, mantienen un proyecto permanente de I+D+i en aras de “conseguir para sus uvas el mayor grado de antioxidantes (resveratrol) posibles”. Para ello emplean técnicas naturales y ecológicas de viticultura. Aquí se encuentra el origen de su Santalba Natural.

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Depósitos de acero de Bodegas Santalba | Foto: Josu Bilbao Fullaondo

Sus modernos depósitos de acero inoxidable y su sala de fermentación maloláctica permiten la elaboración de diferentes categorías de vino que acaban, en la mayor parte de los casos, madurando en un parque de barricas cercano al millar de unidades, donde se alterna el roble francés, el europeo y el americano. Es de donde salen finalmente unas 400.000 botellas de vino al año, con la denominación DOCa Rioja.

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Labores en bodega | Foto: Josu Bilbao Fullaondo

El futuro de la bodega estará en Haro

Dentro del futuro de la bodega, además de mantener y mejorar la calidad de sus vinos, se encuentra la puesta en marcha de un nuevo proyecto de bodega en la céntrica calle de las Cuevas de Haro. Se trata de la antigua bodega donde Santiago Ijalba inició su andadura en el mundo del vino. Aquella que fue de Ramón Bilbao y hoy en día es de su propiedad. En ella, y en sus diferentes galerías subterráneas, junto a otros dos edificios colindantes, pretende establecer un complejo enoturístico y también “criar” su vino de gama más alta.

Con ello parece querer construir un círculo en su periplo profesional. Volver a su Haro natal. Recuperar los antiguos ‘calados’. Conservar las ancestrales huellas del vino en la ciudad jarrera. También recordar a lugareños y visitantes cómo y de qué manera, desde siglos atrás, se viene haciendo vino en esta localidad “rioja alteña”.

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Parque de barricas | Foto: Josu Bilbao Fullaondo

Los vinos de Santalba

Los vinos elaborados en Santalba se comercializan con tres marcas principales: Abando, Ermita y principalmente la gama Viña Hermosa. Su elaboración pasa por blancos, rosados, tintos de maceración carbónica, tintos convencionales criados en bordelesa y distintas selecciones con talante innovador.

La mayor distribución corresponde a Santalba Viña Hermosa Crianza. Sus uvas 100 % tempranillo se recogen manualmente de viñedos conducidos en espaldera y en vaso. Se maceran durante dos días para mejor extraer las esencias de las bayas despalilladas para después pasar a fermentar de manera controlada. Seguido llega su estancia en barrica, de roble americano con tostado medio, durante 15 meses.

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Foto: Josu Bilbao Fullaondo

Una vez embotellado se consigue un vino de 13,5 % de alcohol. De color granate intenso que puesto en copa muestra una corona de tonos teja para contarnos que ha pasado cierto tiempo entre duelas. Todavía guarda parte de sus aromas primarios, aquellos que llegan de la fruta, e incluye volátiles especiados muy sutiles provenientes del roble. Puesto en boca resulta un vino alegre, sin aristas maliciosas y una buena conjugación de fruta y madera.

Por otra parte, producen algunos vinos especiales, de tirada limitada y en su caso numerada, que son referencia del permanente trabajo de innovación e investigación de la bodega. Entre ellos encontramos:

Santalba Natural 2018

En su etiqueta, de un sencillo papel de estraza que sugiere una elaboración artesanal, con lógica y clara intención comercial, se pueden ver dos logotipos. Uno de ellos certifica que las uvas utilizadas en su elaboración provienen de una agricultura ecológica. El otro corresponde a la ‘European Vegetarian Union’ que le concede el ‘label’ de calidad vegetariana.

Se hace con la variedad de uva Tempranillo, recogida manualmente en viñedos de Gimileo conducidos en espaldera. Es un vino donde la intervención en bodega es la “imprescindible”. Se despalillan los granos y sin maceración alguna se procede a que la fruta se exprese por si misma en una fermentación espontánea controlada en sus variaciones de temperatura.

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Foto: Josu Bilbao Fullaondo

De este proceso, al que no se le añaden sulfitos, nace un vino con una graduación de 14,5 % de alcohol. De color cardenalicio, morado con irisaciones violetas. Al agitarlo suavemente en la copa nos ofrece una poderosa lágrima de glicerina y desprende volátiles evidentes de frutos rojos, caramelos de violeta y hierbas aromáticas silvestres. En boca tiene la impetuosidad de un vino joven, muestra sin reparo su sabrosa fruta, una acidez atemperada y delicados taninos.

Nabot Cosecha 2008

Nabot es otro de los vinos de edición limitada (no alcanza las 4.000 botellas), en su caso también numerada. Su nombre es homenaje al personaje bíblico del mismo nombre. La historia se remonta al siglo IX antes de Cristo y se recoge en el Libro de los Reyes. Nabot era dueño de un viñedo del que se encaprichó el rey de Samaria. Rechazó todas las ofertas que el monarca le realizó. Herido su orgullo su esposa buscó dos falsos testigos que acusaran al “vigneron” de maldecir al rey y a Dios. Declarado culpable fue lapidado y el rey pudo hacerse con su viña.

Este vino con ‘leyenda’ se elabora a partir de un 80 % de Tempranillo y un 20 % de otras variedades. La vendimia es manual, en cajas de 12 kilos. Provienen de un viñedo sostenible al que calculan 100 años de vida. Cepas conducidas en vaso en territorio de Gimileo. Despalillados los racimos y las uvas se someten a una maceración prefermentativa durante 4 días en los que efectúan suaves remontados a diario. La fermentación alcohólica llega espontanea sin añadido de levaduras externas. La maloláctica se efectúa en barrica y la crianza se alargará durante 17 meses en roble americano, francés y del este de Europa de tostado intenso.

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Foto: Josu Bilbao Fullaondo

Después de su refinamiento en botella, este ‘vino de autor’, sin filtrar, se presenta con 14,5 % de grado de alcohol. De color granate muy intenso, casi negro, en el oscilar de la copa provoca lágrimas de glicerina muy densas. Su aroma es muy complejo. Una combinación de frutas rojas muy maduras que se entremezclan con volátiles de tabaco, de cacao, de caramelo café y leche o de regaliz. Llegado a boca la envuelve aterciopelado, corpulento, en una combinación de matices de frutas maduras y especias. Su untuosidad hace que sus sabores perduren en el paladar.

Santalba Amaro 2015

Este vino es otra edición limitada. Su elaboración se lleva acabo al estilo ‘Amarone’, una forma de hacer en ‘Valpolicella’, zona vitivinícola de Verona (Italia). Habitualmente son vendimias tempranas. El método consiste en secar los racimos durante unos dos meses sobre bandejas de paja. Se deshidratan y concentran azúcares. A partir de ese momento comienza su proceso de transformación en vino.

En este caso, nuestro vino es único en la DOC Rioja. Provienen de viñedos con más de 100 años, conducidos en vaso, de agricultura ecológica y vendimia manual, en cajas de 12 kilos. Un tinto seleccionado, de uvas Tempranillo en un 80 % y un 20 % de otras variedades sin explicitar. Los racimos no se despalillan, tampoco se estrujan las uvas, bastante con el secado. La primera fermentación se alcanza de manera espontánea, la segunda, maloláctica, en barrica. Posteriormente se cría durante 15 meses en roble francés antes de embotellarse.

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Foto: Josu Bilbao Fullaondo

Una vez terminada la elaboración este vino, con excelentes condiciones de guarda, alcanza una graduación de 15,5 % de grado de alcohol. Al servirse en copa adelanta en su caída una sugerente untuosidad. De capa intensa, de color granate oscuro y tonos tostados. Muestra aromas de frutos secos, canela, recuerdos de regaliz y chocolate. Cuando llega a la boca resulta muy envolvente debido a su amplia untuosidad. Con un ligero punto de acidez, está absolutamente equilibrado con respecto a otros sabores como ciruelas, higos secos o frutas negras silvestres con matices agridulces. Un vino difícil de olvidar, como la visita a Santalba en Gimileo.

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