“¡San Porronchín por la Herradura baja! ¡San Porronchín en la plaza San Martín!” Una concurrida plaza San Martín disfrutó por segundo año consecutivo de la bajada del simpático porrón de corchopan con luces. Una fiesta, que nació de manera espontánea una tarde de vinos entre vecinos del barrio, y que busca convertirse con el tiempo en un acto tradicional del verano jarrero. Anoche cumplió su segunda edición y sus organizadores quieren mejorar el evento “cada año”.
Antes de la bajada en sí, uno de sus impulsores, Ramón Álvarez, fue el encargado de presentar el acto y de dar las gracias a establecimientos colaboradores y al Ayuntamiento de Haro por apoyar un festejo que animó de lo lindo el casco antiguo. Por la mañana se añadieron al programa hinchables para los más pequeños de la casa.
Y con puntualidad inglesa, y al ritmo de su canción y de los acordes de las charangas, San Porronchín comenzó a bajar desde San Martín 2 hasta San Martín 3 por la cuerda de escalada instalada para tal fin. Una festiva operación que no duró más de tres minutos y que fue jaleada por el público que se agolpó en la plaza.
El arte de beber en porrón corriendo
Tras la bajada, se celebraron, en varias tandas, unas carreras bebiendo en porrón alrededor de la plaza. Como no podía ser de otro modo, los más rápidos de la noche acabaron como un cristo, impregnados de ese aroma propio de la Batalla del Vino, pero su esfuerzo fue recompensado con obsequios en forma de menús, vino y degustaciones aportadas por los establecimientos colaboradores.
Como fin de fiesta, San Porronchín fue paseado, a ritmo de charanga, por la Herradura como si del entierro de la cuba se tratara. “The show must go on”.

















