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Conocimiento del medio: el eremitorio de Riarán

Nuestro eremitorio se sitúa en una viña a los pies del antiguo trazado de N-124 dando su cara al Norte, sobre un terreno al que se accede desde el puente de Briñas
Eremitorio de Riarán | Foto: Carlos Mena

Esta curiosa edificación se asienta en el término de Riarán. Hay que comentar que estas estructuras las encontramos por todos los montes Obarenes y la sierra de Toloño. Además también podemos verlos en Castilseco, Sajarra, Cihuri, Casalarreina, Briñas, Briones y San Asensio, localidades no tan cercanas a los Obarenes o Toloño, Rivas de Tereso con sus bien conservados en Gobate, San Vicente, Ábalos… hasta el final de las estribaciones de la sierra de Toloño, incluso en su vertiente Norte.

Nuestro eremitorio se sitúa en una viña a los pies del antiguo trazado de N-124 dando su cara al Norte, sobre un terreno al que se accede desde el puente de Briñas. Cruzando éste dejamos el camino de Zaco a Briñas, yendo a través de viñas hacia Mendigorna paralelos al actual trazado de la N-124. Es una cueva excavada en un ribazo y reforzada con diversos muros de contención o terrazas presentando doble entrada. Una hace función de puerta de un metro de anchura y un óculo o ventana redondeada de 85 centímetros agrandado de forma poco cuidada. La altura interior es de unos 1,75 metros con una profundidad de 1,85 y mostrando una anchura 3,10 metros. Con un banco corrido de 45 centímetros de altura y 40 de anchura.

Asimismo, existe una alacena, como varios grafitos de cruces y su techo se encuentra ennegrecido. Además existe un corre aguas que circunvala la puerta.

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Estas estructuras han sobrevivido, tras su abandono como lugares de culto, dentro de la arquitectura civil como lugares de refugio o vigilancia, retomando en muchos casos su antigua utilidad dentro de la cultura vitivinícola, siendo completado estos conjuntos con las construcciones de lagares de campo y trujales, que han llegado a ser, en gran medida, los predecesores de los guardaviñas característicos de la Sonsierra o el de Perdigón. No hace mucho tiempo existía un segundo eremitorio en la misma zona, hoy desaparecido por la construcción de la N124, que se denominaba con el nombre del camino que lo atravesaba, la senda del Salto del fraile.

¿Qué es un eremitorio y cómo eran las personas que los habitaban?

En la zona del desierto egipcio y a partir del siglo III, los cristianos comenzaron a buscar una nueva forma de comunión con Cristo, así que literalmente se fueron a vivir al desierto. El eremita vivía en soledad, en la búsqueda de la unión con Dios. Eremita proviene de eremitae: “En el desierto”. Desde esta localización, este estilo de vida, iría extendiéndose progresivamente a través del Imperio Romano llegando a nuestras latitudes. El eremita vivirá en soledad o en grupos muy dispersos sin contactos, no conociendo la vida en común o ciertos dogmas y reglas básicas del clero. Las características de estos lugares serán, tal como describe la literatura, “la soledad, proximidad al agua, la posibilidad de supervivencia con cultivos, clima, caza, etcétera… roquedos adecuados para las labras de los eremitorios con vertientes soleadas.

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Eremitorio de Riarán | Foto: Carlos Mena

A día de hoy algunos historiadores discrepan sobre si el eremitorio fue primero una estructura civil usada con propósitos no religiosos que posteriormente los eremitas aprovecharían para su retiro, o bien son estructuras realizadas ad hoc y luego reutilizadas para las labores agrícolas.

A lo largo de los siglos estas estructuras serían utilizadas y abandonadas debido a razones de diversa índole, como guerras o invasiones. Por último, en esta temprana fase del cristianismo la creación de cenobios dentro de los grupos de anacoretas, también determinaría el abandono de las formas eremíticas más puras.

El anacoreta, “el que vive fuera”, reconoce cierta comunidad dentro la vida diaria, tales como la comunión, aprendizaje y disciplina; admiten y son más aceptados por las autoridades eclesiásticas, como en los casos de San felices y San Millán, debido a que estaban más integrados en la vida eclesiástica, al haber reconocido su autoridad dogmática y organizativa.

Estas comunidades derivarán en cenobios, conjuntos de anacoretas que comparten una comunidad en ciertos momentos de la vida diaria (comida, rezos, trabajos) mientras que los eremitas se consideraban espíritus libres en la comunión con Dios, pese a que aceptasen ciertos actos en común como podía ser la eucaristía.

El Clero tiende a observar ciertos aspectos heréticos en este desapego del eremita “más puro”, mientras los cenobios darían lugar a movimientos monásticos y conventuales posteriores. El movimiento eremita irá surgiendo y desapareciendo, a lo largo del tiempo, debido a las diferentes crisis, pero persistiendo hasta hoy en día. Debiéndose constatar, asimismo, que esta forma de vida no es exclusiva del cristianismo, sino también de otras religiones y credos.

Brevemente este puede ser el resumen de las personas que construyeron y habitaron los eremitorios, esos espacios de alojamiento permanente o temporal, para el retiro en soledad que perseguían unos ideales de orden espiritual.

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