Dicen que lo peor de las primeras impresiones es que tienen que salir bien a la primera, por eso, la apertura de esta nueva sección tenía que ser por todo lo alto. Siendo honestos, estos días no hay nada más alto que Donald Trump y no porque sea el nuevo presidente de los EEUU, sino porque lo ha conseguido rompiendo todos los sesudos análisis de periodistas, estadistas y futurólogos varios.

Al parecer, Estados Unidos –el país de las oportunidades, no se nos olvide- ha elegido como presidente a un empresario machista, misógino, racista y todo el mundo ha perdido la cabeza. Una de las primeras reacciones que más me llamaron la atención fue en Facebook y decía algo así como ‘¿En serio vamos a tener que fingir que nos sorprende que en EEUU vivan 50 millones de imbéciles? Es agotador’. Lo que es realmente agotador es tener que fingir que esto no se lo esperaba nadie y lo fácil es echar la culpa a los descerebrados estadounidenses. Para los que no se habían dado cuenta aún, 2016 se ha convertido en una demostración práctica de cómo funciona el mundo.

¿Quién se iba a imaginar que los estadounidenses votarían a un presidente que quiere aplicar políticas proteccionistas y defender el estilo de vida americano, verdad? Claro, sólo ha sido el año en el que Gran Bretaña ha decidido defender sus intereses por encima de los europeos poniendo el marcha el ‘Brexit’, o los españoles han decidido votar (en dos elecciones diferentes) al partido con mayor número de casos de corrupción de la historia de su democracia.

Lo que resulta francamente agotador es tener que fingir sorpresa y prestar atención a los cientos de preocupados análisis que elevan el grito al cielo cuando Trump pone sobre la mesa las mismas propuestas que Europa lleva meses desarrollando. Aplicar medidas proteccionistas es una auténtica barbaridad si lo proponen los estadounidenses, pero si Europa aprueba aranceles para dificultar la entrada de China en sus mercados es totalmente normal. Es fácil escandalizarse de las deportaciones y de los muros con México mientras los refugiados se agolpan en las fronteras europeas y los mandatarios se juegan a las cartas cuáles son los cupos que deben acoger en cada país.

Esto no es una defensa de Trump, ni mucho menos, pero hay algo que sigue chirriando en todo este proceso y que resulta mucho más interesante que la figura del propio ‘showman’ de pelo indomable. Durante todo este tiempo nos han presentado a Trump como el mismo demonio y de todas maneras ha conseguido ganar las elecciones, mejorando incluso los resultados de su predecesor republicano en determinados sectores críticos. Hillary Clinton, a pesar de contar con un ingente arsenal mediático y con el apoyo de prácticamente toda la opinión pública, ha sido incapaz de alzarse con la victoria y, aun así, todo el mundo parece estar convencido de que sería mejor presidenta. Obviar las investigaciones del FBI y los continuos rumores de corrupción y acuerdos bajo mano, parece mucho más fácil ahora que la señora Clinton ya no ocupará el Despacho Oval.

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