Afrontar el problema que arrastra el sistema educativo en España supone hacer una reflexión en profundidad sobre todos sus componentes. Una reflexión, como digo, que sea tanto estructural como de contenidos o como de eficiencia.

Estructural porque debemos analizar si una competencia tan importante como la educativa debe estar en manos de gobiernos autonómicos o debe estarlo bajo un paraguas común diseñado por el gobierno central. Analizar, por tanto, si queremos tener diecisiete “pequeños sistemas” o un “sistema común”.

De contenidos porque a la educación española le falta lo más importante: la motivación del alumno. Estamos obsesionados en establecer una edad obligatoria, y en cambio obviamos las ganas y el empeño que deben poner los estudiantes en aprender. Nos olvidamos de que la esencia de un buen estudiante está en su motivación, su creatividad y su libre elección. Si bien es cierto que hasta cierta edad los estudiantes deben ser “tutorizados” y obligados a entender materias “clave”, no podemos convertir esto en obsesión y descuidar todo lo demás. De esta forma, lo único que estamos favoreciendo es una falta de autonomía en el alumno, que le impide ser responsable de tomar sus propias decisiones sobre sus estudios, y en consecuencia, de su futuro. El sistema educativo debe proveer a los alumnos de facilidades para determinar su camino. Para ello, debe ofrecer alternativas para que el estudiante se identifique. Desde luego, además de todo lo anterior, una firme apuesta por los idiomas.

‘Gastar más en educación no significa tener mejores resultados’

Y de eficiencia porque como bien sabemos ser uno de los países que más gasta en educación no implica tener buenos resultados. Este debate pasa por un buen diseño de todo lo anterior para después determinar eficientemente el nivel de gasto. Por tanto, la relación no está entre gasto y calidad, sino entre eficiencia de la inversión y la calidad.

Quiero terminar haciendo una pequeña síntesis sobre los que, -a mi juicio-, son los elementos clave para mejorar nuestro sistema: rediseñar los contenidos fomentando la autonomía, la motivación y la creatividad. No podemos obsesionarnos en seguir un esquema milimétrico que deje en segundo plano todo lo anterior.

Plantear el debate de la eficiencia. El sistema mejorará cuando consigamos resultados óptimos, no cuando más “gastemos” en educación. La errónea filosofía de “más gasto, mejor funciona”, conlleva al derroche y a la falta de eficiencia. Lo primero es diseñar el sistema y sus objetivos. Después determinaremos la inversión que se requiere para alcanzarlos.

Finalmente, entendiendo la educación como principal herramienta para mejorar la sociedad y alcanzar los valores de libertad -solidaridad y unión- es inevitable plantear “en qué manos” queremos que resida la competencia educativa. Tenemos que hacernos esta pregunta: ¿Cuál es la mejor forma de garantizar la pluralidad y despolitización de la educación?

Total 0 Votos
0

¿Qué es lo que no te ha gustado? ¿Cómo crees que podemos mejorar?

+ = Intruduce el resultado de la operación para evitar mensajes de SPAM

¿Cómo envío mi comentario?

Para poder enviar un comentario es necesario que te identifiques.
Tienes 2 maneras de hacerlo:

  1. Registrándote en nuestra web y posteriormente iniciando sesión con tu usuario y contraseña.
  2. Conectándote a través de alguno de tus perfiles de Facebook, Twitter o Google (Más abajo aparecen los 3 botones)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.