Un año más, Treviana ha celebrado San Marcos con una jornada sencilla y muy en la línea de lo que representa esta tradición: campo, convivencia y buen ambiente.
Cerca de medio centenar de vecinos se animaron a hacer el recorrido andando hasta la Ermita de Junquera, pero esta vez no por la carretera, sino atravesando los campos. El paseo, con una temperatura muy agradable y sin exceso de sol, acompañó desde el inicio, haciendo del trayecto parte importante del día. Durante el camino tuvo lugar también la bendición de los campos, manteniendo así una de las esencias de esta celebración.
Ya en la ermita, que está acabando las obras para su estabilización y restauración, la homilía giró en torno a una idea clara: la importancia de no tener prisa y de ganar en tranquilidad. Un mensaje que encaja bien con la vida en un pueblo como Treviana, donde el ritmo es otro y donde, sin grandes artificios, es más fácil detenerse, conversar y compartir tiempo con los demás.
Hubo también un momento curioso cuando se comentó que se celebra San Marcos con la imagen de la Virgen del Rosario. Al preguntar si había alguna imagen del santo, la respuesta fue negativa, a lo que el sacerdote respondió con humor que “será la única que falta”, en referencia a la gran cantidad de imágenes y altares que tiene la iglesia del pueblo.
La homilía terminó con una invitación sencilla pero directa: caminar juntos como pueblo y como sociedad. Porque, como se recordó, si quieres ir rápido puedes ir solo, pero si quieres llegar lejos, es mejor hacerlo acompañado.
El almuerzo, uno de los momentos más esperados
Después llegó uno de los momentos más esperados: el almuerzo. Repartidos en grupos, los asistentes dieron buena cuenta de los tradicionales bocadillos de tortilla con chorizo, a los que muchas cuadrillas añadieron más comida, vino, postre, y hasta café y chupito. Entre risas y conversaciones cruzadas, el ambiente fue el de siempre: cercano y distendido.


No faltaron tampoco las anécdotas. Algunas de las quintas del 34 se animaron a recordar historias de juventud —ya prescritas, según ellas mismas—, como aquellas comidas de San Blas de las que se salía “con los pies redondos”, aunque, como bien apuntaron entre risas, “ya se han enmendado, que es lo que quiere Dios”, porque ahora “de la nariz para arriba, la vista es lo único que trabaja”.
También ha dejado escenas para la unión, como dos amigas sentadas durante buena parte de la tarde en el mismo sitio (a la sombra de unas acacias) charlando tranquilamente y disfrutando del buen día en Treviana. Eso era, ¿no Carlos? Tranquilidad y unión, otro año más que cumplimos tu homilía!





