Zapatería Leiva, en la calle Santa Lucía, ya ofrece en Haro el servicio de afilado. Tras el cierre de la cuchillería de Antolín Fuentefría muy cerca de allí, otro negocio histórico de la ciudad jarrera recoge el testigo. “Había gente que requería este servicio, que llevaba tiempo preguntando por él y ya se lo podemos ofrecer”, explica Pedro Juan Leiva, que lleva media vida trabajando en un local que guarda la esencia de esas zapaterías de antaño. Este 2024, el negocio cumple 80 años desde que su padre, José Luis, fallecido durante la pandemia, lo pusiera a funcionar, lo que evidencia una irrefutable demostración de resistencia al paso del tiempo y a los cambios.
Pedro Juan recuerda aún cuando a finales de los 90 comenzaron a cerrar sus puertas muchos de los establecimientos que dieron vida al casco histórico de la ciudad jarrera. “Hubo una época que estuvimos hasta cinco zapateros en Haro”, rememora con nostalgia. Ahora, con el paso de los años, la zapatería ofrece el servicio de afilado como “un complemento más”. Porque el negocio se ha ido adaptando, aunque conserve aún ese aroma artesanal que hace que muchos turistas llegados a Haro, por curiosidad, se atrevan a acceder al portal y preguntar a Pedro Juan y a su mujer Amaia Bel si pueden sacar fotografías e incluso inmortalizarlos a ellos mientras trabajan. “Llegan abuelos con sus nietos que no han visto un zapatero en su vida. Nos piden permiso para hacer fotografías y a muchos les enseñamos cómo es nuestro trabajo hoy en día”, resalta Amaia.
“Llegan abuelos con sus nietos que no han visto un zapatero en su vida”
Este perfil de establecimiento, que fue muy popular hasta mediados del siglo XX, el comercio de portal, alargó la vida de numerosos trabajos artesanos, como es el caso del zapatero remendón o el afilador, la mayoría ahora al borde de la desaparición. De ahí que Pedro Juan y Amaia, que trabajan mano a mano desde hace 14 años, cuando sus hijos comenzaron a ir al colegio, hayan diversificado el negocio: se venden betunes, cordones, calcetines, zapatillas de trekking y botas, carteras, cinturones hechos a mano, para traje o para señora, plantillas anatómicas, y no sólo se arreglan todo tipo de zapatos, sino también carteras, broches, hebillas, mochilas, cremalleras, cintos, se cambian gomas… “Por desconocimiento, mucha gente no sabe que se pueden arreglar ciertas cosas. Pero como el calzado ha cambiado, hay muchos que no se pueden arreglar, pero en otros casos cuesta más comprarte unos nuevos que el arreglo en sí”, comenta Amaia.

Y en este deseo de mantener viva la zapatería, Pedro Juan y Amaia han adquirido dos máquinas, una para afilar cuchillos y otra para todo tipo de tijeras. El afilado de tijeras se oferta desde los 3 euros y el de cuchillos desde 2,50 hasta 4 euros. “La gente ha respondido muy bien”, asegura Amaia. Desde la puesta en marcha del servicio, hace poco más de una semana, han recibido casi una veintena de encargos, pero lo que más valoran es que los clientes queden satisfechos con el trabajo. “Hoy nos ha llamado una mujer y nos ha dicho que está contentísima con el afilado de su cuchillo. Que nos llamen para decirnos que hacemos bien nuestro trabajo nos alegra mucho”. Larga vida a los comercios de barrio.






