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Riscos de Bilibio (VI): el culto a San Felices en Haro y las ermitas en los riscos

Once años más tarde, el 6 de junio de 1655, se crearía la Cofradía, que en sus primeros Estatutos, en el capítulo 12, se recoge la construcción de un lugar de culto, que sería creado en 1694 en el cerro de la Mota
Se sube manualmente la cabeza de la escultura para colocarla en su posición en el último tramo.

Como comentamos en el último capítulo, el culto popular a San Felices sería casi inmediato a su óbito, pero el institucionalizado debería esperar unos cuantos siglos. En la Memoria sobre la reconstrucción de la ermita que escribe Saturnino Vallejo y Baltanás, nos trascribe un documento que consigna el escribano Lucas Urtaza, donde varios habitantes y devotos, solicitan que San Felices sea elegido patrón de Haro. Petición que sería aprobada el 31 de enero de 1644, acordándose su festividad y celebración eclesiástica el día 25 de junio.

Once años más tarde, el 6 de junio de 1655, se crearía la Cofradía, que en sus primeros Estatutos, en el capítulo 12, se recoge la construcción de un lugar de culto, que sería creado en 1694 en el cerro de la Mota, utilizándose la mampostería de los restos del famoso castillo, bajo permiso de Íñigo Melchor Fernández de Velasco, Condestable y IX conde de Haro. La utilidad sería doble, ya que este recinto, aparte de ser la primera ermita dedicada a San Felices, serviría de conjuradero para las tormentas debido a su mayor elevación que la Parroquia para poder impartir las bendiciones y rogativas necesarias para los campos jarreros, unido a la fama de protector del campo de San Felices. Contaba con una planta con doble puerta, una al Sur y otra al Oeste, cobijando, asimismo, una escultura del Santo. Será durante la guerra de Sucesión, cuando este espacio sería utilizado como polvorín, volviendo a ser utilizada para el culto tras este conflicto, para desaparecer durante la guerra de Independencia, fecha en la que se perderían múltiples edificios religiosos de la localidad.

Riscos de Bilibio (VI): el culto a San Felices en Haro y las ermitas en los riscos 1
Imagen área del cerro de la Mota, primer lugar donde se edificó una ermita a San Felices.

Únicamente 16 años después, en 1710, se edificaría la ermita en los Riscos bilibianos, en el ya mencionado oratorio que había sido la capilla del recinto fortificado, reutilizándose, posiblemente, los restos allí desperdigados, construcción que nunca debió gozar de buena factura, ya que constantemente hubo de ser reparada. Y es, en este punto de la historia de las ermitas del santo, más de un siglo después de su construcción, cuando aparece el actor principal de estas edificaciones. Este es Saturnino Vallejo y Baltanás, un comandante de infantería retirado, y gran devoto del santo. De su mano tenemos una sucinta descripción de la antigua ermita: “Su construcción era tosca y devil; sus formas irregulares; ruinoso su estado”. Asimismo, mando medir la ermita, acción realizada por el carpintero José Lamial, dando la siguiente extensión: “15 pies de longitud (4,177 m), 11 de latitud (3,06 m), 165 pies cuadrados (15,32 m²)”. Respecto de la actual, esta primigenia ermita situaba su centro del lado izquierdo de la puerta de entrada.

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Dadas las características tan paupérrimas en espacio y calidad de la fábrica, este enérgico personaje, propone la idea de reconstruir y dotar al lugar de un edificio que responda al fervor popular mediante una suscripción pública. Esta primera proposición, sería presentada ante el Concejo, en el año 1857. La cuestión es que las autoridades no realizan ningún avance, por lo que Saturnino presenta una segunda petición en 1862. En esta segunda ocasión los acontecimientos parecen ser más favorables, dándose comienzo a las obras. En 1863 continúan los trabajos, gracias a las suscripciones y al trabajo voluntario. Igualmente hay donaciones de materiales.

Por medio de este excepcional hombre, se consigue incluso tres retablos sin dorar del monasterio de Herrera, que son traído por vecinos villalveses. También proceden del cenobio los balustres y pasamanos del coro. Los principales trabajos que se realizaron fueron la demolición del antiguo recinto, la construcción de la actual ermita y la apertura de un camino más accesible. Este último trabajo exigió hacer el desmonte con explosiones controladas, logrando una mejor aproximación al santuario mediante un balconcillo con escaleras de arena. La nueva ermita cuenta con sacristía, la nave de culto, el oratorio y un coro. Plantó además más de 220 árboles por el camino y los Riscos, teniendo que invertir casi todos sus ahorros para poder ver acabada la obra. La consagración tuvo lugar el 27 de junio de 1864, cumpliéndose la aspiración de Saturnino de dotar al Santo de un lugar digno de culto.

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La siguiente actuación de envergadura, aparte de alguna reconstrucción puntual, fue la erección de una escultura colosal en el lugar que ocupó el Faro de la fortaleza. Obra que, asimismo, se realizaría por suscripción popular, colocándose la primera piedra a mediados de los años cuarenta del siglo XX, aunque la total realización se llevaría a efecto entre los años 1962 al 1964. El autor de la escultura sería el cerverano Vicente Ochoa Moreno.

Hay que señalar que el 29 de setiembre de 1967 un incendio en la cara Norte elimina el arbolado plantado por D. Saturnino. Asimismo, el 16 de octubre de 1982, la ermita sufriría un incendio provocado, perdiéndose los retablos de Herrera, el mobiliario y las imágenes. La ermita volvería a ser restaurada, de nuevo por suscripción popular.

Por último dedicaremos unas palabras a la desaparecida fuente de Bilibio. Fuente antigua ya que aparece en la sentencia de Fernando II “el Santo” en 1237, en el primer conflicto de Haro con el monasterio de Herrera. Como recoge el texto: “Que el castiello de Bilivio é de la fuente de Bellivio…”

La fuente, tal como nos cuenta Fernando de la Fuente en su obra “Temas Jarreros” vol. 2, durante el siglo XIX, presentaba una imagen muy deteriorada, siendo prácticamente una oquedad con sitio para poder poner a llenar un cántaro.

Su ubicación estaba en la antigua encrucijada de caminos que llevaban a los diferentes montes y cerros de las cercanías a los Riscos, tal como comentamos en el capítulo 24. Estaba a la vera de la antigua calzada romana que unía Ircio con Bilibio y las poblaciones al sur de los Obarenes, camino denominado la Colada de la Serna. En los Castrones está recogida en dos de los planos (polígono 1, hoja 1 y polígono 3 hoja 2), presentando el primero una errata en el nombre (fuente del Portillo). Esta fuente desaparecería por la construcción de la Ap-68, sin que las autoridades actuaran, muy en la línea de nuestros gobernantes, pese al clamor popular por su indulto.

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