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Alejandro Lacalle García, el ‘príncipe’ de los periodistas harenses

No hay que dudar que Alejandro Lacalle sería durante muchos años el referente de los periodistas harenses, escribiendo destacados artículos y obras, en su mayoría extraviadas, que marcarían toda una época de la ciudad
Uno de sus mayores logros fue la enconada lucha que mantuvo para que la Estación Enológica se ubicase en Haro | Foto: @joshybauer - Haro Digital

Espacio ofrecido por el Ayuntamiento de Haro

Hay que reconocer que nuestra ciudad es propensa a olvidar a los grandes protagonistas de su historia y destacar a figuras recientes, que realmente no han llegado, ni de lejos, a acercárseles culturalmente ni a conseguir o desarrollar los logros concebidos por un buen número de nuestros ancestros.

Uno de estos harenses es Alejandro Lacalle García, otrora denominado ‘Príncipe de los periodistas harenses’ y ‘El más harense de los periodistas y el más periodista de los harenses’, que junto a un buen número de paisanos tiene su residencia en el limbo.

Para comenzar a recordarle, o conocerlo, principiaré diciendo que, junto al músico labastidense Toribio Manzanos García, fue el autor de la revista cómico-lírica localista denominada ‘¿Eh, ¡á Bilibio!’ cuyo final acoge la Jota de las vaquillas hoy conocida como Jota de San Felices. Algo es algo para quien no haya oído hablar de él, pero, un poco egoístamente, quisiera comentar que anteriormente había creado otro libreto titulado ‘La camisa de la Lola’, por si la suerte nos depara que aparezca en algún archivo familiar para gozar de su puesta en escena.

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Nacido en Haro el 26 de febrero de 1850, aquí realizaría los estudios primarios y medios para posteriormente cursar la carrera de derecho. Profesión que no ejercería, ya que muy pronto decidiría entregarse al periodismo iniciándose en el diario ‘El Tiempo’ y más tarde, en 1878, en ‘El Liberal’, del que pasaría a ‘La voz de Guipúzcoa’, para regresar a la entonces villa para dirigir ‘El Harense’ y posteriormente ‘El Postillón de la Rioja’, ‘El Pueblo Riojano’ y ‘El Eco Riojano’, semanario que fundaría lanzando su primera edición el domingo 4 de febrero de 1900 y en el que publicaría su último trabajo el 2 de febrero de 1902, ya que fallecería una semana más tarde, el sábado día 8, a consecuencia de una neumonía.

No hay que dudar que Alejandro Lacalle sería durante muchos años el referente de los periodistas harenses, escribiendo destacados artículos y obras, en su mayoría extraviadas, que marcarían toda una época de la ciudad.

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Es el señor Lacalle a quien debemos ésa en antaño famosa letrilla que dice:

“Ir los jueves por la noche
a bailar a troche y moche
a disfrutar con exceso
tapado él y ella escondida
por detrás de la Florida,
eso
está obscuro y huele a queso.
Terminar la última nota
de la más alegre jota
con el chisquido de un beso,
ella diciendo
y é suspirando a lo moro
eso
está obscuro y huele a queso.
Volver juntos ella y él,
y confundirse en tropel
con la gente a su regreso,
como el joven timorato
que jamás ha roto un plato
eso
está obscuro y huele a queso”.

Alejandro Lacalle García, el 'príncipe' de los periodistas harenses 1

Tras esta sencilla presentación debemos entrar en su importante aportación en beneficio de Haro, debiéndose reconocerle como el mayor defensor de los atropellos que intentarían realizarse contra nuestra ciudad, en cualquier aspecto, demandando el despertar del vecindario, un tanto abúlico, indiferente y despreocupado sobre cuestiones de interés desde la concesión del nudo ferroviario del Norte a Miranda de Ebro. Asuntos que, alguno, saldría adelante gracias a la influencia de personas bien colocadas en la Corte, pero perdiéndose la mayoría al no atenderse debidamente por esa apatía reinante en los harenses.

Apatía y falta de interés que sigue respirándose en nuestros días no solo en el vecindario, sino también en un Ayuntamiento que vistas las orejas al lobo, tras el resultado de la primera presentación de “El proyecto de digitalización del Barrio de la Estación”, debiera de haber mantenido un constante y exhaustivo seguimiento del trato que se estaba dando a este magnífico proyecto, el mejor desarrollado y presentado por la Comunidad con el apoyo de las afamadas bodegas harenses y numerosas e importantes multinacionales. No sirviendo de escusa la ingenua ofuscación, que un desconocido, por lo menos para mí, denomina dignidad, manifestada al no haberse logrado los fondos necesarios para su ejecución.

Y es que para un primer edil debe primar, además de empaparse de historia, darse a conocer y comprender la idiosincrasia de las personas de la localidad que rige, los intereses precisamente de su vecindario y los de su comarca, no distrayéndose de sus funciones con disputas internas con un sector de su partido político, que ¿tal vez? hayan influido en la toma de decisión de tan disparatado desenlace por el Gobierno de Concha Andreu, ya que es difícil creer que tan estrepitosa metedura de pata sea imputable al Gobierno central.

Reivindicación para que la Estación Enológica se ubicase en Haro

Pero volviendo al señor Lacalle García, mucho debiera haberse aprendido de sus continuas protestas y demandas ante situaciones parecidas, debiéndole agradecer como uno de sus mayores logros la enconada lucha que mantuvo para que la Estación enológica se ubicase en Haro. Cuestión que parece desconocerse o haberse difuminado con el paso del tiempo, pero gracias a su tesón e inteligencia se consiguió la concesión de tan importante institución en la que la capital de la provincia había clavado sus ojos.

Alejandro Lacalle clamaría justicia diferenciando la riqueza vinícola de la comarca harense con el resto no solo de la provincia de Logroño, sino de todo el Estado, manifestándose en dos artículos publicados en ‘El Postillón de la Rioja’.

El primero, edición del lunes 17 de diciembre de 1887, criticaría el Real Decreto confeccionado por el Ministro de Fomento Carlos Navarro Rodrigo, firmado en palacio por la regente María Cristina el 9 de diciembre de 1887. Y el segundo, publicado el lunes 9 de enero de 1888, instando a los harenses a no caer en la indiferencia, arengándoles:

(…) Sin iniciativa, sin entusiasmo, sin virilidad en cuestiones de trascendental importancia, no se alcanza hoy día la prosperidad de los pueblos. Sería fatal para la Rioja en general y de la región alta, en particular, que careciésemos de un laboratorio vinícola y de su anexo, el depósito general de nuestros vinos…

Pocos días después en ‘El Liberal’, edición del lunes 16 de enero, publicaría un artículo detallando la petición que el Diputado a Cortes Eduardo Peralta había dirigido al Ministro de Fomento para que uno de los laboratorios fuese concedido a Haro, entregándole una exposición de los agricultores y comerciantes más importantes de la comarca.

Sin embargo, la ‘Gaceta de Madrid’, en su edición del martes 3 de julio de 1888, publicaría una Real Orden, de 21 de junio, mediante la que el Ministro de Fomento José Canalejas Méndez informaría al Director General de Agricultura, Industria y Comercio Juan Maisonave las sedes donde deberían ubicarse los Depósitos generales de muestras y los Laboratorios, siéndolo en su totalidad en capitales de provincia.

Designación contra la que arremetería duramente Alejandro Lacalle. Crítica que parecía destinada al olvido, pero, que, más que posiblemente, influiría en la toma de decisiones del Gobierno, ya que un Real Decreto, firmado en San Sebastián el lunes 10 de septiembre de 1888, publicado en la Gaceta de Madrid el jueves día 13, daría paso a la creación de cuatro Escuelas de Enología en las provincias de Alicante, Ciudad Real, Logroño y Zamora, así como una central en Madrid.

La escasa información, algo existe, nos lleva hasta el lunes 8 de junio de 1891, cuando el Pleno municipal escucharía el contenido de una carta remitida por el Conde de Hervías, anunciando que el Ministerio de Fomento había consignado en sus presupuestos la cantidad suficiente para la creación de una Estación Enotécnica en la Rioja, exponiendo la predilección del Director de Agricultura para que se instalase en Haro.

La importancia del asunto sería nuevamente tratada por Alejandro Lacalle en El Postillón de la Rioja, edición del domingo 9 de agosto de 1891, detallando las instalaciones y personal que conllevaba una Estación enológica, enviando un mensaje al Consistorio, por si la Diputación de Logroño pensara en eximirse, que finalizaba diciendo (…) Y para que resulte menos gravosa la instalación al Ayuntamiento le advertiremos que en septiembre de 1880 el Gobierno autorizó a la Diputación Provincial de Ciudad Real para que en su presupuesto corriente adicionara cuatro mil pesetas con destino a la creación de una estación vinícola.

El resto de la historia, la concesión a Haro de la Estación enológica, anunciada por el Primer Tenienta de Alcalde Leopoldo González Arnáez a las 19:00 horas del sábado 30 de enero de 1892, ya es, o debería ser, conocida por todos los harenses, así como los nombres de todos los políticos a los que implicó Alejandro Lacalle y no dudaron en apoyar la asignación a la Capital del Rioja, con el intocable Buque insignia que siempre deberá permanecer anclado en el término harense en su día denominado Villa Cafarelli.

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