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Los hechos bélicos en Haro (V): los hechos más relevantes tras la Primera Guerra Carlista y la tercera

Las operaciones bélicas afectarían a nuestra ciudad, pero ya no de forma frontal, si no en la organización de las persecuciones que deben realizar las diversas fuerzas acantonadas en Haro sobre las marchas carlistas
Grupo de “Margaritas”, o sección femenina de los partidos carlistas. Suelen usar boina blanca, aunque el uso de este color, no fue exclusivo de las mujeres | Archivo personal de Carlos Mena.

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Los años que median entre la Primera y Tercera guerra fue un periodo muy turbulento dentro de la historia hispánica y mundial. Recién acabada la contienda una rebelión del general liberal Martín Zurbano, en el año 1844, nos afectaría en sus últimos compases, ya que el militar vareyense intentaría sublevar a los jóvenes liberales más radicales harenses, conato de levantamiento que sería sofocado por el Ayuntamiento provocando la huida de los sublevados en una revuelta condenada al fracaso. Martín Zurbano sería apresado y fusilado en Logroño, junto a sus hijos, el 21 de enero de 1845.

Varios sucesos parecen avisar del comienzo de la tercera guerra carlista. El principal para nuestra Región es la fallida conspiración de Miranda de Ebro, en mayo de 1870, como un antecedente del pronunciamiento de 1872. En esta conjuración había una vertiente riojana representada en Benito Vitores junto a otros juramentados riojanos. Este guerrillero, oriundo de San Asensio, protagonizaría varias acciones en este conflicto. En julio de este mismo año (1870), se produjo un nuevo alzamiento que involucró a gente de Haro fracasando por falta de armamento.

Primeras operaciones

Las primeras operaciones se producen en año 1873. Dorregaray, jefe de las tropas carlistas en las bases alavesas, diseña un asalto a la Rioja Alta por la Sonsierra para intentar tomar Haro. El objetivo residía en conseguir vituallas, fondos económicos y reclutas. Sin embargo el ataque finaliza sin haber comenzado, viéndose obligado Dorregaray a retroceder hacia Peñacerrada con pérdidas materiales. Otros mandos en una atrevida marcha transitan por diversos términos riojanos vadeando el Ebro por Frías internándose en Bernedo tras una incursión de seis días, sin ninguna consecuencia.

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Las operaciones bélicas afectarían a nuestra ciudad, pero ya no de forma frontal, si no en la organización de las persecuciones que deben realizar las diversas fuerzas acantonadas en Haro sobre las marchas carlistas. El último plan de asalto sobre Haro lo intentaría Rafael Álvarez en agosto de 1874, logrando únicamente la ocupación de la zona más elevada de Labastida, ya que le sería imposible atravesar el Ebro.

Más tarde, Urbina, un veterinario de Castilseco, cruzaría el Ebro para realizar una partida sobre la Rioja con los objetivos habituales, esto es dinero y tropas. Llega a Casalarreina en un intento de secuestrar a Cesáreo Muñoz, que lograría huir. Enterados en Haro se formaría una columna a la que se sumarían los Urbanos de varias poblaciones, tropa regular y algún mando que estaba accidentalmente en nuestra villa para atacar a Urbina y sus tropas, comenzando una persecución que conllevaría a un enfrentamiento en las proximidades de Cuzcurrita en el término conocido como el Rollo, pero Urbina lograría evadirse produciendo diversas bajas a los liberales. Tras varias correrías posteriores a este encuentro y con el objetivo de retornar a sus líneas, lograría reintegrarse en sus posiciones alavesas tras provocar más bajas en el bando Liberal, entre ellos varios jarreros, pese a las importantes pérdidas propias. Este guerrillero fallecería poco después en un asalto sobre Laguardia.

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Sin embargo, la acción más espectacular, sin duda, la realizaría Benito Vitores, que, con un retén de diez soldados, secuestraría una locomotora en la estación de Miranda de Ebro, logrando destruir la línea telegráfica hasta Cenicero usando la fuerza de arrastre del convoy. Este sanasensiano, o perolero, sería un activo guerrillero que sobreviviría a la contienda tras un paso por varios presidios.

Pero la figura que más cercana tenemos en esta amalgama de militares, guerrilleros y milicianos del bando carlista, es el jarrero Benigno Barrionuevo y Alonso “Carrión”, que lucharía por el bando Tradicionalista y su sobrenombre corresponde a un pequeño barrio del entorno de la plaza de Garrás. Su zona de acción sería la Sonsierra Riojana y Alavesa, aunque en alguna ocasión uso Briñas como punto inicio de sus operaciones. Su maniobra más destacada nos la relata Hergueta, diciendo, que el alto Mando carlista le encomienda la misión de ir hasta la comarca de Santo Domingo a cobrar varias contribuciones, dividiendo su gente marca en la noche del 25 de mayo de 1875, con una tropa de 82 infantes y 14 caballos, cruzando el Ebro, entre Gimileo y Briones, logrando cumplir la orden al día siguiente en la villa de Hervías. A partir de este momento comienza una persecución en la que el jarrero demuestra un cierto genio militar, logrando la evasión, no con todas sus fuerzas, en una maniobra que podemos calificar de genial logrando vadear de nuevo el Ebro el 1 de junio. En resumen, podemos considerar a este curioso individuo como un militar y un bandolero, ya que aparte de las correrías castrenses “cobraba aduana” por el paso de las Conchas, causando estragos tanto en la población civil como en las agrupaciones militares. Asimismo, atacaba desde las peñas de Buradón, la línea férrea que pasaba bajo los Riscos de Bilibio retrasando y entorpeciendo los convoyes de los Liberales.

A lo largo de la contienda la vida cotidiana se vería afectada, ya que se crearían múltiples gravámenes para los artículos de consumo dentro de la Villa. Impuestos que se destinarían a la fortificación y mantenimiento de los diversos fuertes y a la creación de un muro en el puente de Piedra, que supuso la desaparición de los restos del palacio de los Velasco, que nosotros denominamos hoy como el Palomar.

Esta guerra finalizaría en nuestras tierras tres días después de abandonar el pretendiente carlista el país, al exiliarse a Francia. El 2 de marzo de 1876 se rendiría la última plaza carlista en Lapoblación, localidad situada en la frontera entre Navarra y Álava.

A modo de epílogo, podemos observar en la Villa, posteriormente Ciudad, un partido político favorable a las ideas Carlistas que pasados los años participarán en el Alzamiento Militar y posterior Guerra Civil, encuadrándose los carlistas jarreros en varios batallones, en especial en el denominado Valvanera, posteriormente, durante la dictadura ejercerían diferentes cargos en la dirección dentro de la política local.

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