- Los hechos bélicos en Haro (III): lo ocurrido el 13 de marzo en el término de ‘El Puerto’
- Los hechos bélicos en Haro (I): principales hitos guerreros anteriores al 13 de marzo de 1834
En el anterior capítulo el último hecho bélico que describimos fue la conocida como la Guerra de la Independencia. Finalizada ésta, comenzaría el caótico y desafortunado reinado de Fernando VII, regencia que traería nefastas consecuencias debido a las incongruentes decisiones y actos de este rey, que nos conllevarían a un grave conflicto que nos afectaría de forma absoluta.
En este artículo trataremos los antecedentes que involucrarán a nuestra ciudad en la grave situación bélica, tratando, de forma somera, las causas del conflicto así como una descripción que nos dejan en las postrimerías del 13 de marzo de 1834, relatando los diferentes hechos bélicos que sucedieron en Haro, la Rioja y nuestros vecinos vascos, navarros y castellanos.
Tras un penoso reinado, repleto de graves dictámenes, Fernando VII llegaría al final de su vida con gravísimos problemas políticos y de gobernación, siendo el más destacado el de la sucesión. Tras diversos matrimonios lograría tener descendencia en el último y tras indecibles cambios de opinión sobre su sucesión, en 1830, firmaría la Pragmática Sanción. Ley por la que otorgaba la Corona a su hija Isabel, en detrimento de su hermano Carlos, siguiendo la costumbre castellana de las Partidas frente a ley Sálica aplicada en la monarquía francesa, decisión que sería la “Casus Belli”, aunque el trasfondo sería mucho más complejo al enfrentar las concepciones del absolutismo más rancio del Antiguo Régimen, representado en el infante Carlos María Isidro y sus seguidores, frente a la mentalidad liberal moderada que lideraba la reina madre María Cristina de Borbón, defendiendo los derechos de su hija junto a una “partida variopinta” de aliados.


Tras la muerte de Fernando VII en 1833, concretamente el 29 de setiembre, su hermano Carlos María Isidro se proclamaría, el 1 de octubre, como rey legítimo en Portugal, siendo la causa de las tres Guerras civiles con múltiples pronunciamientos y levantamientos intermedios.
Se puede aceptar la siguiente cronología:
1/ Primera Guerra Carlista (1833-1840).
2/ Segunda Guerra Carlista (1846-1849) o insurrección montemolinista circunscrita casi exclusivamente a territorio catalán.
3/ Tercera Guerra Carlista (1872-1876).
La cronología que separa esta proclamación de la “batalla” de Herrera comenzaría con el nombramiento de “rey” Carlos VI en Talavera de la Reina, el 2 de octubre, siendo la primera población española en pronunciarse. Le seguirían Bilbao el 3 de octubre, además de amplias zonas de las denominadas Vascongadas, Navarra y la Rioja, sien es esta última la proclamación, el 6 de octubre, en Tricio responsabilizándose del hecho el general Santos Ladrón de Cegama. Este se encontraba en Valladolid y al conocer la noticia de la muerte de Fernando VII, se fuga de la ciudad pucelana trasladándose a la Rioja, desde Burgos, a través de la Sierra de la Demanda. A su llegada y después de finalizar una reunión en Fuenmayor, pondría al mando de la rebelión en nuestra región a Basilio Antonio García y Velasco y Pablo Briones (autores del pronunciamiento en Logroño, junto al Abad de Valvanera, en calidad de consejero).
Tras esta decisión parte, con una columna de Voluntarios Realistas Logroñeses, para intentar organizar en su tierra natal, Navarra, la insurrección logrando reunirse con tropas de Viana y los Arcos. Establece combate con tropas regulares Cristinas, mandadas para detenerlos en esta última localidad. La conocida como batalla de los Arcos se produce el 11 de octubre y el general Ladrón de Cegama caerá derrotado, capturado y fusilado posteriormente en Pamplona. Derrota que, además, paraliza los planes para la sublevación de Navarra. El vencedor del enfrentamiento sería el ceutí Pedro Sarsfield y Waters, general que nombraremos en más ocasiones.
Temprana victoria liberal
Las consecuencias para las tierras riojanas de esta temprana victoria liberal, supusieron la pérdida de casi todo el territorio para los propósitos Carlistas, disipando una importante fuente de avituallamiento y de reclutamiento, ya que para el día 26 de octubre Logroño volvía a estar bajo control de las tropas liberales, ofreciéndose un indulto a los realistas que abandonasen las armas.

En cuanto a nuestra Ciudad, la sucesión de los acontecimientos es muy similar a otras poblaciones del Norte, siendo los escritos de Domingo Hergueta la principal guía informativa sobre lo sucedido. En un principio se acepta la proclamación de la Reina-niña al conocerse la muerte de Fernando VII, el 3 de octubre tras su publicación en la Gaceta Oficial. El Alcalde Mayor, Santos Navarro y Tariego, incluso cursa órdenes para la celebración del cumpleaños de la nueva regente con un Te Deum, el día 10 del mismo mes. A la vez que ordena rondas y patrullas para evitar tumultos por parte de los Voluntarios Realistas (milicia conservadora absolutista, base de los carlistas).
Los seguidores del rey Carlos se “echan al monte” esperando a las diferentes columnas sublevadas. Ya para el día 10 es pregonado un bando que anuncia que la población debe ponerse bajo mando y jurisdicción de las autoridades designadas por los carlistas, siendo ajusticiado el que se resista a cumplirlo. Orden que proviene del jefe militar de la zona de Burgos, a la cual pertenecían Haro y Santo Domingo y que provoca la ocupación de la población, asumiendo el poder civil y militar de la plaza. El Cabildo eclesiástico también apoya el nuevo orden impuesto, con el párroco Ciriaco Aranzadi a la cabeza. Asimismo, se producen diferentes peticiones de reclutamiento y las requisas de bienes (zapatos, caballerizas, etc.) nombrándose nuevo alcalde al carlista, Manuel Ángel.
Coincidiendo con estos acontecimientos, existen movimientos desde Castilla la Vieja de una columna realista de 20.000 efectivos, entre ellos unos 500 jarreros, mandada por Jerónimo Merino Cob, “el cura Merino”. Esto provoca nuevas peticiones e incautaciones de vituallas y abastecimientos, ya que las tropas se estacionan en Cerezo, Leiva y Cuzcurrita y es motivo para que Pedro Sarsfield sea comisionado para deshacer la columna y defender la Rioja, logrando la liberación de Haro por lo que la ocupación carlista únicamente duraría mes y medio.
Las tropas Tradicionalistas después de varias incursiones y la conjunción de varias columnas al mando del Cura Merino, Valentín Verastegui y Alonso Cuevillas, pasan a Miranda, ocupando las Conchas y cercando a mediados de noviembre en nuestra Ciudad al general Sarsfield y sus tropas. Pero discrepancias entre el mando carlista sirven para la ruptura del bloqueo facilitando el avance de los hombres de Sarsfield hacia Logroño para rearmarlos y hacer frente a las tropas carlistas en las Vascongadas logrando poner fin a la amenaza de estas partidas sobre la Rioja y Castilla.
La derrota y fracaso de Merino provocaría la dispersión de su tropa retornando muchos a sus localidades de origen, teniendo que recomponer los mandos tradicionalistas, en especial Tomás de Zumalacarregui, un nuevo ejército. A partir de este suceso las diferentes campañas de guerra se circunscribirán al ámbito vasco, dejando nuestra Ciudad como una base logística y estratégica de las tropas liberales y como objetivo de campañas de rapiña de las tradicionalistas para apropiarse de fondos y materiales, de los que siempre se encontraron muy escasos, por medio de secuestros y trapacerías varias. Y es que, pese a contar con una tropa más fogueada y con mejores mandos, los liberales tenían una mejor intendencia, aunque sus hombres careciesen de experiencia bélica y mandos muy deficientes en múltiples ocasiones.



Al tomar este cariz la guerra en el Norte en nuestra ciudad se acuartelarían diferentes tropas, como la Milicia Nacional, Carabineros y regimientos de caballería además de crearse una Milicia Urbana, compuesta por jóvenes liberales jarreros, que se encargaba de la defensa de la Ciudad. Al llegar la fecha de marzo de 1834, la tropa regular acantonada en Haro sería el Regimiento Extremadura.
Las tropas Carlistas más cercanas a nosotros ocupan la montaña alavesa, que será las bases de estas expediciones de rapiña, tomando las rutas de los vados del Ebro desde la Sonsierra Riojana y Alavesa como Revenga, Torrentejo, Matulleri o Troconegro.






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