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La Caja de Ahorros y Préstamos del Círculo Católico de Obreros de Haro

El 31 de diciembre de 1939 la Caja contaba con un pasivo de 1.756.600 pesetas y un fondo de reserva de 356.251,02 pesetas
Actual ubicación de IberCaja | Foto: Fernando de la Fuente

Escasos años después de la imposibilidad de instaurar la Caja de Ahorros Municipal de Haro, llegaría la época más floreciente del Círculo Católico harense, logrando, el jueves día 12 de marzo de 1908, establecer y poner en funcionamiento una modesta Caja de Ahorros con la finalidad de ayudar económicamente a los obreros en sus enfermedades, para forzoso por causas razonables, etcétera, no imaginando que sería el comienzo de una entidad que lograría, con el paso de los años, una relevante importancia en el campo del ahorro.

No he encontrado, de momento, a quien se debe la formación de los Estatutos, sospechando que fueron obra del industrial Agustín Gómez Cruzado, si bien contribuyeron notablemente con sus acertados acuerdos las Juntas de Gobierno, principalmente en la elección del personal de las oficinas.

Según reflejan Enrique Hermosilla y Anacleto Almarza en su Síntesis de la historia de Haro, la primera Junta Directiva estaría formada por: El Marqués de la Solana, presidente; Enrique Ugalde, cajero; Gregorio Roig, secretario-contador; y Eugenio Mazón, Antonio Miranda, Florencio Ledesma, Emilio Sáez-López, Vicente García Calzada, Anacleto Almarza, Pantaleón Ruiz y Santiago Arenillas como vocales.

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Los artículos del reglamento de la caja

Y para dar conocimiento de sus fines benéficos a los harenses, los diarios locales y regionales, edición del viernes 13 de marzo de 1908, publicarían un extracto de los 19 artículos que contemplaba el Reglamento, que el cooperante Antonio Miranda había remitido a los periódicos.

La Caja estaría ubicada en el Círculo, calle de la Vega, edificio que hoy ocupa el Conservatorio de Música, y su objeto sería recibir las economías que le confiasen toda clase de personas.

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La Administración estaría encomendada a una Junta de diez vocales, bajo la regencia del presidente del Círculo. El secretario y el tesorero del Círculo formarían parte de la Junta, así como dos socios obreros y los otros seis vocales se elegirían de entre los socios protectores, disfrutando éstos en propiedad de los cargos, variando el resto al renovarse la Junta del Círculo.

De los diez vocales, la Junta de la Caja elegiría los que hubieran de desempeñar los cargos de secretario, contador y cajero. La Junta directiva celebraría sesión ordinaria el primer día hábil de cada mes y extraordinaria cuantas veces lo considerase oportuno el presidente o lo solicitasen cuatro vocales.

Los acuerdos serían válidos en la primera convocatoria si se reuniesen la mitad más uno de las personas que constituían la Junta, y en segunda convocatoria, por la mayoría de los que concurriesen.

Se abriría una cuenta corriente a cada impositor anotándose su nombre y apellido, su edad, oficio o profesión, vecindad, y si era menor de edad, los nombres de los padres o tutores; en otras casillas se marcarían las operaciones hasta llegar al saldo de capital e intereses.

Cada fin de año, el día que la Junta señalase, el contador confeccionaría un balance general demostrativo de la situación de la Caja. El cajero sería el encargado de la recaudación de los fondos. Cada impositor recibiría una libreta por la que pagaría cincuenta céntimos de peseta, cuando el ingreso fuese de veinticinco pesetas en adelante, o cuando varias imposiciones de la misma persona sumasen esa cantidad. Esta libreta constituiría el título nominativo intransferible de su propiedad. Debiendo ser presentada en la Caja al hacer nuevas imposiciones o solicitar reintegros.

La Caja de Ahorros debería estar abierta al público, para verificar imposiciones, todos los días que no fueran festivos, excepto los domingos; y para los reintegros se atendería los sábados y domingos, de nueve a once de la mañana.

Las operaciones se registrarían con la fecha del domingo de la semana en que se verificase la operación. El límite mínimo de las imposiciones sería de 0,25 pesetas y el máximo de 5.000 pesetas; las menores se irían acumulando hasta llegar a esta cantidad.

La Caja de Ahorros abonaría un interés del 3 por 100 anual. El plazo comenzaría a contar desde el primer día del mes siguiente al que se hiciese la imposición hasta el día que se pidiese el reintegro. Los intereses se capitalizarían a final de año, fecha en la que también empezarían a devengar.

La Caja de Ahorros y Préstamos del Círculo Católico de Obreros de Haro 1
Primitiva ubicación de la Caja de Ahorros y Préstamos del Círculo Católico de obreros de Haro | Foto: Fernando de la Fuente

La Junta de la Caja podría modificar el tipo de interés si las circunstancias obligasen a ello, anunciándolo oportunamente al público. Los reintegros podrían ser totales y parciales y mayores o menores de 100 pesetas, siendo los de este importe pagados siete días después de haberlos solicitado los impositores, y los menores a la vista. En todos los casos debería presentarse la libreta, en la que se anotaría la cantidad reintegrada. La Junta podría modificar el plazo para el pago de los reintegros, escalonándolos, sin dejar transcurrir un mes.

Las imposiciones que a nombre de otra persona pudieran realizarse, no serían reintegrables a no ser que el interesado acreditase su personalidad y derecho. La Caja de Ahorros destinaría anualmente una cantidad en relación a lo que le permitiesen sus atenciones, para distribuirla en lotes que, previo sorteo, repartiría entre los socios obreros del Círculo que se distinguiesen por su buena conducta y hubiesen ingresado al mes al menos una peseta.

Resultados del primer trimestre

Pese a su dubitativo inicio, los resultados del primer trimestre serían 55 imposiciones, por 11.169 pesetas; y 2 reintegros, por 109 pesetas, que dejarían unas existencias, el 1 de julio, de 11.060 pesetas.

Retomando la Síntesis de la historia de Haro, dice: que el 31 de diciembre de 1939 la Caja contaba con un pasivo de 1.756.600 pesetas y un fondo de reserva de 356.251,02 pesetas.

Aludiendo que en ella ejercerían personalidades independientes y de honorabilidad intachable; como el secretario-contador durante muchos años, Domingo Mallagaray; el Tesorero, completamente obsesionado con su puesto, Florencio Ledesma, que serían sustituidos en sus cargos, tras sus retiros, por Ildefonso Echanove y Jacinto Retes; y éstos por Nemesio Pereda y las eficientes y competentes señoritas Carmen Pousa y Carmen Tosantos Roig, siendo todos ellos acreedores al recuerdo del Consejo de la Caja, antes de su desaparición debido a su fusión, en el año 1943, con la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, que un lustro más tarde, tras obtener los pertinentes permisos, en el mes de noviembre de 1948, pasaría a denominarse Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja.

Entidad que se ubicaría y sigue haciéndolo, bajo la denominación de IberCaja, en el número 6 de la calle de la Vega. Sede de la Caja harense en su fusión, cuando ejercía como presidente José García Medina.

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