El equipo riojano de la ‘Desert Trophy Panda’ ya está en casa. Formado por dos vehículos, el pilotado por Diego Robledo y Ana Belén García finalizó segundo y cuarto concluyeron Álvaro Tecedor y Adelaida Alútiz. Todo un milagro después de los mil y un sobresaltos sufridos durante la prueba. El primero, para empezar movida la aventura, sucedió el primer día cuando otro coche les golpeó de manera frontal. En el accidente, una rueda trasera terminó rajada y la dirección y la puerta del piloto, tocadas. Los sustos no acabaron ahí porque uno de los días de nieve, se abrió el rodamiento que va al diferencial y Alútiz se golpeó la cara con un grillete de una eslinga. El resultado: un diente cascado y heridas dentro y fuera de la boca. ‘Ahora lo recuerdo y me parece gracioso, pero escupir sangre mientras ayudaba a empujar el coche en medio de la nieve… Eso no me hizo tanta gracia entonces’, explica la propia Alútiz.

La lista de sucesos se amplió al día siguiente. Durante un trayecto sobre asfalto, el Panda casi perdió una rueda delantera al soltarse dos tuercas. Apenas estaban suspirando de alivio Tecedor y Alútiz cuando ese mismo día se desenganchó el muelle delantero. El coche pasó la tarde por control de paso lo que les penalizó. Pese a ello, el Panda de los riojanos consiguió llegar a tiempo a meta ‘haciendo rally de verdad’. ‘Hasta tiramos de freno de mano’, indica Alútiz.

Ni que les hubiese mirado un tuerto porque la historia de líos mecánicos y percances iba a continuar un poco más. Primero con un nuevo golpe con otro Panda. El coche de Tecedor y Alútiz terminó con el radiador roto y, aunque se calentaba sobremanera, pudo llegar a meta. Después, cambiaron la caja de cambios pero, con tan mala suerte que los mecánicos se olvidaron de poner el tirante de la tope de la suspensión y se volvió a romper la tapa del palier. Vamos, un no parar. Eso sí, nunca pensaron en abandonar. ‘Hubo momentos de impotencia, de rabia, de no parar de llorar, pero somos unos luchadores y siempre tuvimos claro que no íbamos a abandonar’, confiesa Alútiz. Al menos, el último día no sucedió nada raro. ‘Pero volvimos para España con el eje trasero tocado’, reconoce.

Más suerte tuvieron sus compañeros de equipo: Robledo y García. Antes de salir de España tuvieron problemas con los muelles que cambiaron en Granada y en el último día de la prueba, rajaron el depósito de gasolina, pero le dieron una masilla y pudieron terminar y volver a la Península.

‘Parecíamos los Reyes Magos’

En definitiva, toda una aventura que también tuvo sus alicientes. ‘Me quedo con las amistades que sacamos de la prueba, el compañerismo y lo que hemos podido hacer por toda la gente de allí que no tiene nada’, explica Alútiz. ‘Todo lo que llevábamos para repartir lo hemos dado e incluso cosas que llevábamos para nosotros’. Entre otras cosas, el equipo ha repartido cremas solares, pulseras antimosquitos, botes de gel y champú, material escolar, ropa y comida. ‘Un piloto de San Sebastián nos decía que parecíamos los Reyes Magos’, destaca Alútiz.

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