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Valenciso Cemento 2018, un vino muy peculiar

Es la última oferta de la Compañía Bodeguera de Valenciso, ubicada en la simpática localidad de Ollauri. Un vino cuyo paso por cemento marca diferencias sustanciales con sus homólogos tratados en madera
Foto: Josu Bilbao Fullaondo

En La Rioja se pueden encontrar, en distintas localidades, «lagares rupestres». Son hendiduras talladas por el hombre sobre la roca conformadas por una «pileta» donde se pisaba la uva cuyo jugo se trasladaba por un pequeño canal a un «torco» o depósito para posterior fermentación. Están considerados como origen en la elaboración del vino.

Vienen de antaño, las investigaciones que evidencian como la piedra, la alfarería y posteriormente el hormigón han sido materiales empleados para hacer y criar vino. Depósitos de cerámica, de granito o de hormigón, y si en algún caso desaparecieron, están volviendo con gran profusión a las bodegas.

Los partidarios de este material defienden su utilización ante el acero inoxidable o el roble. Señalan que propician la micro-oxigenación necesaria para la crianza del vino y, al ser un producto neutro, no deja residuos, como puede ocurrir por el efecto de corrosión en la madera. Por otro lado, argumentan que este tipo de depósitos mantienen mejor la pureza del vino y con ello destaca más el sabor de la uva que cuando pasa por las barricas de roble.

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Cemento 2018 es un vino elaborado en depósitos de cemento. De este material, de manera original y decidida, llega el nombre de la marca. Es la última oferta de la Compañía Bodeguera de Valenciso, ubicada en la simpática localidad de Ollauri.

Para los amantes de la uva madur

Se hace con uvas de la variedad tempranillo que llegan desde diferentes fincas próximas a la bodega. Las viñas reciben un tratamiento de «agricultura ecológica», libre de elementos químicos agresivos, como herbicidas, insecticidas, etcétera. Tanto la fermentación alcohólica como la maloláctica, ese proceso en que el incisivo ácido málico se transforma en suave ácido láctico, se lleva a cabo de manera espontánea, siempre en depósitos de cemento, con levaduras «silvestres». Después de una crianza de 30 meses, también en depósitos de cemento, nos encontramos con un tempranillo 100% de 14% de grado alcohólico.

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Cuando el vino, desde su botella de corte borgoñón, se vierte en copa manifiesta una suave untuosidad que al remover estampa en las paredes de cristal ligeras lágrimas de glicerina. Su capa es densa, su color granate oscuro, sin impurezas, resulta luminoso. Aromas complejos entre los que predominan intensos recuerdos a su fruta de origen macerada e, incluso, a frutos rojos silvestres bien maduros.

Sin aristas, sabroso, dominan los sabores frutales que envuelven el paladar y permanecen en boca. Sin lugar a dudas resulta un vino muy peculiar cuyo paso por cemento marca diferencias sustanciales con sus homólogos tratados en barrica de roble. Un vino para los amantes de la uva madura.

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