El Centro de la Cultura del Rioja acogió este lunes EL VINO · ACTO II, una nueva edición del encuentro impulsado por la Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja y la Escuela de Sumillería de La Rioja, que volvió a reunir a sumilleres, profesionales de hostelería, bodegas, alumnos y otros agentes del sector en torno a una forma diferente de hablar de vino.
Si el primer acto abrió un espacio de conversación sobre el presente y el futuro del sector, esta segunda edición quiso detenerse en aquello que hace posible ese futuro: la memoria, el legado y la transmisión del conocimiento.
Durante cuatro horas, las variedades, puntuaciones y fichas de cata quedaron deliberadamente en un segundo plano para hablar de personas, tierra, aprendizaje, identidad, responsabilidad, relevo generacional y de todo aquello que permanece incluso cuando el tiempo avanza.
Cuatro conversaciones, acompañadas cada una por la cata a ciegas de dos vinos, construyeron un relato común: nadie empieza de cero y buena parte de lo que hoy constituye el sector vitivinícola se sostiene sobre conocimientos, decisiones y caminos abiertos por quienes estuvieron antes.
Muga: evolucionar sin renunciar a la identidad
Bodegas Muga abrió la mañana con “Tradición en evolución: construyendo el futuro”, una conversación en la que tradición e innovación aparecieron no como conceptos opuestos, sino como partes de una misma forma de entender la continuidad de una bodega.
La intervención de Juan Muga recorrió cuestiones como el trabajo en viñedo, la sostenibilidad, la adaptación al cambio climático, la investigación, la evolución de los estilos de vino, los mercados internacionales o el papel de las nuevas generaciones.
La conversación puso de manifiesto que preservar una identidad no significa permanecer inmóvil. Al contrario: obliga a entender qué merece conservarse y qué debe evolucionar para que esa identidad siga teniendo sentido dentro de varias décadas.
Marqués de Vargas: la tierra recibida y la responsabilidad de entregarla
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con Bodegas Marqués de Vargas y su conversación “Lo que permanece”. A través de una historia familiar que se remonta a 1840, María Vecino habló de una forma de entender el viñedo que trasciende la propiedad: la tierra como algo que una generación recibe, cuida durante un tiempo y tiene la responsabilidad de entregar en las mejores condiciones posibles a la siguiente.
El vino apareció así como una forma de memoria. En cada botella permanecen una añada que ya pasó, las decisiones tomadas en el viñedo, las personas que trabajaron esa tierra y una forma concreta de interpretar un lugar.
La conversación permitió recordar también a Ana Barrón, quien durante años estuvo al frente de la dirección técnica de Marqués de Vargas y cuya pérdida dejó una profunda huella personal y profesional en la bodega.
Su legado continúa hoy también a través de Graciela Palacios, que trabajó y se formó junto a ella y posteriormente asumió la dirección técnica. El relevo sirvió para reflexionar sobre cómo se transmite el conocimiento dentro de un equipo y sobre la responsabilidad que supone continuar el trabajo de quien estuvo antes.
Una idea resumió buena parte de la conversación: el verdadero legado no consiste simplemente en conservar, sino en cuidar lo recibido para que pueda seguir evolucionando.

Federico de Moura: nunca se termina de aprender
La tercera conversación estuvo protagonizada por el sumiller Federico de Moura, bajo el título “El sumiller y su compromiso de superación”.
Su intervención llevó el concepto de legado al terreno personal y profesional. Formación continua, competición, entrenamiento, capacidad de comunicación, gestión de la presión, curiosidad, humildad y generosidad aparecieron como elementos esenciales de una profesión en permanente evolución.
De Moura defendió una visión de la sumillería en la que el conocimiento técnico constituye únicamente una parte del trabajo. Saber escuchar, interpretar al cliente, comunicar, generar confianza y continuar aprendiendo durante toda una trayectoria resulta igualmente importante.
La conversación puso también el foco en la fuerza que tiene compartir conocimiento entre compañeros. En un ámbito asociado tradicionalmente a la competición, la formación conjunta, los grupos de estudio y la generosidad profesional pueden convertirse precisamente en herramientas para elevar el nivel del conjunto de la sumillería.
Conde de los Andes: custodiar siglos de memoria para construir el futuro
Bodegas Conde de los Andes cerró el bloque de conversaciones con “Memoria que mira al futuro”. Sus históricos calados, sus antiguas añadas y un patrimonio construido durante siglos sirvieron como punto de partida para hablar de una responsabilidad especialmente compleja: hacerse cargo de una historia extraordinaria sin convertirla en algo inmóvil.
La intervención abordó la recuperación y reinterpretación de un patrimonio vitivinícola único, el trabajo individualizado de parcelas, las diferentes formas de crianza y la voluntad de elaborar vinos que puedan seguir evolucionando durante décadas.
La memoria volvió a aparecer aquí no como nostalgia, sino como una fuente de conocimiento. Poder abrir hoy botellas elaboradas muchas décadas atrás permite comprender de dónde viene Rioja, pero también plantea una pregunta hacia el futuro: qué vinos se están elaborando hoy para que otras generaciones puedan mantener esa misma conversación dentro de cincuenta o cien años.

Un homenaje a quienes siguen presentes a través de su legado
El segundo acto de EL VINO culminó con uno de los momentos más especiales de la jornada. La Escuela y la Asociación presentaron un vídeo IN MEMORIAM dedicado a profesionales del mundo del vino y la gastronomía fallecidos en los últimos años: sumilleres, cocineros, enólogos, viticultores, bodegueros, periodistas gastronómicos y otras personas que contribuyeron, desde ámbitos muy diferentes, al crecimiento y evolución del sector.
El homenaje estuvo precedido por una reflexión del equipo de la Escuela que recogió el hilo común de toda la mañana: “Ninguno de nosotros empieza de cero.”
Lo que hoy sabemos, hacemos y somos contiene inevitablemente parte de quienes nos enseñaron, compartieron conocimientos, tomaron decisiones antes que nosotros o abrieron caminos que otros pudieron continuar.
“No podemos evitar su ausencia, pero sí podemos cuidar lo que nos dejaron”, se recordó antes de proyectar las imágenes. El vídeo quiso reivindicar precisamente esa idea: una persona continúa presente en los conocimientos que transmitió, en las personas a las que formó, en los proyectos que ayudó a construir y, muchas veces, en pequeños gestos profesionales que otras generaciones siguen reproduciendo.

EL VINO, un espacio que continúa creciendo
Tras las ponencias, el encuentro terminó con “Vinos y platos”, un espacio distendido en el que los asistentes pudieron continuar las conversaciones y degustar vinos de las bodegas colaboradoras de la Escuela de Sumillería de La Rioja.
Con este segundo acto, EL VINO consolida su vocación como foro profesional de encuentro, pensamiento y conversación, complementando las actividades técnicas y formativas de la Asociación y la Escuela con un espacio en el que detenerse a pensar sobre cuestiones que trascienden la propia copa.
La jornada volvió a poner de manifiesto también el valor del Centro de la Cultura del Rioja como lugar de encuentro para profesionales, empresas, instituciones, estudiantes y diferentes generaciones vinculadas al vino.
Porque si algo atravesó las cuatro conversaciones fue precisamente una idea: conocer el pasado no significa vivir mirando hacia atrás. Significa comprender sobre qué estamos construyendo. Y asumir también la responsabilidad de decidir qué queremos dejar a quienes vengan después.
EL VINO · ACTO II ha sido impulsado por la Asociación Cultural Sumilleres de La Rioja y la Escuela de Sumillería de La Rioja, en el Centro de la Cultura del Rioja, dentro del trabajo conjunto que ambas entidades desarrollan alrededor de la formación, la divulgación y la cultura del vino.






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