Líderes en La Rioja Alta

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Arranca la Regata Internacional de Globos Aerostáticos: “Sobrevolamos La Rioja más Alta”

Surcamos el cielo riojano, pasajeros del viento, a mil metros del suelo. Comienza en Haro la prueba que es valedera para la Copa del Rey de Aerostación

Cuánta emoción reunida en un campo entre Anguciana y Haro, cerca de una finca de Muga. Cuánta expectación. Desde pasajeros que han pagado por el viaje, hasta periodistas, pasando por avezados y experimentados patrones y tripulantes de globos aerostáticos.

Estos ingenios voladores son los que nos han traído aquí, y pronto nos llevarán a mil metros sobre campos y villas.

El objetivo de los participantes en la regata es depositar señales o testigos sobre dianas previamente colocadas en el terreno. En esta carrera, toman parte pilotos de todas las comunidades y tres portugueses. Se juegan este año la Copa del Rey de Aerostación.

A mil metros sobre La Rioja Alta

A los periodistas nos toca ir en un globo con capacidad para 16 pasajeros, el globo de Muga, pero no hay Muga. Y es que la auténtica muga, el límite, si es que lo hay, es el cielo.

Las entrañas del monstruo | Foto: Unai Maraña

Preparación. Nervios. Instrucciones de seguridad. Hora de montar. Nos elevamos. “Bienvenidos al globo”, recibe Oscar Ayala, el capitán de esta nave. “!A disfrutar!”, exclama.

Los campos se extienden cuadriculados a nuestros pies. “Visto así, parece un juguete”, comenta un pasajero.

“¿Eso son tiros?”. Sí, confirma Ayala. De escopeta. Época de caza. La tela del globo no resistiría un perdigonazo. Pero el gozo de la experiencia impera sobre cualquier otra emoción, no hay miedo que valga.

La altura llega a ser tanta, y la ascensión, tan rápida, que se nota en los oídos, pero hemos sufrido viajes más bruscos en avión de línea.

Vuelo firme, sin bandazos

Vamos divisando distintos pueblos cuando, de improviso, Tirgo y Cuzcurrita aparecen iluminados por un sol que hasta ahora se había resistido a salir.
La chaqueta del capitán, oh mi capitán, reza Arcoiris Viajes en Globo, pasajeros del viento, pero el vuelo es firme, sin bandazos, y da la impresión en todo momento de que el piloto va adonde quiere ir. Aunque la realidad puede ser bien distinta en cualquier momento.

Ayala jura por la virgen. “¡Ese vocabulario, que está la tele!”, le amonestan por el ‘walkie-talkie’. Rayos y centellas, que diría el capitán Haddock. Un globo desaparece, fundido a blanco en la niebla. Ensayamos entonces el aterrizaje.

Un globo verde desciende sobre el centro de Bañares. “¿Será para declararse a alguien?”, se pregunta en alto el ocurrente del “juguete”.

El periodista descubre en la base que no ha tomado apenas notas. Pero tiene recuerdos. Y a algunos les puede poner palabras. Como los precedentes, y como el del aterrizaje, agarrados a las asas de la barquilla y en cuclillas, con tres botes, pero más suave que el de algunos vuelos de avión. Atrás queda una experiencia única. ¿Repetimos?

Galería de imágenes | Unai Maraña