Tengo que declarar que yo no estaba en Alsasua. Ya saben, dónde se produjo hace poco una… ¿trifulca tabernaria? ¿Agresión? ¿Paliza? ¿O atentado terrorista? Pues según a quién le pregunten o qué informativo pongan. Pero yo, desde ya, tengo que declarar que no estuve allí.

Y no lo digo por exculparme de nada, ya que yo no tengo nada que ver. Sino porque no fui testigo. Pero, si me piden mi opinión, a esas horas, en una taberna, si los agresores eran del entorno que apoyaba el terrorismo de ETA, y eran tantos, y actuaron con saña, el hecho se tendría que haber saldado entonces con algo más que un tobillo lesionado.

Y eso que lo primero de lo que me acordé tras tener noticia de aquel suceso fue una imagen que tengo grabada en la memoria: cómo en una calle de Bilbao, creo que fue allí, una cámara de seguridad grabó una paliza multitudinaria a un pobre agente de la policía vasca que había sido reconocido por los partidarios del terrorismo.

La indefensión de ese hombre, derribado y pateado en plena calle por una turba me conmueve y horroriza todavía hoy. Y además, recuerdo el miedo en el que vivíamos en esos años los que no pensábamos como ellos aquí en Euskadi. La dictadura del terror. Vivíamos amedrentados por lo que nos podían hacer si nos significábamos.

La violencia engendra violencia. No es un tópico. Y los hombres, educados para no tener miedo, transformamos esta emoción en agresividad

Esto duró hasta hace bien poco. Por ejemplo, la noche de 2008 en la que ETA atentó con una bomba contra la rotativa de EL CORREO, yo estaba trabajando en ese mismo momento en EL DIARIO VASCO, en la redacción situada… justo encima de nuestra propia rotativa. Recuerdo cómo nos miramos los compañeros unos a otros: ¿seremos los siguientes?

Así que no nos den lecciones de lo que es terrorismo o no desde fuera, porque ni siquiera estoy contando todo lo que he vivido o conocido de cerca.

También es sabido que las fuerzas de seguridad lesionan a veces a la gente. ¿Exceso de celo? ¿Gajes del oficio? ¿Daños colaterales? En el calor de la batalla, ellos nunca se ensañan, no. La violencia engendra violencia. No es un tópico. Y los hombres, educados para no tener miedo, transformamos esta emoción en agresividad. Ante el enemigo, ataque, nunca huida. La mejor defensa es un buen ataque, que ya lo decía Napoleón.

Pero yo tengo que declarar no estaba en Altsasua, y mucho menos en las mentes de los implicados, así que no tengo ni idea de lo que pasó. Sí que estaba hace poco en otro bar donde un grupo de mujeres (sí, en exclusiva), habituales del local, sacaron a golpes a un hombre que había querido acceder al otro lado de la barra con actitud violenta tras haber mantenido éste una discusión con las propietarias. Mi amigo y yo fuimos testigos de algún golpe innecesario y del abuso numérico, en una sucesión rápida de violentas imágenes entre las que destacaré también cómo el hombre asió un taburete como arma, posiblemente superado por la situación. Porque no huyó, sino que devolvió los golpes, a un grupo de mujeres que transformaron el miedo natural en coraje y violencia contra él.

Cuando intervino la Guardia Municipal y la Ertzaintza, el sujeto ya había sido expulsado del bar, y los agentes, tras indagar el porqué de las lesiones del tipo, le aconsejaron que se fuera a casa. Menos mal que no intervenimos ni mi amigo ni yo (considero que no fue necesario): si las lesiones se las llegamos a provocar nosotros, podría habernos ocurrido como al chico que tiene que pagar una indemnización altísima al que golpeó por molestar a su novia en San Fermín.

¿Y por qué cuento éste incidente? Porque yo allí sí estaba, y sé lo que pasó, pero aun así me impliqué lo menos posible, y ahora me mojo lo justo y no doy nombres. Y cualquiera entenderá mi postura. Porque la noche no sólo confunde a Dinio.

Lo que sí sé es que menos mal que el expulsado del bar a golpes aquella noche no era Guardia Civil, porque entonces tal vez ahora yo mismo estaría encausado por terrorismo. Sólo por haber estado allí, donde nadie, más que los implicados, sabe lo que pasó realmente. Y cada uno tendrá su versión. En el caso de Alsasua, yo me quedo con la presunción de inocencia, principio básico de cualquier Estado de Derecho, porque ignorarla sería dar argumentos a los partidarios del terrorismo. Y deseo la pronta recuperación del agente lesionado, si no es que se ha recuperado ya del… ¿ataque? ¿Suceso? ¿Atentado? No juzguen ustedes, porque ni ustedes ni yo somos quién para hacerlo.

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