“Omella, un auténtico pastor”

Juan José Omella es un pastor de la Iglesia, uno de los pocos que en todo este tiempo ha escuchado y atendido a las víctimas y supervivientes de pederastia
Juan José Omella en la ermita de San Felices | Foto: Mercedes Pascual

No es que me alegre de la elección de Monseñor Omella como presidente de la Conferencia Episcopal de España. Estoy encantado, como ser humano primero, como cristiano después. Yo soy una de esas personas que no acostumbro a aventurar juicios de valor sobre el prójimo salvo cuanto he conocido al prójimo en persona.

Y me consta que mi sentimiento de satisfacción no es individual. Quienes coincidimos y conocimos a Omella durante su estancia en Logroño y en muchos de los rincones de la geografía riojana, incluyendo Haro, supimos y sabemos de su buen hacer y de su cercanía casi incondicional. Conocí a Juan José Omella durante su presencia en La Rioja, al mando de la Diócesis. He coincidido después con él brevemente en Madrid en los andenes de la Estación de Chamartín y durante una de mis visitas de trabajo a la Conferencia Episcopal de España, justo en la salida de la sede eclesiástica, rodeado yo de periodistas y él marchando para seguramente coger el tren de regreso a Barcelona.

“Un hombre cercano”

Omella es un pastor de la Iglesia, uno de los pocos que en todo este tiempo ha escuchado y atendido a las víctimas y supervivientes de pederastia, un hombre cercano, amable y muy afectivo, ya lo he dicho: un auténtico pastor, alejado del otro perfil, el de los príncipes de la Iglesia. La sonrisa de Omella es amplia, de esas que crea arrugas junto a los ojos. Escuché cierta vez a alguien decir que “una sonrisa natural produce arrugas características junto a los ojos. La gente que no es sincera sonríe sólo con la boca.” Omella es sincero, amigo de los necesitados, sea cual fuere la necesidad, presto a la ayuda, conciliador y responsable.

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Foto: Mercedes Pascual

Me da que Juan José Omella va a realizar una gran labor en su nuevo trabajo y no lo digo por simple intuición, referencias de terceros o elucubraciones íntimas. Lo digo porque hay pocos candidatos en la caduca jerarquía eclesiástica española con los galones de humanidad y misericordia del nuevo presidente. No es un hombre de humanismo navideño, es, como dijo el escritor y político uruguayo José Enrique Rodó de los de “dar a sentir lo hermoso es obra de misericordia.” Enhorabuena, Monseñor y buena navegación.

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