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En defensa de nuestro paisaje

Un paisaje de viñedos como el nuestro, que debería ser elevado a la categoría de cultural por cuanto se constituye en la base de lo que actualmente se denomina cultura del vino, debería haber sido objeto de unas medidas de protección acordes con su excepcionalidad
Vendimia en Viña Pomal
Imagen de la vendimia en Viña Pomal | Foto: Bodegas Bilbaínas Viña Pomal

No resulta fácil en estas fechas preocuparse por asunto alguno que no se encuentre relacionado con los efectos y consecuencias del maldito virus que ha trastocado de un modo inconcebible nuestra normalidad, pero estos días la prensa riojana se viene haciendo eco de un asunto ya por todos conocido y padecido por las detestables e indelebles secuelas dejadas, por su causa y a su cargo, en el ancestral y bello escenario conformado por nuestros campos y viñedos, esto es, por el incomparable y característico paisaje riojalteño.

Muy a pesar de los ímprobos y encomiables esfuerzos y llamamientos realizados desde la Plataforma en Defensa del Paisaje Riojano, desde el Ayuntamiento de Haro, desde los varios grupos políticos en el mismo representados, desde el sector bodeguero y agrario, y desde la propia ciudadanía, los tribunales han terminado avalando la legalidad de la instalación y trazado del tendido de alta tensión denominado ‘Haro Norte’.

Como consecuencia de ello, está al llegar la próxima instalación a lo largo de una franja de más de tres kilómetros de terreno rústico ubicados en el término municipal de Haro, de nuevo tendido eléctrico de alta tensión que, de manera muy directa y de nuevo, va a afectar muy negativamente a nuestro ecosistema, a nuestro paisaje y a nuestro agro. Esto es, a nuestra tierra.

Tal dictamen judicial supone una garantía de licitud y nadie puede poner en cuestión tal extremo, pero también acarrea una derivada de negativas consecuencias paisajísticas, medioambientales e incluso socioeconómicas que, incluso más allá de lo puramente estético o ecológico, hieren el común sentir de cuantos amamos la bella tierra que poblamos y nos enorgullecemos de sentirnos parte de la misma.

Por otra parte y para mayor desgracia, la instalación eléctrica proyectada atraviesa parajes ubicados en una zona que, por sus peculiares y únicas características, bien podría ser considerada como el corazón del viñedo jarrero; parajes éstos que, por cierto, ya resultaron fatalmente profanados por otro tendido anterior.

Medidas de protección acordes a su excepcionalidad

Nuestro sinigual paisaje de viñedos -no hace mucho candidato a ser declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO- no merece ser mancillado por enormes estructuras metálicas que no harán sino generar el lamento de la tierra herida, con claro desprecio de su ancestral destino.

Un paisaje de viñedos como el nuestro, que debería ser elevado a la categoría de cultural por cuanto se constituye en la base de lo que actualmente se denomina cultura del vino, debería haber sido objeto de unas medidas de protección acordes con su excepcionalidad. Y esto es algo que, visto lo visto, no hemos sabido lograr a pesar de su más que justificado merecimiento. Parece ser que siempre llegamos tarde a casi todo.

¿Qué será de nosotros como pueblo si somos incapaces de mostrar la más visible aversión y repulsa ante la continuada degradación de aquello que nos es más propio? ¿Qué pensarán de nosotros aquéllos que nos sucedan?.

Rompamos con nuestro ostracismo y aparente desarraigo y mostremos, de una vez por todas, que amamos todo lo bueno que hemos heredado. Quienes nos antecedieron, aliados con la naturaleza, trabajaron duro para dejarnos algo muy hermoso. Hagámonos dignos legatarios suyos.

Víctor Rosales

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