El eco de los aplausos a los sanitarios

Tan solo espero que comprendamos que tenemos un sistema sanitario de lujo y los mejores profesionales sanitarios del mundo

Vamos venciendo. Es un hecho, una realidad palpable. Y más allá de los datos, del descenso de muertes y contagios y el desahogo sanitario, se nota en las miradas, en los gestos en la calle. Hemos dejado de mirarnos con recelo, incluso con miedo. Las noticias han dejado de ilustrarse tras el crespón negro que ha ataviado nuestro día a día durante unos meses que ninguno de nosotros, hace medio año, creería que llegaríamos a vivir.

Aún queda, obviamente. No debemos bajar la guardia ni echar por tierra lo ganado, desde luego. Y, naturalmente, existe el temor a una nueva oleada cuando regresen los meses fríos, es así. Pero, qué cojones, estamos ganando, permitámonos aplaudir esa alegría.

Y hablando de aplausos… Estos días se darán por finalizados, después de un silente goteo de ventanas cerradas a las ocho, quizá por ese hastío al que nos abandonamos casi por costumbre. O por creer que todo se ha acabado y que la liberación paulatina llevándonos de regreso a una nueva realidad, hace que la ilusión de la victoria devore las rutinas del enclaustramiento.

Es aceptable. Tan solo deseo que el eco de esos aplausos que dejamos de dar no nos haga olvidar a quienes, de aquí a unos días, meses o años, los seguirán mereciendo, con coronavirus o sin él.

Hablaré de nuevo del sector sanitario porque es el que me queda más cerca. Cada cual es libre de hacerlo extensible a todos los gremios que han sido esenciales y valientes durante esta situación, anómala, triste y desgraciada.

“Esos mismos enfermeros son los que han estado sacando sangre contaminada, realizando pruebas sin descanso, exponiéndose un día tras otro al contagio”

Puede que, de aquí a unos meses, no creo que muchos, volvamos a colapsar las urgencias un sábado por la mañana (por la tarde no, que hay fútbol) por un dolor de tripa que nos lleva molestando desde hace semanas. Nos quejaremos, maldeciremos la sanidad que pagamos con nuestros impuestos y a ese médico que nos ha tenido tres horas esperando con nuestro dolor de barriga. Tiempo, este último, que he dedicado a menoscabar el servicio sanitario en las RRSS. Un médico, por cierto, que puede que esté al final de su jornada de guardia de veinticuatro horas, esforzándose hasta la extenuación por sacar adelante a cada paciente. Será el mismo médico al que ahora aplaudimos, el que ha llorado durante la noche por temor al contagio o a contagiar a su familia, pero que al día siguiente se pertrechaba con todos los equipos posibles, para seguir en la batalla.

Puede que, de aquí a unos meses, no creo que muchos, los enfermeros vuelvan a soportar nuestra frustración, eso de que con mi sueldo te pagan a ti, o el esa se piensa que es médico, o la llamada del familiar lejano o amigo que nunca saluda, para ver si le cuela en Urgencias o consigue que le cambien la cita, porque le coincide con el día de la patrona. Esos mismos enfermeros son los que han estado sacando sangre contaminada, realizando pruebas sin descanso, exponiéndose un día tras otro al contagio. Son esos héroes cotidianos de los que ya hablé en su día.

“Ellos no quieren nuestros aplausos sino nuestro respeto hacia sus profesiones”

Puede que, de aquí a unos meses, no creo que muchos, los auxiliares tengan que soportar que los llamen “limpiaculos”, que los celadores no pasen de ser unos “vagos paseacamillas” o que las de la fregona siempre pasan el mocho cuando voy a cruzar. Pero son esos mismos los que durante esta epidemia nos han salvado la vida, los que seguían limpiando, dando de comer, trasladando pacientes, etcétera, mientras nosotros seguíamos la evolución de la pandemia en el salón de nuestras casas, frente a una LG de 50 pulgadas.

Sería una pena que, de aquí a unos meses, todo esto sucediera. Porque esos mismos médicos, enfermeros, auxiliares, celadores, limpiadores, personal de lavandería, cocineros y, seguramente, me dejaré a algún gremio, han peleado por nosotros, han luchado hasta la victoria. Esa misma victoria que ahora celebramos dejando de aplaudir. Probablemente porque así debía ser y porque, sin ningún lugar a dudas, ellos no quieren nuestros aplausos sino nuestro respeto hacia sus profesiones.

La verdadera alegría para ellos no era cuando a las ocho media España rompía a aplaudir. Era cuando un paciente extubado era dado de alta, cuando el familiar de un sanitario daba negativo, al fin, en el PCR, porque su pareja, mujer, marido, hermana… le había traído el COVID a casa (y sé de lo que hablo. Jamás he enfermado con más orgullo). Su alegría venía de mirar la pantalla del ordenador y ver que el número de ingresos por COVID disminuía y la afluencia de Urgencias era asumible. Era eso lo que les impulsaba a seguir bregando, tal y como han hecho hasta vencer.

Tan solo espero que comprendamos que tenemos un sistema sanitario de lujo y los mejores profesionales sanitarios del mundo. Espero y deseo que el eco de esos aplausos que ya no daremos, no nos permita olvidar eso.

Es curioso. Antiguamente se recibía a los héroes de guerra con vítores, y actualmente la victoria de los nuestros la celebramos dejando de aplaudir.

Ernesto Tubía es escritor y técnico de laboratorio

Comentarios