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Turismo ‘slow’ en La Rioja

La Comunidad tiene capacidad para convertirse en un referente para un movimiento que apuesta por la sostenibilidad y el disfrute de las pequeñas cosas
Sendero del Ebro
Camino Natural del Ebro en Briñas.

El denominado ‘turismo slow’ se engloba en lo que se ha llamado ‘movimiento slow’, que surge como reacción a la globalización, la deshumanización y la explotación sin medida de los recursos naturales. Este movimiento propone un cambio de ritmo vital que anteponga la sostenibilidad y el bienestar al beneficio económico.

El movimiento slow surge en Italia ya a finales de los años 80. Su nacimiento se data en 1986 con la campaña iniciada por el periodista Carlo Petrini contra la apertura de un establecimiento de comida rápida en la histórica Plaza de España de Roma.

Sin embargo, pese a tener un largo recorrido, esta “filosofía” se ha empezado a popularizar en los últimos años gracias a un cambio de mentalidad cada vez más expandido. La concienciación sobre los beneficios de tomarse las cosas con calma o de esforzarse por mantener una buena salud física y mental ha llegado incluso a ámbitos donde era difícil imaginársela; cada vez es más común encontrarse a personas que tienen que llevar una vida sedentaria preocupadas por comer sano y practicar yoga, o a ejecutivos de los que antes eran “agresivos” que ahora hacen meditación.

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La lentitud que reivindica el movimiento slow afecta a nuestros hábitos de vida, a lo que comemos y, también, a cómo viajamos. Así, igual que existe una reivindicación de la “comida slow” (slow food) frente a la comida rápida y procesada, también hay un “turismo slow” frente al turismo de la masificación y el querer hacer muchas cosas en poco tiempo sin pararse a apreciarlas realmente.

Turismo 'slow' en La Rioja 1
Museo de Sajazarra.

La ‘slow food’ reivindica el disfrute de la gastronomía

En La Rioja, esto del movimiento slow suena prácticamente a normalidad y, de hecho, el turismo que se ofrece en la Comunidad siempre ha sido el del descanso, disfrute y contacto con la naturaleza. Por ello, esta modalidad de viajeros con conciencia social y medioambiental es potencialmente el público objetivo del plan de sostenibilidad turística de la Mancomunidad de Desarrollo Turísico que forman Haro, Casalarreina, Ollauri, Briñas y Sajazarra.

De hecho, en Sajazarra ya encontramos ejemplos de este tipo de turismo bajo la etiqueta “La Rioja Slow”, un servicio que ofrece la agencia Androsela Walkers, especializada en organizar rutas que los viajeros realizan principalmente andando, tanto por La Rioja como en destinos internacionales.

Un punto importante del slow travel o turismo slow es no confundir lentitud con pereza. Esta manera de viajar no es sinónimo de no hacer nada -dependerá de lo que a cada uno le apetezca-, al contrario, es un turismo que precisamente reivindica el hacer, la experiencia.

Enoturismo

Los viajeros que abogan por este tipo de turismo prefieren hacer cosas a que se las den hechas, ir a los sitios en vez de que les lleven. Una máxima del movimiento es que el trayecto es tan importante como el destino. Las agencias de turismo slow proponen y organizan, pero cada persona puede vivir el viaje a su manera y siempre se deja tiempo y espacio para la improvisación, para dejarse sorprender por el lugar.

Del mismo modo, frente a la rapidez y la inmediatez que se traduce en superficialidad, el turismo slow propone el conocimiento. Las visitas no se quedan en simples fotografías, sino que se intenta que el viajero conozca y se empape de la cultura del lugar, para que sea también una manera de conservarla. Las rutas de senderismo que suponen un contacto directo y respetuoso con la naturaleza, la gastronomía local o la historia de los lugares son grandes alicientes para este tipo de viajeros y, por fortuna, La Rioja cuenta con una excelente oferta en cualquiera de estos aspectos.

En definitiva, el turismo slow incluye muchas actividades; la diferencia con el turismo tradicional es la manera de llevarlas a cabo. El ritmo es distinto, así como también lo es la experiencia, tanto para el que visita como para el lugar visitado. Una experiencia que se basa fundamentalmente en el respeto mutuo.

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