El jarrero Ernesto Tubía, héroe inesperado en el tormentón de Logroño

Junto a su vecino de edificio César, rescataron a los ocupantes de un coche atrapado por el agua en la calle Clavijo durante la tormenta de ayer en la capital riojana
Ernesto Tubia en una imagen del informativo de La Sexta.

“Nos metimos porque estábamos allí. Tampoco lo pensamos. Todo ocurrió muy rápido”. El jarrero Ernesto Tubía y su vecino César estaban arreglando los destrozos ocasionados por la tormenta en su edificio cuando la mujer del primero, Mariola, les dijo que un coche tenía problemas bajo el puente de la calle Clavijo, a escasos metros.

“Cuando llueve siempre esa zona se suele inundar por culpa de la hojarasca que el agua arrastra del descampado cercano. Pero ciertamente no pensamos que el problema era tan grave. Fuimos a ayudar y ya está”, explica Tubía intentando quitarle hierro al asunto.

“Daba cosa y nos dimos prisa”

En el turismo viajaban cuatro personas, dos adultos, una anciana y una chica joven. Ernesto y César se metieron sin pensarlo en el agua cuando les llegaba por el ombligo, pero una arqueta reventó y aquello se puso más peliagudo. “Cuando el agua nos llegaba por el pecho, nos dimos cuenta que teníamos que actuar rápido. Daba cosa y nos dimos prisa”.

Consiguieron sacar a los ocupantes del coche y los pusieron a salvo en una sala que tienen en el edificio residencial en el que viven. Allí los vecinos les facilitaron agua, bebidas calientes, toallas y ropa limpia.

La tarde, en medio de los festejos por San Mateo, se estropeó por completo por culpa del tormentón que reventó en Logroño y que consiguió paralizar la ciudad. “Teníamos pensado ir a los hinchables que están situados cerca de casa, pero la tormenta fue impresionante. La que se preparó fue de dar miedo”. Se acumularon 30 litros en 30 minutos y la temperatura cayó tras la tormenta, de los 30 a los 17 grados. Una locura. Según informa el Ayuntamiento de Logroño en Twitter, los bomberos recibieron alrededor de 25 avisos en 20 minutos.

Tanto es así que los hijos de Ernesto que presenciaron desde la lejanía el rescate protagonizado por su padre y su vecino César estuvieron todo el rato intranquilos. “Pensaron que nos iba a pasar algo, pero por suerte todo quedó en una anécdota”. Y quien sabe si en una nueva aventura para contar en el próximo cuento que escriba Ernesto.