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Nalda descubre el castillo que vieron las tropas de Napoleón en la Guerra de la Independencia

Durante 2020 se ha llevado a cabo una importante campaña de excavación arqueológica gracias a la que han aflorado estructuras que pertenecen a la última fase de vida del castillo
Castillo de Nalda
Trabajos arqueológicos en Nalda.

Tal y como viene siendo habitual desde finales del año 2012, momento en el que el Ayuntamiento de Nalda e Islallana comenzó el proyecto de recuperación del castillo de la localidad, este año se ha llevado a cabo una importante campaña de excavación arqueológica.

Los trabajos arqueológicos han sido promovidos por el Ayuntamiento de Nalda e Islallana, financiados mediante la firma de un convenio con la Dirección General de Cultura del Gobierno de La Rioja, para su financiación y han sido ejecutados por la empresa ArqueoRioja, bajo la dirección de Teresa Angulo Sáenz.

Se ha excavado el sector este de la cima, correspondiente con el interior de la edificación, lo que era un montículo cuya cúspide se situaba a unos 3 metros por encima de la cota del resto, interviniendo sobre una superficie de 300 metros cuadrados.

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Se ha trabajado sobre una zona “intacta”, donde anteriormente no se habían realizado trabajos arqueológicos, por lo que tan solo se tenían escasos indicios sobre lo que las tierras ocultaban. No obstante las expectativas que se tenían eran altas. Se barajaba la hipótesis de que se localizaría el lugar de hábitat principal de la fortaleza, comúnmente llamado ‘torre del homenaje’. “Los resultados obtenidos han estado a la altura de las perspectivas generadas”, señalan.

Descubrimientos

Bajo potentes capas de escombros han aparecido muros, suelos y paredes de distribución interna. Las estructuras que han aflorado conservan una altura de unos 2 metros y configuran una planta compleja en la que al menos hay tres estancias. Los muros que delimitan los recintos son potentes, de casi 2 m de espesor, construidos con sillares de piedra caliza y enlucidos con cal en sus caras internas. Algunos de los espacios presentan compartimentaciones internas, con tabiques de ladrillo. Los diferentes tipos de suelos sugieren que cumplieron diferentes funciones, aún por determinar: manteado de yeso, ladrillos y cantos rodados. Una de las estancias posee un poyo de obra adosado a una de las paredes.

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Como es lógico, las estructuras que han aflorado se corresponden con la última fase de vida del castillo. En esta etapa el edificio tuvo una función meramente administrativa. Alojaba el archivo personal de los señores de Cameros, era el lugar desde donde expedían los documentos oficiales y su residencia ocasional cuando acudían a solventar cuestiones relativas a la gobernanza del señorío.

La aparición de una línea de pilares y un pie derecho confirman que la edificación tuvo dos plantas, tal y como indicaba la descripción procedente del Catastro del Marqués de la Ensenada (1751). Es una referencia escueta que revela que tenía una planta de 50 varas de fondo (unos 41 m) por 50 de frente y una distribución en planta baja, un piso principal y un desván. Nada dice de los elementos propios de un castillo, tan solo que vigilaba en todas las direcciones. Los lienzos que dan al Valle del Iregua presentan unas aberturas abocinadas que podrían cumplir esa función, están realizadas en un muro preexistente, que se engruesa en una obra descuidada y en la que se aprovecha todo tipo de material, lo que hace pensar en una obra rápida, quizá con función defensiva.

Guerra de la Independencia

En conclusión, lo que hoy se puede ver se parece mucho a lo que vieron los soldados napoleónicos, en la Guerra de la Independencia. Según cuenta Pascual Madoz, en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, los soldados entraron al castillo cuando iban tras el general Castaños, rompieron las puertas de hierro y los documentos quedaron a merced del vandalismo de los jóvenes que hicieron con ellos cartucheras y gorras de soldado y otras para divertirse viéndolos arder, en noviembre de 1808. Atendiendo a la documentación, en 1842 el castillo estaba arruinado completamente

Prácticamente la totalidad de los estratos excavados se corresponden con escombros procedentes del proceso de deterioro y destrucción, de los siglos XIX y XX. Los materiales arqueológicos recuperados entre los escombros han sido relativamente abundantes, fundamentalmente restos constructivos fechables en torno al siglo XVI, numerosos fragmentos de entalles de piedra arenisca, molduras de yeso y paredes con pinturas correspondientes con la fase del castillo que se ha denominado “castillo-palacio”.

Para el alcalde de Nalda e Islallana, Daniel Osés, “seguimos dando pasos firmes en el proyecto de recuperación Castillo de Nalda Señorío de Cameros, y los trabajos arqueológicos en el interior de la Fortaleza están cumpliendo con las expectativas que teníamos depositadas, dándonos amplia e interesante información sobre la historia de nuestro Castillo y de Nalda”.

Osés ha finalizado afirmando que “próximamente presentaremos los resultados sobre los interesantes materiales encontrados en la última campaña de excavaciones arqueológicas”.

Documentación histórica

Documentalmente se tiene constancia de la existencia de un castillo coronando el cerro sobre el que se asienta el pueblo de Nalda desde el año 1299. Sin embargo, a tenor de los datos obtenidos en las excavaciones arqueológicas y el análisis de los materiales cerámicos recuperados es posible que el origen del castillo deba situarse con anterioridad al siglo XIII.
Los restos más monumentales que han llegado hasta nosotros se corresponden con el siglo XVI, momento en el que se llevaron a cabo una serie de transformaciones que convirtieron a la fortaleza militar en un edificio de corte más monumental y palaciego, dotado de cierta suntuosidad, para albergar la residencia principal de los señores de Cameros.

A fines del siglo XVII el estado general del edificio no era bueno, motivo por el cual se acometieron una serie de obras para tratar de recuperarlo, estas obras fueron heterogéneas y de aspecto descuidado, quizá debido al momento de decadencia económica que venían sufriendo los titulares del señorío de Cameros. Durante esta última fase de uso, el edificio tuvo una función meramente administrativa. Alojaba el archivo personal de los señores de Cameros, era el lugar desde donde expedían los documentos oficiales y su residencia ocasional cuando acudían a solventar cuestiones relativas a la gobernanza del señorío.

El siglo XIX supuso el abandono y ruina de la fortaleza. Tras la guerra de independencia contra los franceses y la abolición de los señoríos, el castillo quedó a merced del pueblo de Nalda que aprovechó parte de sus murallas como cantera.

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