Más de 70 valientes se ha reunido este sábado en Treviana para plantar cara al frío con un gesto que late a comunidad. En el bar del pueblo, sus parroquianos más constantes montaron una comida popular que convirtió el sábado en un pequeño festival de vapor y aromas. Ocho pucheras ferroviarias trabajaron sin descanso desde primera hora, domando alubias, chorizo, morcilla y costillas hasta lograr un guiso que, según se escuchaba entre cucharada y cucharada, levantaba la boina de puro entusiasmo.
La escena irradiaba ese calor humano que no figura en los termómetros. En pleno invierno, cuando la oscuridad y la soledad suelen ocupar demasiado espacio en los pueblos de la España vaciada, esta iniciativa se alzó como un farol encendido. Un encuentro sencillo que avivó la vida del pueblo y recordó que, incluso en los meses más duros, Treviana sabe hacer hervir el ánimo.
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