Roberto Rivera (Haro, 1965) presentó esta semana en su localidad natal su último libro, ‘El gran salto’ en el que colaboran, entre otros, otro artista jarrero, Rafa Pérez (Haro, 1957). Editado por Siníndice, esta nueva aventura literaria podría ser definida como una novela fabulada en la que su protagonista, un pequeño aguilucho, que aún no ha abandonado el nido, decide lanzarse al vacío para constatar si es capaz o no de volar por su cuenta.
El Centro Fundación Caja Rioja acogió una concurrida presentación en la que además de Rivera también participaron el doctor en Filosofía, Javier Sánchez, el artista Rafa Pérez y la editora Judit Arteaga.
¿Cómo definirías ‘El gran salto’, tu último libro?
No sé… No sabría cómo calificarlo porque es un texto que se mueve a medio camino entre todo lo que he hecho. Tiene descripciones poéticas, diálogos muy teatrales… pero sobre todo un recorrido y una intención. La de formular preguntas y dar alguna que otra respuesta para que el lector tenga la tentación de entrometerse, con la mejor de las definiciones, en los diálogos que mantiene el protagonista para extraer otras respuestas. Es, en realidad, un texto abierto, muy abierto.
Pero ¿en qué sentido es un texto tan abierto?
En el de conceder a cada uno de los lectores la última palabra, reconocerles partícipes también, no sólo de lo que se ha escrito, sino de lo que se podría llegar a escribir.
La protagonista, una cría de águila
Y su protagonista no es muy común: una cría de águila
Sí. Una águila muy de aquí. La descripción inicial da pistas de dónde está asentado su nido y a dónde regresa. Llegado el momento, si no ha cumplido el proceso de formación que se exige para sobrevivir al primer vuelo, lo cierto es que tiene la osadía de asumir que se ha cumplido ya.



Así el lector tiene la oportunidad de seguir a esta cría de águila en un recorrido de aquí para allá.
Si. Por medio mundo conocido. Desde el norte de España hasta la Meseta Castellana, el Caribe y Argentina tras superar el Atlantico, y hasta Judea y el Norte de Europa.
Pero parece el texto es más que todo eso.
Lo curioso, no obstante, es que ese vuelo interminable por el orbe no impide que, de forma paralela, se esté formalizando de forma paralela un viaje interior, mucho más intenso e interesante.

Decías en la presentación que no se parece en nada a lo que has escrito hasta ahora.
Nunca antes me había metido en un berenjenal como este, que no se parece en nada a lo que he escrito hasta la fecha… pero que también es un trabajo muy íntimo en el que he tenido la suerte de trabajar con gente que forma parte de este curioso universo creativo e intransferible.

Y ese universo es en conjunto un grupo que también ha puesto su granito de arena en el libro.
Desde la agencia Crea 3, que ha diseñado el formato final, hasta Joaquín Echeverría, el padre de Ignacio, el héroe del monopatín de Londres, que deje a las claras por su humanidad, humildad y generosidad, compartidas con su esposa Ana, por que alguien como aquel chaval se jugó la vida por los demás. Y, como no, también a Judit Arteaga que sigue confiando en todo lo se me pasa por la cabeza y lo lleva como editora al papel, con todo lo que debe suponer trabajar en el proyecto de su hijo Enzo junto a Diego Iturriaga, que tal baila; y por enésima vez a Rafa Pérez con el que no sólo es sencillo volar, porque resulta de lo más espontáneo, sino una aventura maravillosa dentro del proceso de creación que cada vez me asombra más. Es él el que hace este libro infinitamente mejor. Habla con una paleta de colores que podría parecer restringida, pero con una versatilidad y exhibición formal que apabulla. Es un privilegio. A todos les agradezco haber sentido que viajaban conmigo, como lo han hecho quienes me ayudaron a levantar el vuelo y ver las cosas con más perspectiva.





