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Centenario de la creación y desaparición de la revista ‘Tierra Riojana’

La prensa es la Universidad del pueblo, según manifestaciones de Charles Wesley Emerson, fundadador en 1880, de la Universidad privada enfocada a comunicación y artes que, ubicada en Boston, lleva su nombre

Muchas han sido las publicaciones que se han impreso y distribuido en nuestra ciudad, no voy a citar títulos de libros, ni mucho menos de periódicos o revistas semanales o bisemanales u otra clase de medios consultivos, pudiéndose cifrar en número cercano a la treintena, basándonos en lo que nos dice Domingo Hergueta en sus Noticias Históricas.

Escritos culturales e informativos que habían existido en épocas de mayor esplendor literario, fechas en que, según el señor Castiella Santafé, Haro había sido “el emporio de la cultura riojalteña” pero, que, recién comenzada la década de los años 20 del siglo XX, carecía en absoluto de los elementos necesarios para transmitir las palpitaciones de una Ciudad que debería acogerse al amparo de la prensa logroñesa para que vieran la luz pública.

Haro, seguiría diciendo, debía, podía y quería tener un buen semanario que reflejase en interesante miscelánea todas las noticias y comentarios hebdomadarios de la Ciudad. En fin, toda su vivencia fuese de la índole o género periodístico que surgiera estando a la espera de que todos los intelectuales harenses, abundantes, según comentaba, comprendieran la sinceridad y nobleza de su intención y se prestaran desinteresadamente a colaborar en la misión cultural. Confiando, asimismo, en las grandes Empresas, los industriales, comerciantes y vecinos para, con sus anuncios y suscripciones, apoyar la viabilidad de esta obra sobre la que quizás muy pronto podría alzarse una espléndida floración de fecundas iniciativas.

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¿Qué semanario quería crear? Sencillamente Tierra Riojana. A mi criterio la más citada en la historia de la Ciudad, pero también la menos leída pese a su diverso contenido. Y aunque, en este artículo no tenga nada que ver, no puedo evitar recordar y citar al ‘Príncipe de los periodistas harenses’ o ‘El más harense de los periodistas y el más periodista de los harenses’, el gran defensor de los derechos jarreros ante numerosos agravios, Alejandro Lacalle García. Otro gran olvidado al que en su día rememoraré con respeto, admiración y cariño.

Pero volviendo a ‘Tierra Riojana’, la revista sería ideada por Felipe Castiella Santafé, que ejercería como director, maestro nacional que había llegado destinado a nuestra ciudad el 14 de julio de 1915, que creyéndose integrado en la idiosincrasia harense a finales de 1921 y de acuerdo con un apreciable número de intelectuales vecinos y foráneos, entre los que se encontraban: Dámaso Gorbea, como administrador; Cristóbal de Castro, Félix Martínez Lacuesta, Ramiro de Maeztu, Julián Fernández Ollero, Isaac Abeytua, Manuel Mozos, Víctor Risueño, Manuel Lorenzo Pardo, Santiago G. Baquero, Agustín Gómez Cruzado, Santiago de Ugarte, Juan M. Zapatero, Conde de Hervías, Ricardo Etcheverría, Felipe Lagunilla, Agustín Alba, Emilio Francés, Alfonso M. Francés, Alejandro Gallego, Francisco Loma, Felipe Ruiz del Castillo, José Luis Mozos, José Fernández Ollero entre otros –dudo, o más bien aseguro, si hoy en día Haro podría aportar, siquiera, una décima parte de personas con los conocimientos de los citados que se preocupasen por el bienestar y desarrollo de la ciudad- decidieron su nacimiento y en la que a modo de saluda, comenzarían diciendo:

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«Hemos de cumplir elementales deberes de cortesía, obligada en estos casos y así sean nuestras primeras palabras, el saludo más efusivo a nuestro público local…»

«Confesamos ingenua y sinceramente que nuestra empresa será lo que ese, ese público, a quien aludimos antes, sentencie…» Palabras llenas de ilusión, humildad y sinceridad. Pero la realidad siempre o casi siempre dice que hay que esperar lo inesperado, pese a la buena voluntad y trabajo de los implicados.

No hay que dudar que esta revista sería, con seguridad, demasiado avanzada para los vecinos de aquella época e incluso para numerosos de la actual, que nadie se ofenda pero es una realidad, siendo su único propósito ése, inculcar cultura y opinar sobre todo lo acontecido y mejorable en la ciudad apuntando iniciativas que hubiesen conllevado a un despegue, tal vez, incluso económico de Haro.

Pero el esfuerzo realizado sería baldío, puesto que solamente lograrían sobrevivir un año, desde el 1 de enero de 1922 hasta el 31 de diciembre del mismo año. Día éste en la que los articulistas que habían seguido trabajando hasta el último momento nos dejarían una desalentadora y triste despedida que, aunque no hay que dudar que en algún aspecto hemos mejorado, en sus argumentaciones reflejan hábitos o usanzas que siguen acompañándonos en nuestros días.

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