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Cafetería Bilibio cierra con la «alegría» del deber cumplido

Manuel Calvo e Isabel Hernáez, más de dos décadas al frente del histórico establecimiento de la calle de la Vega lo asumen con sinceridad: "Es ley de vida"

Otro mítico bar que cierra en Haro. Y lo hace por circunstancias similares a los de otros históricos establecimientos: por jubilación. Lo asumen con conocimiento de causa Isabel Hernáez y Manuel Calvo al bajar la persiana del local este pasado martes: «Ley de vida».

Manolo e Isabel sirvieron este martes las últimas bebidas y pinchos a sus clientes después de 22 años y medio en el local donde se han dejado la vida, uno de los señeros de una de las calles con más historia de la ciudad jarrera como es La Vega. Cerquita de allí, en el antiguo Suizo, Manolo, cuando sólo era un mocete de 16 años, comenzó su andadura como camarero, y luego en el Bilibio, junto a su mujer Isabel, más cocinera que camarera (sus geniales y premiados pinchos así lo reconocen), donde ha trabajado a destajo dando alegrías a su clientela fiel.

Pero la historia se acabó. «Ni un minuto más», reconocía Manolo en su despedida. Tras 47 años de cotización en un sector que se se ha demostrado de lo más duro, a nivel profesional, no tuvo la más mínima duda. Llegaba el momento de descansar al fin, y con ello forzaba el cierre de un local que queda a la venta. Su mujer Isabel confía en que sea tomado «por alguien que llegue con ganas, que le dé vida, que haga pinchos y menús y que siga haciendo feliz a la gente.

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Volver a su pasión: las clases de cocina

Su deseo final es que, al igual que ellos, afronte el futuro con la misma ilusión con la que abrieron en su día las puertas. Porque Isabel, a la que le quedan aún años por delante para completar su trayectoria laboral, ya se le están abriendo los ojos pensando en hacer lo que conoció hace muchos años y que no pudo seguir haciendo, porque de Haro a Burgos hay 90 kilómetros que, a diario y durante dos intensos años, se le convirtieron en una auténtica losa. Quiere volver a ofrecer «clases de cocina», enseñar a moverse entre pucheros para extraer lo mejor de cada cosa. Tal y como ya hizo cuando se llegó de Nájera, su localidad natal, para trabajar dos años en El Portal de La Rioja y seis más en las cocinas del Beethoven.

Cafetería Bilibio cierra con la "alegría" del deber cumplido 1
Isabel Hernáez quiere volver a lo que le apasiona, volver a dar clases de cocina.

«Es lo que me apasiona y a lo que me voy a dedicar los próximos años», avanza. De hecho es lo que la motiva y el argumento que justifican los dos porque se siente, como Manolo, «alegre» de que haya llegado este momento, a pesar de todo.

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Si algo echaran de menos será «a la gente de a diario, a los amigos con los que hablabas todos los días. Es lo mejor de este oficio. Yo llegué de fuera y, si ahora conozco a gente de Haro con la que he entablado amistad ha sido gracias al hecho de trabajar en este negocio», cuenta Isabel.

Cafetería Bilibio cierra con la "alegría" del deber cumplido 2
Fiesta de despedida en Cafetería Bilibio.

Y la despedida del Bilibio fue entre risas, música, vino, pinchos, y entre amigos. Muchos de ellos los fijos de cada día acudían al local a disfrutar de un vino y un pincho, del café de cada mañana o de lo que ofreciera la vistosa barra de cocinados preparados con mesura por Isabel. Ella y su marido Manolo, después de más de dos décadas dedicadas a su clientela, están de fiesta y bien merecido lo tienen.

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