‘Super 8’ es un remiendo. Sin duda. Pero un remiendo de calidad. Como esos pantalones Levis que duran media vida. Abrams fue uno de esos directores que crecieron con el cine de Spielberg como máxima aspiración, como el sueño a alcanzar.

En la silla de productor de ‘Super 8’, Steven Spielberg, ha puesto su granito de arena. Un buen puñado, de hecho. Pero quizás haya sido más la propia influencia de Spielberg como cineasta, como ejemplo para Abrams, que la propia mano del director de ‘Tiburón’ en la cinta. Y si no que se lo digan a Michael Bay con ‘Transformers’, donde los tintes ‘spielbergnianos’ son más escasos. Pero con ‘Super 8’ pasa algo distinto. La cinta, que se estrena en agosto, podría haber sido firmada tranquilante por Spielberg hace tres décadas. Por su temática, por su puesta en escena de ese cine ochentero que rompía las taquillas un fin de semana sí y al otro también. Espectáculo y buen gusto. Eso es lo que tiene ‘Super 8’. A raudales.

Spielberg ya mostró muchos de los aspectos que ofrece la historia de ‘Super 8’ en títulos como ‘Tiburón’, ‘E.T’ o incluso en ‘Encuentros en la tercera fase’ y en ‘La última cruzada’.

Quizás con ‘Tiburón’ es el título con el que más parecidos razonables tiene ‘Super 8’. Y ninguno chirría. La sensación de ‘deja vu’ está aplacada, suavizada, gracias al buen hacer de J.J.Abrams, al guión y a los personajes. Abrams logra algo parecido que ya hizo con ‘Star Trek’ y como productor de ‘Monstruoso’ en la que dio más de un buen consejo a un buen amigo como el director Matt Reeves.

El sentido de espectáculo que tiene Abrams es el de los de antes, el de los directores como el propio Spielberg, John McTiernan, Richard Donner, Robert Zemeckis… En definitiva, el estilo de la vieja escuela del género. Se nota hasta en la puesta en escena. Por ejemplo, en las secuencias nocturnas con las luces y rayos azulados brillando ante la cámara (directores de fotografía como Jan de Bont-‘Jungla de cristal’- ya lograron el mismo efecto)… Y al igual que logró Zemeckis con ‘La niebla’, ésta sí es una peli de monstruos y con alguno que otro transfondo bien conseguido: familias desestructuradas, padres ausentes, adultos con la mente anclada en el pasado y jefazos que no reconocen lo que se les viene encima. Sólo cuando la destrucción es más que evidente.

Abrams logra que regresemos a los 80 y lo pasemos bomba, y encima con un reparto de actores poco conocidos que funcionan. Nostalgia, nostalgia y nostalgia.

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