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La Caja de Ahorros Municipal de Haro

La Caja admitiría imposiciones desde 1 a 250 pesetas y cada impositor podría seguir ingresando cuantas cantidades desease, pero solo devengaría intereses para los que no rebasasen las 2.000 pesetas
Antigua puerta de acceso al Ayuntamiento y a la pretendida Caja de Ahorros Municipal de Haro | Foto: Fernando de la Fuente

A comienzos de junio de 1904, en sesión celebrada el viernes día 17, se daría lectura de una razonada instancia presentada por el joven juez municipal Félix Martínez Lacuesta acompañada de un proyecto que contenía las bases para la fundación de una Caja de Ahorros en la Ciudad. La Corporación, tras ver con agrado tan importante trabajo, le otorgaría un voto de gracias y designaría una Comisión, integrada por los ediles José Sáenz de Santamaría, Virgilio Sanjuán y Emilio Fernández, para que en unión del autor del proyecto estudiasen las bases para en su día dar cuenta al Ayuntamiento para resolver en definitiva.

Noticia filtrada unos días antes a la prensa que a título informativo para los harenses publicaría, el miércoles día 15 del mismo mes, algunos detalles entre los que se reflejaban:

Que la Caja de Ahorros Municipal de Haro sería constituida bajo el patrocinio y garantía del Ayuntamiento, quien subsidiariamente sería el responsable de todas las obligaciones que la nueva entidad de ahorro contrajera.

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Para su gestión se crearía una Junta directiva integrada, por el Alcalde como presidente; dos ediles designados por el Ayuntamiento y el Cura párroco como vocales natos, y cuatro vecinos que serían designados por los anteriores. Y que una vez instaurada y ya en funcionamiento la Caja, la Junta designaría, entre los impositores, otros cuatro vocales, con el carácter de suplentes, ejerciendo como secretario, sin voto, el contador de la Caja.

Patrocinio y garantía del Ayuntamiento

Para los gastos de instalación y demás necesarios para su inicio, el Ayuntamiento fijaría una cuota anual, en concepto de subvención, reintegrable cuando los beneficios lo permitieran e invitaría a los vecinos, a que por una sola vez otorgasen donativos desinteresadamente o en calidad de devolución.

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La Caja admitiría imposiciones desde 1 a 250 pesetas y cada impositor podría seguir ingresando cuantas cantidades desease, pero solo devengaría intereses para los que no rebasasen las 2.000 pesetas.

En las imposiciones no se admitirían fracciones de peseta ni calderilla. Fragmentos que podrían recogerse en las escuelas y otros centros con la venta de bonos de 5 y 10 céntimos, canjeándose por libretas cuando el interesado reuniese los suficientes para completar la cuota mínima fijada a las imposiciones. El interés para las imposiciones se fijaría en el 3 por ciento anual, comenzando a devengar los días 1 y 16 de cada mes, aun cuando se ingresase antes de estas fechas.

El 31 de diciembre de cada año se abonarían en la cuenta de cada impositor los réditos vencidos, los cuales devengarían intereses a partir del día siguiente. No pagándose interés a ningún impositor que no lo hubiera sido por más de un mes.

Los impositores podrían retirar sus ahorros cuando lo creyeran conveniente entregándoseles, al momento, las cantidades que solicitasen inferiores a 50 pesetas, y en un plazo prudencial los que excediesen esa cuantía y la cancelación de la cuenta.

Los fondos que la Caja recaudase se invertirían en cédulas del Banco Hipotecario, valores cotizables del Estado y en préstamos a los labradores para atenciones agrícolas y por plazos que no excediesen los noventa días, pignorando frutos mostrados o con la garantía de la Comunicad de labradores, gravándose con un interés del 0,50 ó 1 por ciento más de lo que produjeran los títulos de la Deuda pública. La Caja no podría dedicar a estos préstamos más del 20 por ciento de los capitales impuestos y no tendría en metálico menos del 8 por ciento.

Para no malograr la institución en sus comienzos con gastos superiores a los beneficios, aquellos se limitarían en lo posible instalándose la Caja en una dependencia municipal, procurando que el Director fuese cargo honorífico y que el personal auxiliar perteneciera a las oficinas del Ayuntamiento. Personal que podría reducirse al Director-depositario y a un Contador-secretario, que provisionalmente pudiera ser el municipal. Cuando los beneficios lo permitieran la Junta podría dotar de sueldo a ambos cargos. Además, la Junta nombraría un vocal semanero que inspeccionase el funcionamiento de la oficina.

Si el Ayuntamiento acordase la constitución de la Caja, la Junta designada se encargaría de confeccionar el reglamento correspondiente y demás necesario para el régimen y desarrollo de la institución. Y cuando las condiciones lo permitieran, se fundaría un Monte de Piedad bajo el mismo Patronato, garantía y dirección.

Para estudiar el asunto la Comisión municipal se reuniría en el Ayuntamiento, el viernes 1 de julio, llegando a un acuerdo para la constitución de una Junta provisional, en la que figurarían como vocales natos el Alcalde y el cura Párroco, que redactase el reglamento definitivo y definiese el resto de trabajos preliminares de los que se daría cuenta, para su aprobación, en una reunión más amplia.

Junta directiva que sería una realidad el jueves 28 de julio de 1904, según la prensa editada el día 31 del mismo, quedando integrada, por: el Alcalde Luis de Salcedo, como presidente; el párroco Modesto Benito Villanueva y de los concejales Emilio Fernández Baquero, José Sáenz de Santa maría y Virgilio San Juan, como vocales natos; y los vecinos Recaredo Sáenz de Santa María, Leopoldo Noguerado, Enrique Ugalde, Alfredo Ardanza y Pedro Pablo Gato, como electivos; ocupando el puesto de secretario Ángel García Arbeo.

Asimismo, se nombraría vicepresidentes a Recaredo Sáenz de Santa María y Leopoldo Noguerado. Siendo designado Director Félix Martínez Lacuesta.

El mismo día se daría lectura del reglamento, todavía provisional, presentado por Félix Martínez Lacuesta y se propondría al Ayuntamiento su debate y aprobación para gestionar los trámites legales previos al funcionamiento de la Institución. Proyecto que sería estudiado por una Comisión integrada por los ediles Jenaro Martín, Juan Pablo Huerta, Pio Izarra y Emilio Sáenz-López.

El 27 de noviembre se daría lectura de un informe de los ediles Jenaro Martín y Pio Izarra, estando de acuerdo que se aprobase el artículo 1º del reglamento en la forma que se hallaba redactado, “que la garantía que preste el Ayuntamiento debe ser absoluta si se ha de inspirar confianza al impositor, destinándola de otro modo a una muerte prematura y porque aun en el improbable caso de un cataclismo la desgracia había de ser general y entonces hasta podía sentirse satisfecho el Ayuntamiento al indemnizar al honrado trabajador de la localidad que con privaciones había conseguido un ahorro”.

No así los señores Sáenz-López y Huerta que presentarían otro informe, aduciendo que la garantía debería ser limitada. Para solucionar la disparidad de pareceres se acordaría proponer al autor del reglamento una aclaración en cuanto a la forma y clase que debía asumir el Ayuntamiento, encomendándose el asunto al Alcalde Luis de Salcedo.

El día 30 de noviembre el Alcalde Luis de Salcedo daría cuenta de su entrevista con el señor Martínez Lacuesta, que le informaría que, el reglamento había sido presentado como bueno y conveniente a los intereses locales, no teniendo porque modificar su articulado. Siendo al Ayuntamiento, como patrocinador de la Caja, a quien correspondía aprobar o modificar los artículos que considerase convenientes.

Al no llegarse a un acuerdo sobre el tipo de garantía que el Ayuntamiento debería de prestar a la Caja de Ahorros se pondrían a votación ambos dictámenes, quedando aprobado el de los señores Martín e Izarra, garantía absoluta, apoyado por los ediles Antonio Cano, Virgilio San Juan, Pedro Aragón, Atanasio Aguiñiga y el Alcalde. Votando por la limitada los señores Toribio Ceballos, Primitivo Gallego, Juan Pablo Huerta, Emilio Sáenz López y José Sáenz de Santamaría.

Pero es de suponer que tan trascendental garantía, estudiada con mayor detenimiento, haría recapacitar a los munícipes que, presumo, abandonarían el proyecto, ya que ninguna otra noticia he encontrado en las Actas del Ayuntamiento ni en la prensa de la época.

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