Imagen detalle del Panteón Real | Josu Bilbao Fullaondo

Pocos vestigios quedan de lo que fue el Castillo y corte del Reino de Nájera. Sede de una monarquía que tuvo siglo y medio de existencia, entre los años 918 y 1076. La fundó el rey Sancho Garcés de Pamplona en territorios conquistados a los musulmanes a las orillas del Ebro. Su trono fue ocupado consecutivamente por cinco de sus herederos, hasta que los territorios se repartieron entre Castilla y Aragón.

La muestra más relevante que perdura de aquel reinado es un monasterio que guarda el mausoleo de quienes fueron sus mandatarios. Lo ordenó construir García Sánchez III, el “Najerino”, quinto y penúltimo miembro de la dinastía. Como es frecuente en estos casos, la ubicación del convento vino precedido por lo que se quiso entender como una señal o encuentro divino.

De esta manera, se cuenta que en 1044, el rey participaba en una partida de caza de cetrería por los alrededores boscosos de su castillo. Siguiendo el vuelo de su halcón fue a parar hasta una cueva donde encontró un rudimentario altar con la imagen de una virgen. A uno de sus lado había una campana, al otro una lámpara. En el centro, a sus pies, un vasija con azucenas. Impresionado el monarca con su descubrimiento, y después de la conquista de Calahorra, ordenó construir en aquel lugar lo que en la actualidad se ha convertido en el “Monasterio se Santa María la Real”.

Paso obligado en el Camino de Santiago

Adentrados en el siglo XXI, el convento najerino se ha convertido en paso obligado en el Camino de Santiago y visita turística para quienes desean conocer lo que precedió al reino de Navarra.

Después de pasar por ventanilla, la visita regulada al Monasterio de Santa María La Real en Nájera empieza atravesando la puerta del emperador Carlos V. Su construcción data de 1594. Está dedicada al monarca en agradecimiento a las ayudas recibidas para mantenimiento y remodelación del convento, entonces gestionado por frailes benedictinos, hasta el 2017 por franciscanos, y en la actualidad por un Patronato encabezado por el Gobierno de La Rioja y el Gobierno de Navarra.

Imagen exterior del Monasterio de Santa María La Real | Josu Bilbao Fullaondo

Atravesada la puerta principal llegamos al “Claustro de los Caballeros”, de estilo gótico plateresco. Algunas efigies descabezadas recuerdan como las tropas napoleónicas se entretuvieron haciendo puntería mientras ocuparon el lugar en 1809. Tras la desamortización de Mendizábal sirvió de cárcel, cuartel, escuela e incluso, su parte ajardinada, como plaza de toros. En la actualidad sus pasillos guardan la Capilla de Doña Mencía López de Haro y el mausoleo de Don Diego López de Haro, X Señor de Vizcaya.

Desde el claustro, por una puerta de nogal de talla y ornamentación plateresca, se accede a las tres naves de una iglesia de estilo gótico tardío. Además del altar mayor, con la imagen de “Santa María la Real”, alberga el Panteón de los Infantes, el sepulcro de Blanca de Navarra.

Al fondo, bajo un “Coro” con sillería “gótico florida”, se encuentra el acceso al “Panteón Real” donde están enterrados miembros de dos dinastías navarras. La de Jimena o Abarca y la del rey García Ramírez, el “Restaurador”, padre de Blanca de Navarra.

Tras el panteón, flanqueada la entrada por los fundadores del monasterio, Don García y Doña Estefanía, se accede a “La Cueva” presidida por una talla gótica del siglo XIII de la “Virgen de la Rosa”.

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