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“Digo orgullosamente que soy de pueblo, porque Haro es mi pueblo”

Nombrado recientemente como seleccionador nacional absoluto, Luis de la Fuente fija la clave de su éxito en la infancia y en todo lo aprendido en Haro
Luis de la Fuente en su presentación como nuevo seleccionador nacional absoluto | Foto: RFEF

En la construcción de Luis de la Fuente Castillo (Haro, 1961), convertido recientemente en flamante seleccionador nacional absoluto y sujeto por ello a millones de bares de presión, el futuro se asienta en el presente, pero sobre todo en todo lo aprendido en el pasado. Al afrontar cada uno de los retos, el entrenador siempre se acuerda de su Haro natal, donde recarga pilas cada vez que puede.

De hecho, en la ciudad jarrera fue donde arrancó una apasionante trayectoria que le llevó a la cumbre con la camiseta del Athletic (dos ligas, una Copa del Rey y una Supercopa de España). Con los rojiblancos (luego con Sevilla y también con el Alavés), recorrió con brío el exterior de la banda para afianzarse después como entrenador profesional. En la estructura de la Federación Española de Fútbol (RFEF) desde 2013, para ir después dando pasos, la mayor parte de ellos brillantes, hasta llegar a lo más alto de su organigrama.

Luis de la Fuente siempre ha dado gran importancia al arraigo.

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Del arraigo, las raíces, el origen… Constituyen la base de una persona y en este caso de mi persona. Tengo una vinculación muy importante con mi tierra, con mi pueblo, con Haro y con todo lo que significa mi niñez y mi familia.

De esta manera parece que le resulta más fácil valorar todo aquello que ha conseguido y hasta dónde ha llegado.

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Yo digo muy orgullosamente que soy de pueblo, porque Haro es mi pueblo. Tengo unos orígenes normales, los de una persona de pueblo que disfrutó de una infancia maravillosa en la que hice grandes amistades. Fui a un colegio fantástico y tuve unos profesores que me enseñaron mucho, una gran familia y sobre todo los sueños de un crío en un pueblo de los años setenta. ¿Quién iba a pensar en aquella época y en Haro que un niño iba a poder desarrollar una vida profesional tan larga y, gracias a Dios, tan exitosa, y además en un mundo como el del fútbol? El primero que no lo podía imaginar era yo.

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Luis de la Fuente saluda a familiares en el estadio de Las Gaunas | Foto: Antonio Corral

“Para mí Haro es mi refugio, mi descanso, mi paz”

Y un paso más en una larga trayectoria es convertirse en seleccionador nacional absoluto y afrontar el desafío de alimentar la ilusión de todo un país.

Bueno. Cuando estás metido durante tanto tiempo en esta vida y has ido desarrollando actividades profesionales, siempre vinculadas a este deporte, pero desde diferentes ámbitos, porque también fui jugador y delegado antes que entrenador, todos los pasos que vas dando son uno más. Nunca tuve un objetivo concreto. Sólo pretendía seguir avanzado, ser cada día un poquito mejor. Y esa forma de caminar por la vida me ha traído hasta aquí. Es lo que trato de explicar a todo el mundo. Sobre todo a mi familia, a mis hijos y a la gente que depende de mí profesionalmente, que esta vida es una maratón.

Parece que Luis de la Fuente se desmarca de esa tendencia social que nos induce a competir con los demás. Es más tomarse a sí mismo como referencia y en perseguir la evolución personal como desafío.

Es muy sencillo. Se trata de ser hoy mejor de lo que fui ayer. En el plano profesional y en el personal. Quiero ser mejor persona de lo que fui ayer y mejor profesional de lo que fui ayer. No compito porque considere una frustración no lograr un objetivo. No puede ser frustrante cuando lo has intentado y has luchado por conseguirlo. Y siempre se puede mejorar. Es otra de mis premisas, una forma de entender la vida. Ser mejor persona, mejor profesional, mejor amigo, mejor padre, mejor hijo… De esa manera sólo puedes obtener recompensas y satisfacciones.

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Luis de la Fuente (cuarto en la fila de arriba desde la izquierda) en un partido con el Athletic Club de Bilbao | Foto: Rupeva – Wikipedia

Y Luis de la Fuente afrontó el reto muy joven. A los 15 años ya había salido de casa.

Fue muy duro. Eran otros tiempos, pero siempre sentí el apoyo de mi familia, mis padres y mis amigos. Y eso facilitó mucho el proceso cuando decidí salir de casa en un contexto en el que te ibas a otra ciudad, con medios de transporte que eran los que eran, con algún autobús y tren de vez en cuando… Las carreteras obligaban a realizar horas de desplazamiento… ¡Ahora parece todo tan sencillo! Haces una videollamada desde Australia y parece que estás aquí mismo. En aquel contexto ¡claro que era duro para todos quienes nos íbamos de casa! Y más cuando dejabas un ambiente familiar tan especial como el mío.

Y ésa es otra de las referencias a las que acude constantemente.

Por supuesto. Mi padre (Alberto) era marino, pasaba muchísimo tiempo fuera y eso nos unió muchísimo más. Nuestra casa era totalmente matriarcal. Mi madre (Berti) tenía que hacer absolutamente todo. Trabajaba en casa y fuera, y tenía que mantenernos unidos. Y lo consiguió, gracias a Dios.

Y a pesar de todo, después de tantos y tantos viajes, al final siempre Luis regresa a su casa, a Haro.

Sí, sí. Para mí Haro es mi refugio, mi descanso, mi paz. Y siempre me ha ofrecido la posibilidad de estar con mis seres más queridos. Mis padres, mis hermanos, mis amigos… Siempre he vuelto. En épocas muy concretas. Pero volvía porque era el lugar donde me reencontraba con muchas cosas y me cargaba las pilas, antes de ir a Bilbao, a Sevilla, a Madrid o donde estuviera viviendo. Siempre salía con mucha más energía de la que traía cuando llegaba.

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Luis de la Fuente con nuestro compañero Antonio Corral en una edición del Trofeo Luis de la Fuente | Foto: @joshybauer – Haro Digital

“Jugaba a pelota en Villa San Ignacio, nadaba en las piscinas horas y horas, jugaba a fútbol”

Pero, después de tanto tiempo, ¿recuerda cuándo dio la primera patada a un balón y correteó por banda? Pasado el tiempo ¿queda grabado ese momento mágico en la memoria?

¡Vaya si queda grabado! Me acuerdo cuando jugaba en el colegio. Era un crío muy inquieto y practicaba todos los deportes que podía. Jugaba a pelota en Villa San Ignacio, nadaba en las piscinas horas y horas, jugaba a fútbol. Hacía todo lo que podía. Al empezar al fútbol, siendo muy pequeño y jugando en el patio de mi abuela, detrás de la casa de la Plaza de la Paz, ya hacía mis primeros pinitos jugando solo contra la pared. Así se fue consolidando esa afición hasta que lo hice después en el colegio, luego en el instituto y al final en el Haro Deportivo. Recuerdo un detalle importante en esa historia. Nosotros fuimos totalmente autodidactas hasta los quince años. Digo esto porque es algo que me parece muy bonito y me encanta contar. Mi primer entrenador fue Ramón Arízaga, un gran amigo de la familia. Y hasta conocerle todo lo aprendí en la calle, en Las Eras, en Vista Alegre… Así fui dando los primeros pasos hasta que llegué al Haro y empecé a darme cuenta de lo que era la disciplina deportiva, que me encantó y me encanta.

De hecho parece que todo jugador que ha llegado a ser profesional tiene ese recuerdo como imborrable.

Para mí lo es. Porque luego vas cubriendo etapas, sin ningún objetivo. Yo quería jugar al fútbol y pasármelo bien. Aunque luego tuve suerte y un familiar, Pedro Zabala, se fijó en mí, informó al Athletic y vinieron a verme y realicé una prueba. Entonces, con quince años para cumplir dieciséis, firmé por el Athetic. Y hasta hoy… Así recuerdo mis primeras etapas con el fútbol en mi pueblo.

“Como entrenador tienes que gestionar un grupo con diferentes egos para formar equipo”

Siendo futbolista uno se exige el máximo para aportar a un colectivo; ser entrenador implica trabajar con un grupo, sujeto a lo caprichoso de éste, como otros deportes.

Sí. No tiene nada que ver ser futbolista con ser entrenador. Ni siquiera con ser seleccionador. Dentro de una misma profesión son tres escalones totalmente diferentes. Siendo futbolista tienes que ser muy disciplinado y profesional, cuidarte mucho, aunque hay ocasiones en las que no renuncias a muchas cosas por la inconsciencia de la edad. Pero vas quemando etapas, haciéndote mejor profesional y, cuando dejas el fútbol activo, empiezas a entender lo que piensa un entrenador, que en mi opinión siempre fue una figura un tanto incomprendida. Sin embargo, luego te das cuenta de que, efectivamente, todo lo que hace es por el bien del conjunto, nada que ver con lo que a veces piensan los futbolistas. Todo eso lo vas entendiendo en la medida que vas madurando y viendo el fútbol desde otras atalayas. Como entrenador tienes que gestionar un grupo con diferentes egos para formar equipo, que para mí es la palabra clave. Esa es hoy mi lucha y en eso consiste mi trabajo diario: intentar ser mejor y hacer cada día mejor al equipo.

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Luis de la Fuente dando indicaciones en un entrenamiento de la Sub-21 | Foto: RFEF

En su presentación como nuevo seleccionador nacional absoluto, aseguró que conoce bien el presente y el futuro del fútbol español. El ojeador de un club busca valores que fortalezcan su equipo, exclusivamente; usted lleva nueve años sondeando todo lo mejor de nuestro fútbol en todos los equipos.

Claro. Cuando llegué a la Federación en el año 2013, después de muchos años en el fútbol, algo así como 30 en diferentes responsabilidades, yo no sabía lo que hacía un seleccionador. ¡No lo sabía! Así que aprendí la especialidad de seleccionador. El trabajo consiste, obviamente, en seleccionar a los mejores jugadores de España. Y tienes un abanico de grandes futbolistas asumiendo, al mismo tiempo, una gran responsabilidad porque al mismo tiempo estás representando a tu país. Y, en la misma medida que vas ascendiendo, primero en la Sub-16 durante una pequeña etapa, luego en la Sub-18, la Sub-19, la Sub-20 y finalmente la Sub-21, va creciendo esa responsabilidad. En cierto modo porque el estatus de los jugadores que convocas es cada día mayor. Los Sub-18 eran casi profesionales y en algunos casos jugaban en Primera, pero los Sub-21 ya militaban todos en la máxima categoría. Qué duda cabe que no tienen la repercusión de una selección absoluta. Ésta es la cúspide de esa pirámide del fútbol nacional y hasta mundial, porque llegar a una fase final de un campeonato de selecciones es la máxima competición que puede haber en el Mundo.

“Nunca he sentido vértigo al asumir esta responsabilidad”

Con todo, ¿impone estar tan arriba, en ese lugar de privilegio como máximo responsable de la Selección Española?

Nunca he sentido vértigo al asumir esta responsabilidad. De verdad. Estoy acostumbrado, fuerte y seguro. Sé lo que represento, sé lo que tengo que hacer y conozco el camino. Luego el fútbol tiene muchos recovecos, curvas y matices que te complican el recorrido, pero sé cómo afrontar el camino.

Y otra de las cosas a las que ha hecho referencia muchas veces es el orgen de todo: sus valores.

Es que una sociedad sin valores es una sociedad que está muerta. Creo que hay que tener principios para el desarrollo de cualquier actividad. No sólo a nivel profesional y personal. También en todo tipo de relación humana. Y el deporte se fundamental en esos valores que nos resultan tan esenciales y básicos que a veces no les damos la importancia que tienen. El deporte sin disciplina, sin esfuerzo, sin sacrificio, sin ánimo de superación, sin el objetivo de ser cada día mejor, no podría ser. Esa es una enseñanza vital porque es igual en la vida de cada uno. Decía antes que hay que tratar de ser cada día mejores, sin necesidad de competir con nadie. Planteándoselo de forma íntima y personal. Ser mejor de lo que fuimos ayer. Y así sucesivamente. Los valores son claves en nuestra vida. Si no, no tendría sentido. Yo, desde luego, no podría desarrollarme, ni como profesional ni como ser humano, sin ellos. En mi caso los adquirí en el colegio y me os reforzaba cada segundo de mi vida mis padres.

Cuando se inicia un recorrido tan largo a veces se busca una estrella polar que sirva de guía. La Virgen de la Vega, su patrona, está omnipresente en su relato.

Tengo unas profundas creencias religiosas y estoy enormemente agradecido a mis padres por haberme dado esas raíces. Mi fe en Dios, en mi Virgen de la Vega, me da mucha seguridad y una potencia moral, emocional y hasta física descontrolada. Me aportan una energía tremenda, no me vengo abajo fácilmente y soy duro de roer. Aguanto los golpes y sigo dando un paso hacia delante, y luego otro… En base a unos valores asentados, un edificio levantado sobre sólidos cimientos, que me ayuda a seguir creciendo, poniendo un pisito más y otro pisito más. Ahora veremos hasta dónde nos permite la vida llegar. Por ganas no será. Las mías son infinitas.

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