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Tecnología ‘de altos vuelos’ para cuidar el viñedo riojano

Cada vez son más los viticultores que confían la monitorización de sus explotaciones a drones y satélites por su versatilidad y por la gran cantidad de información que reportan

Hablar de La Rioja es sinónimo de hablar de vino. Y no es de extrañar, ya que la producción de esta región es mundialmente apreciada por su aroma, sabor y, en definitiva, por su gran calidad. Una calidad que se consigue gracias a la mejor materia prima: la uva riojana, en cuyo proceso de desarrollo intervienen drones, satélites y sensores que monitorizan todo lo que ocurre en la viña.

Esta tecnología ‘de altos vuelos’ se conoce también como ‘teledetección’, y ofrece información espacial a distancia para poder ser analizada y estudiada por el viticultor para sacar el máximo rendimiento a su explotación.

Agricultura de datos

Se trata de un proceso cada vez más integrado en la agricultura de datos, ya que ofrece numerosos beneficios a quienes lo aplican en su trabajo diario. “Ayuda a monitorizar los cultivos y, de esta forma, a controlar el estrés hídrico de la planta, el vigor o el nitrógeno foliar. Con estos parámetros podemos empezar a trabajar lo que conocemos como agricultura de precisión, que supone una mejora de la sostenibilidad en el sector y un aumento de la eficiencia de los productores”, explica José Manuel Ruiz, cofundador de Paintec.

La empresa, ubicada en Ejea de los Caballeros, está ultimando el desarrollo de A3 Paintec, una herramienta integral de gestión agrícola que será presentada a finales de febrero en la Feria Internacional de Maquinaria Agrícola (FIMA).

Paintec cuenta con numerosos clientes en Aragón y Navarra, aunque muchos de los agricultores que recurren a la tecnología que ofrecen son también de La Rioja, y en su inmensa mayoría, propietarios de viñedos. “El sector al completo está yendo en la dirección de las nuevas tecnologías, ya que la competencia se está volviendo muy dura y es necesario emplear nuevas técnicas y herramientas que ayuden a rentabilizar los cultivos”, comenta Ruiz.

Un importante motor económico en la región

Y es que, para que los vinos de esta tierra sigan cautivando a todo aquel que los prueba, el cuidado de la uva es fundamental, y requiere de mucho mimo y grandes dosis de dedicación. Por este motivo, tanto drones como satélites y sensores se han convertido en los ojos del agricultor, que puede, mediante la agricultura analítica, detectar todo lo que sucede en cada viña.

El uso de estas herramientas permite controlar todo lo que puede afectar al tamaño, la calidad o el sabor de las uvas que después se convertirán en vino, ya que son capaces de medir la profundidad del suelo, su salinidad, textura o el nivel de retención de agua. “Estimar la producción es muy importante, ya que gran parte de la logística gestionada se centra en la recolección. Y poder predecir los kilos y la fecha puede influir mucho en la gestión de este proceso. Además, poder comparar la campaña en curso con otras anteriores ayuda a entender mejor en qué situación se encuentra cada parcela”, añaden desde Paintec.

Pero los beneficios de la agricultura analítica van mucho más allá de conseguir un mejor producto, ya que su utilización también repercute positivamente en el planeta. El uso de la teledetección reduce el impacto que los cultivos tienen sobre el medioambiente. La maquinaria agrícola y el empleo de fertilizantes, entre muchos otros factores, contribuyen al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, y por tanto, al calentamiento del planeta. No obstante, con la agricultura de datos se consigue una mayor eficiencia en la utilización de recursos y se evita el despilfarro de agua y otros productos.

El cultivo de uva en la Rioja, especialmente para su transformación en vino, es uno de los grandes motores económicos de la comunidad. La Denominación de Origen Calificada Rioja cerró 2019 con una cosecha de cerca de 385 millones de kilos de uva, 342 de ellos de uva tinta y 43 de uva blanca.

Las condiciones meteorológicas favorables han hecho posible esta buena campaña, de la que se prevé que se puedan obtener vinos de gran calidad. Además, el número de hectáreas dedicadas a este producto casi se ha duplicado en los últimos 33 años, pasando de las 38.817 que había en 1985, a las más de 65.000 registradas en 2018, según datos del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Calificada Rioja.

Prueba del interés que despiertan los caldos riojanos es que, durante la Feria Internacional de Turismo que tuvo lugar la semana pasada en Madrid, la comunidad celebró más de 400 encuentros con profesionales y turoperadores con el objetivo de convertirse en referencia internacional en el mundo del enoturismo.

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