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Las bodegas familiares de la comarca de Haro afrontan una revolución forzada por el coronavirus

Las pequeñas bodegas contienen la caída en ventas con el mercado online y encaran la próxima campaña, prometedora, pendientes del precio de la uva
Las pequeñas bodegas contienen la caída en ventas con el mercado online y encaran la próxima campaña, prometedora, pendientes del precio de la uva

El mundo del vino empieza a recuperarse de los escalofríos que ha ido provocando al mismo tiempo el cierre de la actividad y, con él, el de los mercados; la falta de medios humanos para la realización de las labores más comprometidas y vitales en la viña; el recelo de las tormentas que sacudieron en algunos corros la campiña de la comarca jarrera; y la enorme incertidumbre provocada por la entrada en una fase desconocida, con anuncios de renuncia a la adquisición de la uva por parte de algunas bodegas y la firme decisión de seguir hacia delante de un sector vital que se retrata también en las firmas de formato pequeño que lidian con la crisis a base de creatividad y trabajo.

El tránsito por esta especie de Calvario de las dos primeras fases conduce ahora a un escenario menos asfixiante, después de un recorrido plagado de pruebas y diseño de nuevas expectativas. Nuevos retos, en definitiva.

Impulso de las ventas online

Y comenzamos nuestro recorrido en San Asensio, en el conocido Barrio de las Cuevas, donde se levanta Bodegas Lecea. Luis Alberto junto a su mujer Lourdes y sus hijos Jorge, Lidia y Estela dirigen con mimo esta pequeña bodega familiar en la que priman el enoturismo y el trato cercano. Tanto es así que el 50 % de sus ventas se hace a través del turismo, parado por completo a causa del estado de alarma.

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Depósito en los calados de Bodegas Lecea.

Durante este tiempo, la bodega ha impulsado su canal de venta online, que “ha funcionado muy bien y ha ayudado a salvar un poco la situación”. “Creo que ha servido para que la gente le haya quitado el miedo a comprar online y nos ha valido para llegar directamente a los hogares de mucha gente”, nos cuenta Estela.

A pesar de todo, Lecea no ha parado. Además de las labores típicas de bodega, el pintado y acondicionamiento de espacios, la firma ha estado muy activa en redes sociales, organizando visitas virtuales a sus calados históricos, catas digitales y tertulias. “Ha sido un año complicado por culpa de la crisis sanitaria y estamos con muchas ganas de abrir nuestras puertas a los visitantes”, señala Estela, que cuenta que desde que la situación lo permitió, abrieron la tienda para atender a clientes que se acercaron a comprar vino para pasar el confinamiento.

Considera que esta emergencia sanitaria va a traer cambios en el enoturismo. “Ahora mismo estamos haciendo pequeñas degustaciones en la terraza y esta situación va a traer consigo que se potencien los exteriores de la bodegas. Ya tenemos peticiones para la próxima semana para visitar el viñedo y va a ser uno de los puntos fuertes de este verano: paseos por los viñedos, almuerzos al aire libre y disfrutar del espectacular paisaje que tenemos en La Rioja”, explica.

Durante el confinamiento, Bodegas Lecea tuvo un detalle con los profesionales que luchan en primera línea contra el virus. Cuando finalice el estado de alarma y durante un año, la bodega riojalteña regalará a sanitarios visitas y catas gratis. Desde que se puso en marcha la iniciativa, a través de la web, ya se han apuntado más de 200 personas.

Sin parar durante el confinamiento

De cara a la próxima vendimia, Estela considera que en las instalaciones de Lecea hay espacio suficiente para la nueva cosecha, pero también confía que en las próximas fechas siga saliendo vino de la bodega.

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Para celebrar el Día de La Rioja, Betolaza lanzó online un pack de vinos y un injerto de vid para plantar en casa.

En una de las calles que sube al casco antiguo de Briones se asienta Bodegas Betolaza. Esta pequeña bodega familiar no ha parado durante el estado de alarma. Tareas de mantenimiento en las propias instalaciones y en el viñedo, a la espera de una vendimia que pinta bien.

Con la distribución a bares y restaurantes parada, la venta online se ha convertido en un “salvavidas”. “Le dimos una vuelta a todo este tema, y estamos muy contentos”, reconoce Fran Betolaza. “Nos ha ayudado a no hundirnos y hemos podido facturar algo más del 50 % de lo que solemos hacer en un mes normal. Ha ido mucho mejor de lo que esperábamos”.

Con respecto a la vendimia de este año, Betolaza la encara con ganas y pendiente de “lo que venga”. “Tenemos vino del año pasado. En teoría viene buena cosecha y buena cantidad, y cogeremos lo que venga. Sí que es cierto que se está comentando que desde el Consejo Regulador se va a bajar la cantidad que se pueda recoger, y eso nos va a limitar un poco, pero nosotros como pequeños tenemos más margen”, señala Fran.

Desde Betolaza lo que ven “un poco más oscuro” es el tema del enoturismo. “Aún no nos hemos parado a pensar un poco en ello, aunque sí que hemos recibido ya llamadas, y hemos dicho que no”, indica Fran. “Lo tenemos en modo de espera, hay que repensarlo todo muy bien, las medidas de higiene y limpieza, y al no haber todavía movimiento entre comunidades, no hay enoturismo”. A pesar de todo, Fran ve en todo esto una oportunidad: “Creo que los pueblos van a salir reforzados. El enoturismo, el turismo rural y de proximidad creo que aumentarán”.

A pocos kilómetros de allí, yendo hacia Haro por la N-232, se encuentra en Gimileo otra bodega familiar, Santalba. Llevada por su fundador, Santiago, y por sus hijos Roberto y Laura, la bodega ha sufrido, como tantas muchas, la crisis provocada por la COVID-19. “Buena parte de nuestros vinos se venden en bares y restaurantes, y esta crisis la hemos sufrido como casi todos”, reconoce Roberto, que destaca que el 80% de la producción de Santalba se exporta a mercados internacionales.

“Todo se ha visto resentido. Ahora parece que se ven ciertos avances en mercados como China, Rusia, Alemania, Bélgica o Austria, pero va a costar retomar el nivel de hace unos meses”, explica Roberto, que añade que esa bajada en las exportaciones ha sido “paulatina”. “Desde el mes de enero se ha notado por ejemplo en China. La demanda se ha ido retrasando y ahora se va recuperando, pero no al nivel habitual, pero confío en que poco a poco se vaya recuperando. Hay que ser optimista porque quizás esto nos ayude a ver nuevas oportunidades, encontrar nuevos mercados o pensar incluso en nuevos productos”, señala Roberto, que nota ahora “otras vibraciones”. “Creo que en julio vamos a poder disfrutar de esa normalidad que tanto esperamos”.

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Mesa dispuesta en Bodegas Santalba a la espera de la llegada de una visita.

Dar una vuelta al enoturismo

Al igual que Betolaza, Santalba ha encontrado en la venta online un medio de salvación, aunque no suficiente. “Ha sido brutal, se ha vendido mucho, pero no suple lo que se ha perdido en las ventas tradicionales que se hacen con la hostelería”, reconoce.

A todo esto hay que añadir el enoturismo, derribado de igual manera por la crisis sanitaria. Aunque en este sentido también poco a poco se ve la luz al final del túnel. “Me hizo mucha ilusión recibir la primera visita después del confinamiento. Nosotros ya hemos empezado a recibir visitantes, con todas las medidas de higiene y seguridad recomendadas”, indica Roberto, que añade que la situación actual quizás obligue a “cambiar conceptos”. “Habrá que potenciar las visitas al aire libre, los paisajes tan espectaculares que tenemos en La Rioja, los jardines que tan bien cuidamos las bodegas o los paseos por los viñedos. Darle una vuelta a todo y ser optimistas”.

Roberto ve también con optimismo la próxima vendimia, pero con una preocupación: el precio de la uva y las bajadas de precio “brutales” de las últimas campañas. “La situación es la que es. La bajada de ventas de los últimos meses, muchas bodegas con litros y litros de vino en los depósitos… Eso va a provocar que muchas bodegas no quieran comprar tanta uva o lo hagan a otros precios”. Pero desde Santalba ya han comunicado a sus viticultores de confianza que no van a hacer ningún cambio: “Vamos a cogerles la uva que tengan, hay que estar con ellos y nosotros también tenemos que dar el callo en esta situación”.

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Villalba de Rioja, al fondo, desde los viñedos familiares de Gobel.

En Villalba de Rioja nació en 2010, Bodega Gobel, un proyecto personal de Roberto Fernández y Federico Fernández. El año pasado, con 37 años, falleció Roberto, que ya era reconocido por muchos como uno de los nombres propios de la nueva generación emergente de la DOCa Rioja. Ahora sus tíos, Fede y Casilda, y su pareja Itsasne Ibarra, son los que quieren continuar con el sueño de Roberto, siempre con la ayuda “indispensable” del resto de la familia. “Con el varapalo de la pérdida de Roberto, la recuperación ha ido más lenta y poco a poco vamos adaptándonos a la nueva situación”, cuenta Itsasne.

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Fede, Itsasne y Casilda recogen el testigo que dejó Roberto en Bodegas Gobel.

Recuperación poco a poco

Gobel proviene de una estirpe que durante muchas generaciones se ha dedicado al cultivo de la vid y la idea de formar esta sociedad surgió porque consideraron que las uvas de la familia tenían mucho potencial. Comenzaron con apenas 500 botellas y ahora producen unas 4.500. El estado de alarma los paró de lleno, con el cierre de la hostelería, donde tienen sus principales clientes aquí en La Rioja y en otros lugares como Bilbao y Madrid.

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Roberto Fernández, alma máter de Bodegas Gobel, falleció hace casi un año.

“Ahora parece que nos están empezando a entrar pedidos”, confirma Itsasne, que también reconoce que durante el confinamiento sí que han recibido algunas peticiones por parte de particulares, a través de las redes sociales.

A pesar de que utiliza para la elaboración de su producto unas instalaciones alquiladas a Solagüen, la bodega familiar de Villalba también oferta recorridos enoturísticos en los que apuesta por las visitas al viñedo para disfrutar del paisaje de los Montes Obarenes. “Como enólogo que era Roberto, su seña de identidad era el viñedo. Lo bonito que tiene La Rioja es la viña, ver cómo son las uvas o cómo las trabajamos”. Las circunstancias han obligado a aparcar esa versión, después de haber recibido, antes de la emergencia sanitaria, la visita de la Asociación de Sumilleres de La Rioja.

Habrá tiempos para retomar esa parte de la historia. Con 20 hectáreas de viñedo que aporta uva seleccionada de forma específica para la bodega, Gobel está más pendiente de una campaña que parece prometedora pero, coincide con el resto de los entrevistados, se enturbia al analizar el valor que pueda darse al racimo. “La uva se lleva pagando muchos años mal. Veremos este año”, se pregunta Itsasne.

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