Calitrancos, de Bodegas Betolaza, no es precisamente un vino de “aquí te pillo, aquí te bebo”. Merece un tiempo de prolongada degustación, sin que por ello pretenda caer en liturgias o literaturas. No es mi idea. Primero y principal: se anuncia con orgullo como hijo de La Rioja, ‘Tierra Brionera’. Y cumple con creces.
Fruta de tempranillo en suelo arcillo-calcáreo con cantos rodados de más de 50 años con muy poco vigor, el nombre le viene de la finca en donde se ubica el viñedo. Fermentación de 25 días a baja temperatura haciendo una maceración carbónica y una vez realizada la fermentación maloláctica, paso a barrica de 225 litros de roble francés 17 meses, dando tres trasiegos, según el método tradicional.
Granas en copa con aromas de fruta roja y negra en sazón y notas licorosas, kirsch, balsámicos y especiados dulces, guiños torrefactos y de panadería. Buen equilibrio con la acidez en el paso bien presentada y un equilibrio fruta madera que se alza con distinción tras unos minutos de aireación después del descorche y primer servicio en copa. La paciencia es un arte, como la pasión bien expresada. El diseño exterior, a cargo de la agencia jarrera Crea 3 Publicidad.
Este vino recibió 93 puntos este año por parte de la Guía Peñín de los Vinos de España y 95 en la prestigiosa publicación Decanter. Como explican Fran y Clara, tercera generación de los Betolaza, este vino es “fruto de un trabajo realizado con mucha ilusión en el que se unen en su elaboración la tradición y las nuevas nuevas tecnologías”.





