Imagen: www.lavanguardia.com

Hace unos días vivíamos muy de cerca duros momentos como consecuencia del terrorismo yihadista. Un terrorismo que, por cierto, está presente a diario, más allá de nuestras fronteras.

Sin embargo, no me gustaría formar parte del ‘sector buenista’ de la sociedad, en el que publicar fotos del ‘pequeño Alan’ ahogado en la playa se corresponde con labores de concienciación, mientras que publicar fotos de un niño asesinado en Las Ramblas es una falta de respeto. ¿No decíamos que todas las vidas valen lo mismo?

La censura no debe ser impuesta por los medios de comunicación sino por nosotros mismos, los ciudadanos y lectores, decidiendo qué imágenes queremos ver y cuáles no

Hace poco tiempo leía una columna en un periódico regional en el que el autor invitaba a reflexionar sobre qué hubiéramos sabido sobre los crímenes del nazismo si no se hubiesen publicado fotos al respecto. Reflexión que debe terminar en la negativa a tener vendas en los ojos.

La censura no debe ser impuesta por los medios de comunicación sino por nosotros mismos, los ciudadanos y lectores, decidiendo qué imágenes queremos ver y cuáles no.

En el sector buenista, también está permitido asaltar capillas católicas al grito de “arderéis como en el 36”, siendo esto libertad de expresión. No obstante, hacer cualquier relación entre el Islam y el terrorismo yihadista, será calificado inmediatamente como islamofobia.

Tras un atentado como el vivido en Barcelona, se celebra una manifestación contra el terrorismo en la que los carteles protagonistas son “no a la islamofobia”. ¿Se imaginan que, tras un asesinato por violencia de género, se convoca una manifestación y se sacan carteles de “no a la discriminación de los hombres”?

Todo esto, amigos, es la expresión de nuestros valores, creencias y expectativas. Y algunos voceros y miserables, utilizaron la manifestación contra el terrorismo, no para unir sus voces en favor de la paz, sino para demostrarnos que sus expectativas no son otras sino tratar de acabar con nuestros propios valores, haciendo, además, un enorme desprecio a las víctimas. Curioso que esos valores contra los que tanto se empeñan en luchar, son los que les garantizan su libertad. Y eso es lo que no debemos dejar escapar: NUESTRA LIBERTAD.

Otro destacado personaje como Dalai Lama decía que debíamos “abrir nuestros brazos al cambio, pero sin dejar ir a nuestros valores”. Y en esto es en lo que debemos basar nuestra actitud frente al terrorismo, así como frente a cualquier contingencia futura.

Y principalmente en lo segundo: no dejar ir nuestros valores. Valores como la paz, la libertad y la convivencia entre diferentes.

Europa se encuentra inmersa en una coyuntura complicada, ante la que la respuesta debe ser clara, contundente y sin complejos. Más libertad y más convivencia. Sin ninguna renuncia hacia nuestros valores.

Aquellos que vengan porque consideren que aquí tienen mayores oportunidades para construir un proyecto de vida deben respetar nuestros valores y la identidad de nuestros territorios.
La Unión Europea es el mayor proyecto de integración de los últimos tiempos, que empezó precisamente con el propósito de evitar futuros enfrentamientos entre naciones.

Defendamos nuestra identidad. Defendamos la identidad europea.

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