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“La epidemia de coronavirus nos obliga a ser conscientes de nuestra enorme vulnerabilidad”

Desde hace semanas los sanitarios nos enfrentamos al Covid-19 con unas medidas terapéuticas claramente insuficientes y no contamos con tratamientos específicos y efectivos en todos los casos para luchar contra el virus
Julio Martínez Florez es cardiólogo en el Centro de Especialidades de Haro.

Como cardiólogo que trabaja en Haro y que, en la medida de mis posibilidades, colaboro con los excelentes sanitarios, tanto del Centro de Salud como del centro de Especialidades de Haro, quiero expresar una serie de consideraciones sobre este problema que nos afecta a todos y que sin duda va a influir en nuestra percepción del futuro de nuestra sociedad.

Tomando datos del informe que diariamente el servicio de epidemiología de la Comunidad Autónoma nos envía a todos los médicos (en mi caso a mi correo del hospital) a 28 de abril el número de casos activos con COVID-19 en La Rioja es de 1.507. De ellos 176 se encuentran ingresados en los hospitales (162 en planta y 14 en la UCI). El día 27 se notificaron 6 nuevos fallecimientos. La Rioja acumula 3.897 casos confirmados. En toda España hay confirmados un total de 210.773 (Test PCR), de los que 23.822 han fallecido y 102.548 se han recuperado.

El futuro será distinto, cambiará el mundo

Esta epidemia nos obliga a ser conscientes de nuestra enorme vulnerabilidad. Sólo de una reflexión sobre lo sucedido y sobre el tipo de vida colectiva que hemos propiciado nos permitirá salir vacunados como individuos y como humanidad. No hay duda de que el futuro será distinto: cambiará el mundo.

Desde hace semanas los sanitarios nos enfrentamos al Covid-19 con unas medidas terapéuticas claramente insuficientes. No contamos con tratamientos específicos y efectivos en todos los casos para luchar contra el virus. Estamos intentando ayudar a nuestro organismo a combatir la epidemia mediante tratamientos sintomáticos y de sostenimiento de las constantes vitales.

Necesitamos urgentemente disponer de medicamentos que puedan controlar la infección causada por el SARS-CoVid, especialmente en los momentos iniciales, cuando todavía no se ha desencadenado la llamada “tormenta de citoquinas, esa brutal respuesta inflamatoria generalizada” que hace que nuestro cuerpo reaccione de forma exagerada y coloque a los enfermos en las puertas del fallecimiento.

Hoy por hoy no tenemos cura conocida y tampoco ningún tratamiento específico que haya demostrado eficacia en todos los casos. Es cierto que estamos utilizando diferentes estrategias con mayor o menor efectividad. También hay en marcha numerosos ensayos clínicos destinados a explorar soluciones.

"La epidemia de coronavirus nos obliga a ser conscientes de nuestra enorme vulnerabilidad" 1
Foto: Pixabay

Hoy en día estamos utilizando dos tipos de opciones farmacológicas: unas destinadas a luchar contra la fase inicial de la enfermedad, aquella en la que el virus infecta boca, faringe y fosas nasales, afectando a los pulmones y otra en la que la afectación pulmonar es tan grave que se precisa de utilización del soporte respiratorio.

La primera de ellas está basada en el uso de los antivirales, mientras que la segunda busca combatir la “respuesta exagerada del organismo”, además de usar todos aquellos recursos de mantenimiento de la vida de los que disponemos. Pero resulta fundamental tratar a los pacientes desde el primer momento “con todo lo que tengamos” ya que un objetivo deseable es evitar que los pacientes tengan que ingresar en las UCI o fallezcan.

Entre 1918 y 1919 la gripe provocó la pandemia más grave de la historia reciente. En sólo dos años un virus respiratorio procedente de las aves infectó a uno de cada tres habitantes del planeta y mató a 50 millones de personas. A 28 de abril de este año 2020, en España, 23.822 enfermos han fallecido por esta afectación. Hasta la llegada del COVID-19 nunca habíamos sufrido una epidemia tan grave en época reciente. Nunca había ocurrido algo así. Es la epidemia más grave en los últimos cien años, pero ahora estamos científica y tecnológicamente mejor preparados para enfrentarnos a ella. Ahora el objetivo es conseguir una vacuna para esta enfermedad en el primer semestre de 2021.

Este coronavirus no es el virus de la gripe

Las autoridades sanitarias insisten en el mismo mensaje: “Tos, fiebre o dificultad respiratoria , quédese en casa y llame al médico”, pero este coronavirus no es el virus de la gripe. En estos días, en nuestra práctica diaria, podemos observar que la virosis no es sólo una cuestión que afecte a los “infecto logos y médicos de Atención Primaria”, resulta imprescindible la colaboración de intensivistas, cardiólogos, nefrólogos, neurólogos, psicólogos y prácticamente de todas las diferentes especialidades que configuran nuestro sistema asistencial y preventivo. Este virus utiliza las mucosas de ojos, boca y nariz como puertas de entrada: cuando una persona infectada expulsa gotas de saliva al estornudar, hablar o toser, basta que alguien cercano las inhale para que este virus tenga un nuevo portador y/o enfermo.

Durante la primera semana el virus secuestra la maquinaria celular y hace múltiples copias de si mismo. En esta fase o no hay síntomas o estos son muy leves (perdida de gusto y olfato, u otros menores), pero si nuestras defensas naturales no consiguen acabar con el patógeno el virus desciende por la tráquea y alcanza los pulmones.

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Desde el principio el daño pulmonar ha sido lo más descrito, ya que los síntomas más frecuentes han consistido en dificultades respiratorias, pero a medida que hemos ido viendo la evolución de los afectados hemos comprendido que el daño podía ser global y diferente en cada paciente. Igual que algunos eran capaces de vencer a la infección sin demasiados problemas, otros acababan entre la vida y la muerte con síntomas diversos.

Optimismo entre los médicos

Aún no tenemos las respuestas, no contamos con estudios significativos sobre la evolución de esta enfermedad, pero el análisis de los que hemos ingresado en nuestros hospitales nos demuestra que el pulmón no es la única diana del virus. Sin duda esta afección deja su huella en el sistema cardiovascular, nervioso, digestivo, urinario y hasta en la piel. En la experiencia que tenemos, diversos especialistas estamos aún desconcertados. La afectación neurológica, digestiva, cardiológica y otras nos están incluyendo en el tratamiento de los pacientes infectados. Desde el punto de vista cardiovascular vemos enfermos que presentan infartos de miocardio con arterias coronarias limpias, enfermos jóvenes con miocarditis o pericarditis y creemos que pueden estar en relación con el desarrollo de la infección por coronavirus. Y en la misma situación se encuentran otros especialistas. Tal vez la relación existente sea la respuesta inflamatoria que desencadena. Se habla de una guerra contra la virosis, pero lo que no se dice es que se libra en numerosos campos de batalla.

Sin embargo, los médicos somos optimistas. Hoy en todos los hospitales de nuestro país -y también del resto del mundo- estamos usando remedios que no son específicos, pero que ayudan en muchos casos. Por otra parte, la facilidad de comunicación que suponen los medios informáticos y la colaboración permanente que supone la recepción en nuestros ordenadores de todo tipo de novedades que nos ayudan y que nos permiten conocer nuevos datos sobre la enfermedad hace que miremos con optimismo el desarrollo futuro de esta situación. Hemos avanzado mucho en el conocimiento de esta enfermedad y del propio virus y sin ninguna duda ese conocimiento es el que nos va a permitir controlarlo y, en un futuro relativamente próximo, erradicarlo.

Como ya he mencionado anteriormente la medicina científica y la actual tecnología de la que disponemos, unido a la perseverancia en la colaboración de todos como ciudadanos permite, sin ninguna duda, afirmar que vamos a vencer esta situación y que aunque sea necesario cambiar algunos de nuestros modelos sociales y de conducta, volveremos a pasear al sol por nuestras calles con optimismo.

Julio Martínez Flórez
Cardiólogo y miembro del Partido Comunista de España en Haro

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