Después de las Fiestas de Gracias parecía que ya no quedaban emociones fuertes y actos bonitos y emotivos, pero este miércoles Diego y Jorge, integrantes del grupo de música Vivace se han acercado hasta Treviana para acompañar a todos los trevianeses que han querido ir a visitar la fuente de los nudos. Estos jóvenes músicos descubrieron en Rioja Archivo la grabación que Javier Asensio y Helena Ortiz realizaron a Dolores y Mari Paz Cantabrana en la que contaban la historia de la fuente. En esa historia se cuenta que cuando la gente iba a beber agua a ese manantial, tenían que hacer un nudo en un junco cercano para que no les sentara mal el agua. Al conocer esta historia a través de Rioja Archivo, les gustó tanto y les pareció tan original que el grupo Vivace le quiso dedicar una canción de su nuevo disco “A la plaza”.
Cuando en Treviana se enteraron de la existencia de la canción, tuvo una gran acogida y se convirtió en la comidilla del pueblo durante meses: «¿Dónde está? ¿Se verá o estará llena de maleza? ¿Quién se acuerda exactamente de dónde está? ¿Pero cómo era la fuente?…». En Semana Santa, José Antonio Barcina, que de joven había utilizado la fuente tanto para coger agua para los animales como para enfriar el vino, ya que tenía un corral y tierras cerca, se metió en el arroyo para desbrozar la zona y buscar la fuente. Finalmente, encontró el lugar por donde el manantial surgía hacia el arroyo y limpió una entrada desde la carretera.
Semanas después, desde el Ayuntamiento se pidió al alguacil, Pedro Manuel, que limpiara la zona para comprobar exactamente de dónde manaba el agua y determinar si podía tratarse de una fuga de las tuberías del depósito. Durante aquel desbroce se descubrió que la surgencia que aparecía en el arroyo procedía del ribazo situado al otro lado de la finca. También se encontró una explanada por la que fluía el agua hasta filtrarse y caer al arroyo que viene del Pecho de los Hilos, en la subida a San Millán de Yécora. De este modo, quedó confirmada la existencia del manantial y la fuente de los Nudos.
Un paseo con más de una treintena de participantes
Para conocer esta historia, poner en contacto a Vivace con Dolores y José Antonio y conseguir que tanto el grupo como los trevianeses descubrieran la historia y la propia fuente, la Asociación Cultural Amigos de Treviana convocó un paseo hasta la Fuente de los Nudos junto a Jorge y Diego, integrantes de Vivace. Tras un agradable paseo, más de 30 personas llegaron a la explanada de la Fuente de los Nudos, desgraciadamente seca en esta época del año, aunque con un gran potencial para convertirse en un lugar donde colocar unas mesas y disfrutar de un almuerzo o una merienda. Eso sí, haciendo un nudo si algún valiente quisiera beber de sus aguas.

En ese acogedor entorno, aunque hoy todavía con zarzas, Dolores y otros trevianeses compartieron con el grupo Vivace numerosas anécdotas ligadas a la fuente, como cuando iban a dejar el vino a remojo, a recoger agua para los animales o a mojar la paja del trigo para elaborar los nudos (bencejos) con los que se ataba la mies. Para redondear el momento, Vivace interpretó la canción La Fuente de los Nudos, mientras los presentes cantaban la letra. También tocaron una jota que cantó José Antonio y, como broche final al recorrido, se colocó un cartel a la entrada con el nombre de la fuente y un pequeño panel explicativo sobre su historia, antes de inmortalizar la jornada con una fotografía de grupo.
Después del paseo, la música y las jotas, la mejor manera de recuperar fuerzas fue compartir un almuerzo popular en el que fluyeron las anécdotas, las historias sobre folclore, tradición rural y proyectos en los pueblos. No faltaron las rondas de porrón, las polcas canarias con versos improvisados interpretadas con un timple, las jotas, las danzas trevianesas que animaron a bailar a los danzadores presentes e incluso el baile del árbol de las cintas, acompañado por mandolina, guitarra y bandurria.
Una jornada muy completa que integró naturaleza, folclore, música, tradición, paseo, historias de nuestros mayores, canciones que siguen presentes, instrumentos tradicionales, un buen almuerzo y, por supuesto, una despedida que, más que un adiós, ha sonado a un «hasta el concierto del próximo verano en Treviana».








