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La Sala de Armas de Haro consolida su oferta formativa con dos miembros del club como entrenadores del grupo infantil

África Barragán y Diego Díaz aportan experiencia y trayectoria e la gran familia de la esgrima en Haro
Foto: Sala de Armas de Haro

La Sala de Armas de Haro sigue con la guardia firme en su objetivo por mantener una oferta deportiva, formativa y social alrededor de la esgrima en la localidad jarrera. Un proyecto deportivo que ha crecido desde la base, con generaciones de tiradores y tiradoras que han encontrado en la esgrima algo más que una actividad extraescolar. La incorporación de África Barragán y Diego Díaz como entrenadores del grupo infantil simboliza precisamente esa continuidad: niños y niñas que un día se pusieron la careta por primera vez y que hoy devuelven a la sala todo lo aprendido.

La gran familia

En la propia sala, en las entrañas del estadio municipal Luis de la Fuente, uno de los conceptos que más eco provoca es el de familia. No es una palabra vacía ni retórica, sino una vivencia compartida que atraviesa generaciones. África y Diego comenzaron en la sala siendo niños, animados por sus familias y atraídos por un deporte que, casi sin darse cuenta, acabaría marcando sus vidas. Ella empezó con nueve años, después de probar distintas disciplinas deportivas hasta que la esgrima “me llenó” de verdad . Él llegó casi por casualidad, tras ver un cartel cuando aún no había encontrado un deporte que le convenciera, y desde entonces el verde chillón es su color favorito.

Pedro Capellán, responsable de la Sala de Armas de Haro, pone el foco en ese entorno humano que se fue creando desde los inicios. Destaca el papel fundamental de Aurora González, entrenadora de África y Diego cuando eran pequeños, como “una de las grandes artífices de ese sentimiento de pertenencia”. Para ella, recuerda Pedro, la esgrima era “un deporte individual que se entrena en equipo y si me apuras en familia”, una idea que iba mucho más allá de dar clases y marcharse a casa .

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En ese ambiente también tuvieron un papel clave los padres y madres de aquella generación. Pedro subraya el impulso y el compromiso de las familias de África, Diego y sus compañeros, que “ayudaron a crear un clima de apoyo constante y de implicación con la sala”. “Un entorno donde se hablaba, se aconsejaba, se reía, se sufría y, llegado el momento, se dejaba volar solos a los niños para que encontraran su propio camino en la pista y fuera de ella”, remata Capellán.

Ahora, África y Diego viven la experiencia desde el otro lado. Ambos reconocen verse reflejados en los niños y niñas a los que entrenan, en sus bromas, en sus trastadas y también en ese punto competitivo que ya asoma a edades tempranas. Diego incluso recuerda entre risas cómo tuvo que frenar a un alumno que estaba haciendo exactamente lo mismo por lo que a él le castigaron en su primer día de esgrima . Detalles que refuerzan la sensación de continuidad y de familia que define a la Sala de Armas de Haro.

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Una imagen de los inicios de la esgrima en Haro | Foto: Sala de Armas de Haro

¿Por qué la esgrima?

Para Diego Díaz, es un deporte que exige tanto física como mentalmente. “No solo cuenta lo que ocurre durante el combate, sino todo lo que lo rodea”, explica el joven entrenador. Y aclara: “Controlar los nervios, prepararse, ser responsable del propio material y aprender a valerse por uno mismo en un deporte individual”. Una autosuficiencia que, como él mismo señala, “acaba trasladándose a la vida cotidiana”.

África Barragán, por su parte, destaca “la adrenalina de la competición y la satisfacción de ver cómo el esfuerzo se refleja directamente en la pista”. Le atrae el hecho de que el resultado dependa de uno mismo, pero sin renunciar al apoyo del grupo. En la sala, explica, se da “lo mejor de los dos mundos: la disciplina individual y un equipo que acompaña y hace los entrenamientos más divertidos”.

Pedro resume ese magnetismo de la esgrima como una experiencia difícil de explicar con palabras. Para entenderla, asegura, “lo mejor es entrar en la sala y vivirla en primera persona, sentir ese equilibrio entre deporte individual y entrenamiento colectivo que acaba creando vínculos muy fuertes”.

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Foto: Sala de Armas de Haro

Algo más que entrenar

La formación es uno de los pilares fundamentales de la Sala de Armas de Haro. Pedro insiste en que la diferencia entre un club que ofrece una actividad extraescolar y una verdadera sala de esgrima está en el compromiso formativo. “No se trata solo de enseñar técnica, sino de acompañar a los niños y niñas en su crecimiento personal y deportivo, transmitiendo valores que van más allá de la pista”, afirma.

África coincide plenamente en esa visión. Para ella, “los entrenadores son figuras clave, especialmente en las edades más tempranas”. Son quienes consiguen, dice, que “los niños disfruten del deporte al tiempo que aprenden disciplina”. Pone como ejemplo a sus propios formadores, Pedro y Aurora, que lograron engancharla a la esgrima y motivarla para mejorar constantemente .

Diego, por su parte, compara la figura del entrenador con la de un profesor: “los buenos enseñan mucho más que una asignatura y dejan una huella difícil de borrar”. Por eso, considera que “su papel es fundamental en estas edades, tanto para transmitir conocimientos como para marcar una actitud ante el deporte y la vida”.

Relevo natural

La llegada de África y Diego al cuerpo técnico del grupo infantil supone, además, que toda la experiencia acumulada durante sus años de competición se quede en la sala y se transmita a las nuevas generaciones. Un paso natural en una entidad donde, como explica Pedro, “los mayores cuidan y enseñan a los pequeños, y estos crecen viendo ese relevo como algo normal”. África y Diego entrenan al grupo de niños o de iniciación o alevín y Pedro se encarga de los benjamín, prebenjamín y los mayores de 12 años.

La Sala de Armas de Haro demuestra, con el paso del tiempo, que la esgrima puede ser un deporte minoritario en cuanto a visibilidad, pero con una enorme fuerza social. El paso dado por África Barragán y Diego Díaz, junto con la constancia de Pedro Capèllán reflejan un proyecto basado en el compromiso, la formación y, sobre todo, en un profundo sentimiento de familia.

Hoy, la sala sigue mirando al futuro con la misma ilusión con la que empezó. Y lo hace invitando a nuevos niños y niñas, a partir de los 5 años (cumplidos en 2025), a descubrir la esgrima, a ponerse la careta por primera vez y a formar parte de una familia que crece generación tras generación.

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