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De San Vicente de la Sonsierra a Silicon Valley por un sueño

El emprendedor riojalteño Álvaro Moraza impulsa desde Silicon Valley un proyecto basado en la Inteligencia Artificial para ayudar a los entrenadores deportivos en sus tareas diarias

La relación de Álvaro Moraza (San Vicente de la Sonsierra, 1986) con la ciencia y la tecnología viene de muy atrás. Como él mismo reconoce, «es algo un poco romántico». De pequeño sus dibujos animados favoritos eran ‘Érase una vez los inventores’ y las ciencias y la ingeniería eran su pasión. Pero hay mucho más en esta historia que arranca en San Vicente de la Sonsierra y que continúa ahora en Silicon Valley, cuna del emprendimiento y la tecnología.

«Con los ordenadores empecé antes de la burbuja ‘puntocom’, cuando mi padre jubiló el ordenador de la bodega y lo llevó a casa. Estuve debatiéndome hasta el último trimestre de bachiller si seguir hacia una ingeniería o, como hice en último momento, decantarme por Ciencias de la Actividad Física y el Deporte», recuerda Moraza, que al final se decidió por un campo en el que también había comenzado muy joven.

Con 15 años ya había fundado y dirigido clubes y escuelas deportivas, la pelota era también otra de sus pasiones, y con 20 impulso su primera empresa.

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La pelota, una de sus primeras pasiones

En la Universidad del País Vasco (UPV), cursando Ciencias de la Actividad Física y el Deporte recibió un premio extraordinario al mejor expediente. Simultaneaba entonces sus estudios con Másters de Gestión y un Máster Business Administration además de cursar un Máster en Alto Rendimiento por el Comité Olímpico Español y la Universidad Autónoma de Madrid. Parecía tener tiempo para todo.

«Tuve la gran suerte de ejercer como entrenador junto al recientemente fallecido Joaquín Plaza. A él le he tenido mucha admiración desde que fue mi entrenador y fue una de las personas que más influyó en que finalmente me dedicara a las ciencias del deporte», rememora Álvaro. «Joaquín ha sido un pionero en el entrenamiento de pelota a mano y esa motivación por hacer las cosas cada vez mejor en un entorno tan competitivo fue uno de esos alicientes».

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Trabajó con los mejores pelotaris riojanos de la época como Titín III, Capellán, los hermanos Merino, Gorka, Cecilio o Untoria. «No puedo estar más agradecido de poder haber trabajado con este plantel y de tenerlos como amigos». Pero también manifiesta que ha disfrutado mucho entrenando en el deporte base. «Es una etapa muy bonita y ver a los más peques crecer poco a poco como personas y deportistas es muy gratificante».

Dar superpoderes a los entrenadores gracias a la Inteligencia Artificial

Pero Moraza tenía inquietudes que iban mucho más allá. «Cuando estaba en la facultad solía sentarme con un compañero y comentábamos que faltaba ciencia y rigor en muchas de las aproximaciones que se hacían. Siempre he analizado con mente analítica buscando soluciones», explica. Y al seguir profundizando por su cuenta en la informática comprobó que cada vez tenía más sentido que el mejor modo de alcanzar avances en el mundo del deporte venía a través de «apalancarse» en los ordenadores, que «son capaces de hacer cómputos que multiplican el poder de la mente humana».

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«Si me preguntas cuál es mi profesión te diría que emprendedor e ingeniero deportivo», una reciente profesión que combina las diferentes ciencias que pueden ser aplicadas al deporte con el objetivo de generar nuevas soluciones. Y por ahí va esta historia.

Pero antes de llegar a EEUU, Moraza colabora como investigador en la UPV en dos proyectos de investigación en deportes acíclicos, uno sobre el rendimiento en fútbol y otro en pelota. El grupo de investigadores trabajó a partir de datos provenientes de GPS, cámaras, frecuencia cardíaca y software especializado. Fue un primer paso.

«Muchas de estas dimensiones que ahora mismo no se estaban controlando son las que provocan que unos deportistas rindan por encima de la media y se enganchen y sin embargo el 70% lo abandone para la edad de 13 años» explica. «Cuando se tienen 20 niños para entrenar, o 20 jugadores de élite, y cada uno tiene sus capacidades y necesidades y además el equipo como conjunto tiene las suyas propias los entrenadores nos vemos forzados a priorizar ¿Y qué ejercicios debería diseñar para darle a cada uno lo que más necesita? Un jugador necesita unas cosas, otro jugador otras, y todos son diferentes en todos los aspectos técnicos, tácticos, físicos, psicológicos… ¡Intenta cuadrar el puzzle!»

Y mucho más. «¿Qué contenidos se deberían trabajar antes y cuál después? ¿Y qué variables son las que tiene más relevancia en el rendimiento presente? ¿Y en el rendimiento futuro? ¿Y en qué momento?», se pregunta Moraza. «A los entrenadores se les asigna una tarea tan bastamente ardua y se les dota de tan poco medios que sería el equivalente a enviar a un astronauta a la luna con un bidón y un tirachinas».

«Todos los matemáticos han podido apoyarse en calculadoras para trabajar, los arquitectos e ingenieros en programas que les calculan muchas variables y dibujan sin tener que usar lápiz en planos de papel inmensos… Pero a los entrenadores, especialmente al amateur, la sofisticación le está llegando muy tarde y a cuentagotas», argumenta.

De ahí que su misión vaya encaminada a «dotar a esos entrenadores de las herramientas necesarias para abarcar dicho reto. Nosotros también queremos que los entrenadores tengan su propia NASA disponible, con sus superordenadores, programas informáticos, hardware… y de la manera más intuitiva posible».

«Además, en el deporte de élite se están invirtiendo cantidades ingentes de dinero en fichajes y, sin embargo, pensamos que podrían conseguirse mejores resultados haciendo una inversión más proporcionada en mejoras del entrenamiento. Si se tiene en cuenta la cantidad de valor que podría generarse al multiplicar, aunque sea sólo unas décimas porcentuales, el rendimiento de esos jugadores y equipos, no invertir supone claramente jugar en desventaja», resalta.

Sin embargo, ahora afortunadamente hay bastantes empresas compañeras desarrollando soluciones en la parte del análisis, «dotando de más inputs para este proceso y nosotros estamos haciendo lo propio en la parte de los outputs, el diseño y planificación de los entrenamientos».

Así impulsa una empresa de tecnología deportiva en colaboración con profesionales informáticos extremeños, universidades, centros de supercomputación, centros de innovación y aceleradoras como Nvidia Inception Program y Telefónica Open Future y sigue desarrollando sus capacidades en esta «vía de simbiosis entre las ciencias del deporte y la inteligencia artificial».

Lo hace estudiando matemáticas, programación e inteligencia artificial como «herramienta necesaria» para llegar al siguiente nivel, uniendo conocimientos y capacidades de las áreas del deporte, inteligencia artificial y negocios dando lugar a un perfil bastante singular.

De San Vicente de la Sonsierra a Silicon Valley por un sueño 4

Sede en Silicon Valley

Y en esas está ahora. En su empresa, Sukan Sport Technology SL, han realizado un proyecto de investigación denominado ‘Investigación y propuesta de un motor inteligente para la generación, evaluación, organización, simulación y representación de entrenamientos’, que ha sido financiado por la Junta de Extremadura y que tiene como objetivo «dotar de herramientas a los entrenadores, ayudándoles así a reducir las tasas de abandono del deporte base, incrementar el rendimiento en todos los niveles y a reducir los tiempos de planificación de los entrenamiento para poder así dedicar tiempo en otras tareas también muy relevantes para el rendimiento como la parte psicológica, preparar partido, fichajes».

Ahora, con el deseo de potenciar el proyecto, su equipo ha decidido abrir sede en Silicon Valley para poder buscar los apoyos necesarios para lanzar una tecnología única «con el deseo de tener tanto impacto como otras IAs que están revolucionando otros sectores». «Somos conscientes de que las grandes cosas se construyen aquí y nosotros estamos encantados de tener esta oportunidad».

«Si conseguimos dar una herramienta útil a los entrenadores para que ayuden a los 2.700 millones de deportistas de deportes acíclicos que hay en el mundo, y a los demás millones que disfrutan viéndoles, de modo que podamos tener nuevos y mejores deportistas de élite, incluso en las áreas con menos recursos del mundo, nosotros nos daremos por realizados», finaliza.

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