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Historias de Haro: la fuente de San Agustín o de las Monjas (I)

Todo comenzaría el domingo 20 de marzo, cuando los Maestros de obras municipales Nicolás Manzanos y Miguel Gómez presentarían un informe sobre la fuente en el que incluirían el mejor lugar para su emplazamiento
Lamentable aspecto que presenta actualmente el frontal de la fuente de San Agustín | Foto: Fernando de la Fuente

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En 1791, y a expensas de los fondos municipales de los que se tomarían 120.000 reales, se construiría, en el antiguo paseo del Espolón de la Vega, hoy calle del mismo nombre, la fuente denominada de San Agustín, de los cinco caños o de Las Monjas.

Todo comenzaría el domingo 20 de marzo, cuando los Maestros de obras municipales Nicolás Manzanos y Miguel Gómez presentarían un informe sobre la fuente en el que incluirían el mejor lugar para su emplazamiento. Proyecto que sería encargado al arquitecto vitoriano Justo Antonio Olaguibel que lo entregaría el lunes 25 de abril, siendo aprobado por la Academia de Bellas Artes el día 21 de junio.

Adecuación a gusto del vecindario

Sin embargo, finalizada su construcción no sería del agrado del Municipio, por lo que durante el año 1792 hubieron que invertirse otros 47.772 reales y 30 maravedíes para adecuarla a gusto del vecindario. Obras que serían realizadas por los canteros del sobrestante Mateo Garay, bajo la dirección del señor Olaguibel.

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En 1812 únicamente vertía agua por dos caños, encargándose de su arreglo Miguel Gómez, que al mismo tiempo recompondría las escaleras situadas a ambos lados. Siendo el maestro de obras Antonio Clemente Aguirre quien, el 27 de noviembre de 1856, se encargase de una completa restauración colocando nueva pila y los ornamentos de piedra en forma de jarrones que coronan su entorno.

El jueves 20 de agosto de 1863 para evitar el continuo deterioro del pavimento, se acordaría colocar una reja de hierro dulce sobre el mismo, trabajo que realizaría Blas Arizaga cobrando 48 reales por arroba de material utilizado. Este mismo año, el 7 de diciembre, se acordaría realizar obras para recuperar su caudal, ya que sus caños apenas vertían agua, decidiéndose, el 20 de febrero de 1864, que el Arquitecto de la provincia examinase la fuente. Actuación que conllevaría unos gastos de 6.000 reales, siendo el encargado de realizar la actuación Antonio Clemente Aguirre.

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Nuevos retoques en 1878

En 1878 sería el maestro cantero Marcelo Villar Delgado, quien realizase nuevos retoques, cobrando 139,50 pesetas por su trabajo.

Pese a todas estas composturas seguiría existiendo un problema que afectaba a la fuente, ya que siempre se anegaba con las aguas pluviales, siendo el cantero Cosme Larrea Turza quien, también en 1878, construyese una alcantarilla que partiendo de la calle Caba, hoy Ventilla, finalizase en la general de la calle San Agustín, hoy de la Vega. Trabajo que conllevaría a una fuerte polémica en la que intervendrían la Comisión municipal de obras, el Maestro de obras Juan García Ros y el Arquitecto vitoriano Pantaleón Iradier (TEMAS JARREROS II, pág. 273 y 274).

En 1894, tras las continuas quejas del vecindario y la visita de varios munícipes, Director de la Estación enológica señor Manso de Zúñiga y el Arquitecto municipal Luis Domingo de Rute, en la sesión celebrada el 1 de septiembre el edil Arturo Marcelino manifestaría que sus aguas, ciertamente, emitían mal olor, incidencia que hacía tiempo había sido denunciada por el vecindario. Anomalía que sería achacada a las filtraciones provenientes del lavadero de la Casa de Caridad, a los residuos de la fábrica de crémor de Díez Salazar y Cía. depositados en heredades próximas y a los pozos negros de la calle Marques de Francos, hoy Ventilla.

Y es que, lógicamente, al no extraerse las aguas del pozo del clausurado Balneario ubicado en la fábrica de jabón de los señores Landaluce y Francés, el agua buscaría salida a otras zonas, siendo el más perjudicado el manantial que surtía de agua a la fuente, ya que se encontraba, aproximadamente, a la misma profundidad, 23 pies, decidiéndose para su saneamiento, como única solución, el mayor aseo y limpieza de la zona para evitar las filtraciones de residuos nocivos, como había prescrito el Ingeniero de minas y Doctor en Geología Rafael Sánchez Lozano.

Cumplidos estos requisitos y para asegurarse de su potabilidad se ordenaría realizar análisis químicos en el laboratorio madrileño de los señores Bamy y Jautlson, siendo favorables y aceptados por la Junta de sanidad en la sesión celebrada el 15 de septiembre de 1894.

Pero no quedarían muy satisfechos los asiduos a la fuente, ya que en sesión celebrada el 20 de octubre de 1897 se encomendaría al Arquitecto municipal Juan Cabrera Latorre un exhaustivo trabajo para mejorar la calidad del agua.

Presentado y aprobado, se acordaría construir una alcantarilla entre las calles Marqués de Francos, hoy Ventilla, y el Cerrado de los Agustinos, hoy Avda. de La Rioja para mejorar el desagüe de las fábricas y la desaparición de pozos negros.

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