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El Conservatorio Lucrecia Arana de Haro sigue creciendo a pesar de la pandemia

El nuevo curso arranca con más matriculaciones con respecto al ejercicio anterior y las instalaciones se han mejorado notablemente con el acondicionamiento de la antigua sede del Círculo Católico que dota de 127 metros cuadrados más al centro
El nuevo curso arranca con más matriculaciones con respecto al ejercicio anterior y las instalaciones se han mejorado notablemente con el acondicionamiento de la antigua sede del Círculo Católico que dota de 127 metros cuadrados más al centro

El inicio del segundo cuarto de siglo le está sentando bien al Conservatorio Lucrecia Arana de Haro, tras el cierre pifiado del primero por culpa de la pandemia. Pero aún más el cumplimiento del acuerdo que la Consejería de Educación y el Ayuntamiento jarrero pactaron hace 9 años y que fue refrendado hace apenas dos semanas en un pleno municipal.

Y es que lo demuetran las cifras. Lo cuenta así el director del centro, Patxi Almenara: “Este año hemos tenido un 30 % más de matriculaciones que el curso pasado”. Fueron formalizadas durante los dos períodos establecidos para ello en junio y septiembre, al haber solicitado los directores de los conservatorios de La Rioja la apertura de un segundo plazo extraordinario para las preinscripciones.

Más matriculaciones que el curso pasado

De esta manera, el curso en Haro arranca con 140 alumnos y el cupo abierto “al cien por cien, y eso significa que ha crecido al mismo tiempo el número de titulados que salen del Conservatorio de aquí”, destaca Almenara. Todo esto anima a pensar en un futuro prometedor para este proyecto que surgió de la cabezonada del Consistorio, presidido en 1995 por Patricio Capellán y con el entonces concejal Pantaleón Olmos como firme propulsor de una iniciativa que sigue calando en la vida social y cultural de la ciudad jarrera.

El ranking de las especialidades por las que los formados muestran mayor interés se mueve en la misma dirección de siempre. “Las estrellas siguen siendo el piano y la flauta travesera. Muchos de los alumnos que optan por estos instrumentos vienen de fuera. Ya están en segundo, tercero y cuarto curso y se incorporan así al conservatorio”. Pero no es sólo eso. “Hay muchos otros instrumentos que son prácticametne desconocidos para el gran público cuando viene a matricular a sus hijos. De ahí que se lleve a cabo en un primer momento una labor de información sobre las características de todos ellos, su función dentro de la orquesta y de los grupos con los que se integran. Y lo hacemos con conciertos didácticos y educativos, y con presentaciones en colegios y salas que este año no se han podido realizar como en cursos anteriores, pero que han sido suplidas por otras vías, a través de grupos y también en redes sociales”, amplía Ainhoa Razkin Azkune, jefa del Departamento de Actividades Complementarias y Extraescolares del centro.

Pero el verdadero cambio, en cuanto al organigrama y funcionamiento diario del Conservatorio Lucrecia Arana se refiere a una deuda histórica con un ambicioso proyecto formativo que afronta ya su vigésimo sexto aniversario.

Mejora de las instalaciones

Se trata de la incorporación de la antigua sede del Círculo Católico que dota de 127 metros cuadrados más al centro, y con ello se dota de 18 aulas y 10 cabinas de estudio.

El Conservatorio Lucrecia Arana de Haro sigue creciendo a pesar de la pandemia 4

Porque si se compara con el curso anterior, supone que se ha crecido de manera sustancial tras la ampliación llevada a cabo en las últimas semanas y a contrarreloj. Hasta ahora, el personal del Conservatorio contaba con 14 aulas y utilizaba cuatro cabinas de estudio que “de ninguna manera estaban preparadas para la docencia en aulas”.

Ahora todo es distinto. Era una limitación considerable a la que se ha puesto ya solución definitiva. “Este año todo el profesorado da ya clases en aulas perfectamente acondicionadas y cuenta, además, con 10 cabinas de estudio adaptadas para ese fin. Eso sí, dadas las circunstacinas, cumpliendo además con todas las medidas de seguridad sanitarias que nos impone la situación actual”, y que, sin duda, han afectado a su dinámica diaria.

Medidas estrictas frente a la Covid-19

Así, “más allá de ajustarnos a las normas que se nos van transmitiendo desde la Consejería y que son conocidas por todo el mundo (controles de acceso con toma de temperatura, desinfección de zapatos y manos; uso de mascarillas y distanciamiento físico, diferenciación de pasos de subida y bajada en las escaleras; control de entrada en las aulas, definiendo zonas donde deben dejar los instrumentos y donde prepararlos; dinámica de traslado de una a otra clase; método de limpieza del instrumento, la silla y el atril utilizados)”. En definitiva, “muchas son las cuestiones que hay que tener en cuenta, pero el alumnado está respondiendo perfectamente. Sabe que son necesarias y los profesores también, Y, aunque ha cambiado de forma sustancial la situación, nos estamos adaptando a ella sin mayores problemas”, explican desde el centro.

Todo esto después del trabajo previo que se realizó de “forma intensiva” para reorganizar espacios, adecuar los horarios con entradas escalonadas y desdoblamiento de grupos, el establecimiento de tres franjas diarias de acceso a clase dependiendo, por otro lado, de la asignatura y de la duración de las mismas.

Así, a nivel organizativo, el claustro lleva de adelanto un mes de trabajo “realmente intenso”, asegura Razkin, que se ha ido desarrollando en paralelo a las obras de acondicionamiento de la antigua sede del Círculo Católico y la realización de cursos sobre la COVID-19 impartidos entre todo el personal del centro jarrero, y cuyos contenidos son trasladados también al resto de estamentos de la comunidad educativa. Fundamentalmente a los padres, con los que se mantendrá, señalan, un contacto “estrechísimo” a través de las redes, mediante videoconferencias y entrevistas por teléfono para hacerles llegar toda la información y ofreciendo “todas las explicaciones que requieran, como alternativa a la sustancial merma que va a experimentar la relación presencial”.

“Las audiciones es posible que se puedan realizar sin público, como se ha venido haciendo hasta el momento”. Aunque la dirección trabaja en la búsqueda de espacios alternativos que permitan programar conciertos en lugares abiertos o el Teatro Bretón, “siempre que la evolución de la epidemia lo permita y se cumpla con todas las garantías que se exigen, tanto para el público comp para los alumnos. Aún es pronto para poder hablar de ello con más concreción”, explica Almenara.

Por todo ello, el personal del Conservatorio Lucrecia Arana trabaja en clave de futuro y sobre un planteamiento de base: “La música es una herramienta educativa. Probablemente la mayor a la que hoy se pueda acceder. La educación del siglo XXI pasa por la formación musical, por un desarrollo emocional, social y pesonal, y por la neuroeducación y el uso de las nuevas tecnologías, como nos ha demostrado la llegada de esta epidemia”, reflexionan desde el centro. Un cuarto de siglo después, el Conservatorio de Música de Haro sigue pensando en crecer.

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