Debate necesario tras la crisis del coronavirus

El episodio que estamos viviendo no es el primero que deja al descubierto las evidentes imperfecciones y carencias del 'sistema' en diferentes ámbitos
Aplausos a los profesionales de la sanidad desde las ventanas en pisos de El Mazo de Haro.

Estamos viviendo unos días muy extraños, unos días que esperemos nunca se repitan. Nuestras calles desiertas no hacen sino motivar, configurar y confrontar dos escenarios domésticos contradictorios: la triste soledad soportada en algunos hogares frente al familiar bullicio reinante en otros.

Al margen de lo anterior, el tiempo transcurre como siempre pero no lo parece. Unos dirán que es como si su normal discurrir hubiere sido detenido por la ocurrencia de un maléfico episodio ajeno a la individual voluntad de cuantos conformamos el cuerpo social; otros dirán que simplemente hemos acabado encontrando algo que nos negábamos a aceptar -tan siquiera a imaginar-, pero que no deja de ser sino una consecuencia más de la aceptación generalizada de las reglas del modo de vida imperante, del “sistema”.

No es momento de debatir, sino de actuar aportando cuánto podamos

Sea como fuere, todos -solitarios y acompañados, sorprendidos y reafirmados- nos encontramos ante un episodio vital de incierto final, pero con final. No lo conocemos pero seguro que llegará. Y de eso se trata, de que llegue y cuanto antes mejor.

Del cómo llegar se encargan los correspondientes órganos del generalizadamente y para bien o para mal asumido “sistema”. No queda otra, por cuanto nuestra individual voluntad se encuentra integrada pero a su vez supeditada al mismo. A nosotros, a los de a pie, no nos toca ahora otra cosa que no sea aceptar sus directrices y cumplirlas a pies juntillas.

Ese cómo llegar lo estamos viendo en el día a día y sus frutos se nos continúan antojando amargos, muy amargos. Seguimos sin vislumbrar la luz al final del túnel y, aun admitiendo una serie aparentemente inacabable de pautas que llegan incluso a producir un innegable menoscabo de una serie de derechos individuales que antes hubiéramos considerado inaceptable, debemos continuar conformando ese cuerpo social compacto capaz de alcanzar cuanto antes el final de este incierto episodio. Éste no es momento de debatir, sino de actuar aportando cuánto podamos: lo mejor de nosotros.

Las economías siempre resultan susceptibles de ser rescatadas, pero las vidas no

Eso sí, una vez llegado ese final resultaría conveniente que, tras un profundo y calmado análisis de lo sucedido, se llevara a cabo de una vez por todas en la sede de nuestro cuerpo social, un profundo debate en torno a la idoneidad -e incluso en algunos casos en torno a la moralidad- de la escala de valores vigente y sostenida por el “sistema”. El episodio que estamos viviendo no es el primero que deja al descubierto sus evidentes imperfecciones y carencias en diferentes ámbitos (recuérdese por su proximidad en el tiempo la última crisis que, con inicio en el año 2008, aún continúa en fase de dolorosa cicatrización).

En relación a ese necesario replanteamiento y como algo tan obvio que el simple paso del tiempo ha puesto de manifiesto, deberían ser tenidas en cuenta dos evidencias innegables por constatadas (experiencias): una es que el engranaje económico del “sistema” siempre acaba rehaciéndose en claro beneficio de sus rectores y a costa de los padecimientos del cuerpo social; y la otra es que las economías siempre resultan susceptibles de ser rescatadas, pero las vidas humanas no.

Víctor Rosales

  • Si quieres expresar tu Opinión, puedes enviarnos tu Artículo a través de nuestro correo electrónico info@harodigital.com o a través de nuestro WhatsApp 681 187 817. Valoraremos su publicación.

Comentarios