Ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Sundance y elogiada en el pasado Festival de San Sebastián, ‘Padre nuestro’ se sustenta sobre todo en el buen trabajo de su trío protagonista (Jesús Ochoa, Armando Hernández y Jorge Adrián Espínola) y en una buena historia escrita y dirigida por el debutante Christopher Zalla. Tras los atentados del 11-S, Zalla tuvo la necesidad de redactar un guión que tuviera como protagonista la ciudad que lo había adoptado: Nueva York.
Nacido en Kenia, Zalla fue desde carpintero hasta pescador de salmón en Alaska, y vivió en Bolivia y en España antes de decidir dar el gran salto. Cuando llegó a la mayoría de edad, el joven Christopher hablaba tres idiomas, había estado en 13 colegios y había vivido en 21 casas. “Cada vez que me mudaba era más consciente de la existencia de fronteras. Siempre fui extranjero en suelo extranjero”, dice Zalla. Y su ópera prima se acerca peligrosamente a sus palabras.
Pedro (Espínola), un chico mexicano, se monta en un trailer que lleva inmigrantes a Nueva York. En el trayecto conoce a Juan (Hernández), al que le cuenta el motivo de su viaje: conocer a su padre (Ochoa) que ha montado un conocido restaurante en La Gran Manzana. Cuando despierta al día siguiente, todo lo que poseía Pedro para identificarse ante su padre ha desaparecido.
Entre las treinta personas que participaron en el rodaje de ‘Padre nuestro’ hay veinticinco nacionalidades distintas. Un ejemplo más de que actualmente las fronteras y las vallados ya no significan casi nada.





