Trepidante Bourne


Con ‘El ultimatum de Bourne’, muchas de las claves de los anteriores filmes quedarán por fin resueltas. Habíamos visto al protagonista salir de la amnesia, descubrir sus dotes como máquina de matar y comenzar una cruzada personal contra aquellos que lo habían entrenado. Ahora sabremos quién es en realidad. Su verdadera identidad. «Sabremos cómo Jason Bourne llegó a convertirse en Jason Bourne», explica el director Paul Greengrass.

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El autor de ‘Domingo sangriento’ y ‘United 93’ le dio otro aire a lo ofrecido por Doug Liman en el primer Bourne. El estilo de Greengrass es lo más parecido al del desaparecido John Frankenheimer, director de títulos tan bien resueltos como ‘Ronin’ y ‘Siete días de mayo’. Tiene su mismo sentido de la acción y del ritmo, capaz de realizar un filme trepidante, pero sin caer en los excesos pirotécnicos de otros.

Inspirada –que no basada– en las novelas del ya fallecido Robert Ludlum, la que podría ser última aventura de Bourne cuenta con dos platos fuertes de los que hacen afición. Dos secuencias de aúpa. Acción a la antigua usanza. Si Greengrass ya ofreció en ‘El mito de Bourne’ una soberbia secuencia final en la que él mismo se jugó el tipo para rodarla, ahora pica aún más alto. Otra tremenda persecución rodada en seis semanas para la que tuvieron que cerrar la 7ª Avenida neoyorquina y en la que se utizaron seis 4×4 y diez turismos Chrysler que destrozararon sin pestañear. La secuencia recuerda a la que ya dirigiera en Moscú y ofrece un realismo que sobrecoge, ideal para ilustrar alguna campaña de la DGT. El otro atractivo de la cinta es otra persecución, primero en moto y luego a pie, por las azoteas y suburbios de Tánger que a uno le deja sin aliento. El espectador se mete en la piel de Bourne esquivando tendederos y saltando de balcón a balcón. Greengrass recurrió para rodar estas escenas a la ‘cámara al hombro’ (con ‘steady cam’ o sin ella), pero no como simple recurso, sino para otorgar mayor realismo a la acción, algo que ya consiguieron títulos como ‘Salvar al soldado Ryan’ y la serie televisiva ‘24’ con el mismo sistema. Y es que si algo ha hecho de la saga Bourne una de las más atractivas es su apuesta por dotar de realismo al relato. Aquí la acción tiene sus consecuencias. A Bourne lo veremos sangrar, curarse heridas de bala y gesticular de dolor.

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